MEMORIA VISUAL SAHARAUI | La resistencia también se viste de melfa, se reúne en la jaima y se transmite a los niños

MEMORIA VISUAL SAHARAUI | La resistencia también se viste de melfa, se reúne en la jaima y se transmite a los niños

Carlos Cristóbal – Fotografías para entender el Sáhara Occidental

Los juegos heredados de los mayores también forman parte de la memoria de un pueblo.

Hay fotografías que vuelvo a mirar una y otra vez. No porque sean las mejores que he tomado, sino porque cada vez que aparecen en la pantalla me recuerdan algo importante: la resistencia de un pueblo no siempre hace ruido.

Cuando viajo a los campamentos saharauis suelo fijarme en pequeños detalles que podrían pasar desapercibidos. Una anciana ajustándose la melfa antes de una celebración. Un grupo de hombres concentrados alrededor de un juego tradicional dibujado sobre la arena. Unos niños vestidos como sus mayores mientras participan en una fiesta popular. Personas que conversan bajo una jaima como si el tiempo no hubiera cambiado ciertas costumbres esenciales.

Después de tantos años de exilio, podría pensarse que muchas de esas tradiciones se habrían ido perdiendo. Sin embargo, ocurre justamente lo contrario. En los campamentos he comprobado que la identidad saharaui se cuida con un cariño especial, casi como si cada gesto cotidiano fuera también una manera de proteger la memoria de un pueblo que sigue esperando regresar a su tierra.

La identidad saharaui no se conserva en los libros: camina, conversa y se celebra cada día.

Por eso estas imágenes no hablan solo de ropa tradicional o de celebraciones. Hablan de una forma de entender la vida. La melfa, el daraa, la hospitalidad, los juegos heredados de generación en generación, las reuniones familiares o el protagonismo de las personas mayores forman parte de un patrimonio vivo que continúa transmitiéndose con naturalidad.

Siempre me ha llamado la atención el papel de los mayores. Sentados a la sombra de un muro o junto a una bandera saharaui, parecen custodiar una memoria que se niega a desaparecer. Y, al mismo tiempo, los niños observan, participan y aprenden, incorporando esas costumbres como algo propio, sin necesidad de grandes discursos.

También las celebraciones cumplen una función que va mucho más allá del entretenimiento. En ellas se mezclan música, poesía, vestimenta tradicional, encuentro y comunidad. Son momentos en los que el pueblo saharaui reafirma quién es y mantiene vivos unos vínculos culturales que el exilio no ha conseguido romper.

Cada generación recibe el legado de la anterior y lo mantiene vivo con naturalidad.

Con frecuencia se habla de la resistencia saharaui pensando únicamente en la política, en la diplomacia o en el conflicto. Pero yo creo que existe otra resistencia igual de importante y quizá menos visible: la de seguir viviendo como saharauis, conservar las tradiciones, enseñar a los más jóvenes el legado recibido y negarse a que el paso del tiempo diluya una identidad construida durante generaciones.

Por eso quería compartir estas fotografías. Porque cada una de ellas me recuerda que un pueblo no solo se defiende reivindicando sus derechos. También se defiende conservando su cultura, hablando su lengua, reuniéndose alrededor de una jaima, vistiendo sus prendas tradicionales y transmitiendo a los niños una forma de estar en el mundo que ni el exilio ni los años han conseguido borrar.

Y quizá esa sea una de las lecciones más hermosas que he aprendido en el Sáhara: que la identidad también puede ser una forma silenciosa de resistencia.