
Las votaciones del 30 de octubre dejaron dos proyectos de resolución rechazados y un Consejo de Seguridad profundamente dividido. Pero las intervenciones de sus miembros revelaron algo de mayor alcance: la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental sigue siendo objeto de desacuerdo, el derecho de autodeterminación continúa en el centro del debate y hasta algunos países que respaldaron el proyecto estadounidense dejaron claro que su voto no equivalía a reconocer la soberanía de Marruecos sobre el territorio.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas vivió este viernes una jornada excepcional. Rusia vetó el proyecto estadounidense sobre el Sáhara Occidental, que obtuvo once votos favorables y tres abstenciones. Posteriormente, la propuesta alternativa presentada por Moscú recibió únicamente tres votos favorables, once abstenciones y el voto contrario de Estados Unidos, por lo que tampoco fue aprobada. Sin embargo, reducir lo ocurrido a un enfrentamiento entre Washington y Moscú sería quedarse en la superficie. Las explicaciones de voto mostraron que el verdadero desacuerdo afecta a cuestiones fundamentales: quién puede decidir la soberanía del territorio, qué significa realmente la autodeterminación y si unas negociaciones pueden comenzar imponiendo de antemano la autonomía bajo soberanía marroquí como única base posible.
La intervención del representante ruso, Vasili Nebenzia, fue especialmente contundente. Moscú rechazó que el Consejo pudiera convertir la autonomía marroquí en el marco exclusivo de negociación, dejando de lado la propuesta presentada por el Frente POLISARIO en 2007 y las resoluciones anteriores de Naciones Unidas. Nebenzia recordó que el Consejo de Seguridad no puede determinar automáticamente cuestiones de soberanía ni apartar el Sáhara Occidental de la agenda de descolonización. También cuestionó la imparcialidad de Estados Unidos como responsable habitual de redactar las resoluciones sobre el territorio, teniendo en cuenta su reconocimiento de la soberanía marroquí. Para Rusia, eliminar la palabra «referéndum» de la denominación de la MINURSO tampoco era un simple cambio administrativo, sino una modificación cargada de significado político para una misión creada en 1991.
China, que se abstuvo en la votación del proyecto estadounidense, expresó objeciones igualmente significativas. Su representante sostuvo que el texto no se apoyaba adecuadamente en el marco de resoluciones anteriores, no atendía de manera equilibrada las preocupaciones de las partes y presionaba a una de ellas para aceptar un resultado negociador predeterminado. Pekín cuestionó también la falta de tiempo para alcanzar un acuerdo mediante consultas. Su abstención no fue, por tanto, una aceptación sin reservas de la iniciativa estadounidense. La crítica china apuntaba precisamente al elemento más controvertido del proyecto: presentar unas negociaciones cuyo resultado político quedaba limitado de antemano.
Una de las declaraciones más reveladoras fue la de Dinamarca, precisamente porque había votado a favor del proyecto estadounidense. Su representante pidió a Marruecos que aclarara cómo funcionaría su propuesta ampliada de autonomía y de qué manera permitiría a la población saharaui ejercer significativamente el derecho de autodeterminación. Pero añadió una precisión fundamental: el voto favorable danés no constituía un reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. El estatuto definitivo del territorio, señaló, debía determinarse mediante negociaciones entre las partes conforme a la Carta de Naciones Unidas y al principio de autodeterminación. Una declaración que impide presentar los once votos favorables al texto estadounidense como once reconocimientos de la soberanía que reclama Marruecos.
La intervención de Argelia añadió una dimensión histórica, política y humana al debate. Aunque no forma parte actualmente del Consejo, su embajador, Amar Bendjama, pudo dirigirse a sus miembros y recordó la responsabilidad de Naciones Unidas ante una descolonización que permanece pendiente. Cuestionó el fundamento jurídico de la propuesta estadounidense y rechazó que pudiera imponerse una solución previa al Frente POLISARIO. Su pregunta fue especialmente directa: si el referéndum constituye un procedimiento democrático y transparente, ¿por qué se teme recurrir a él? Bendjama recordó además que Argelia acoge desde hace más de cincuenta años a refugiados saharauis, cuyas vidas y derechos no pueden reducirse a una cuestión estadística o humanitaria. Ninguna fórmula política, vino a recordar, puede sustituir el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.
Estados Unidos defendió una interpretación muy diferente. Su embajador, Michael Waltz, sostuvo que la autodeterminación puede expresarse mediante distintas fórmulas y cuestionó que se mantuviera la referencia al referéndum en el nombre de una misión que Naciones Unidas lleva décadas sin preparar para celebrarlo. Washington presentó su proyecto como un intento de superar una situación prolongada durante medio siglo y abrir una nueva etapa política. El Reino Unido respaldó esa posición incluso después de las votaciones. Su representante defendió que las nuevas negociaciones deberían tomar como referencia el proyecto estadounidense, recordando sus once votos favorables, y advirtió de las consecuencias del vencimiento del mandato de la MINURSO el 31 de octubre. El fracaso de la resolución no había modificado, por tanto, la orientación que Londres y Washington pretendían dar al proceso político.
Las intervenciones dejaron al descubierto diferencias que no pueden reducirse a una simple división entre países favorables y contrarios a Marruecos. Rusia cuestionó la transformación del marco de descolonización y la imparcialidad del procedimiento seguido; China rechazó que se presionara hacia un resultado predeterminado; Dinamarca distinguió expresamente entre respaldar una resolución y reconocer una soberanía; Argelia reivindicó el referéndum y recordó las responsabilidades históricas de Naciones Unidas; mientras Estados Unidos y el Reino Unido defendieron una salida política centrada en la autonomía marroquí. Son posiciones distintas, algunas abiertamente enfrentadas, pero su contraste demuestra que el futuro del Sáhara Occidental sigue abierto en sus aspectos esenciales.
El 30 de octubre dejó también una consecuencia inmediata: ninguno de los proyectos consiguió renovar el mandato de la MINURSO antes de su vencimiento previsto para este sábado. Pero esa situación no debe ocultar el significado político de lo sucedido. El proyecto estadounidense, que pretendía convertir la autonomía marroquí en la única base de negociación y eliminar la referencia al referéndum del nombre de la misión, no consiguió convertirse en resolución. Y las explicaciones de voto mostraron que incluso entre quienes lo apoyaron existían posiciones diferentes sobre la soberanía del territorio y las condiciones necesarias para garantizar la autodeterminación.
El significado de la jornada también se reflejó en las reacciones fuera del Consejo de Seguridad. Mientras en los campamentos de refugiados saharauis se celebraba el veto ruso al proyecto estadounidense, el Gabinete Real marroquí interpretaba la falta de renovación de la MINURSO como el final de una etapa de 35 años y reclamaba la retirada de la misión del territorio. Rabat fue incluso más lejos al pedir que el Consejo de Seguridad dejara de ocuparse de la cuestión del Sáhara Occidental. Dos reacciones profundamente contrapuestas: para los saharauis que celebraban en los campamentos, el proyecto estadounidense había quedado bloqueado; para Marruecos, la ausencia de una nueva resolución debía servir para poner fin a la presencia internacional de la MINURSO y cerrar el tratamiento de la cuestión en Naciones Unidas.
La jornada no resolvió el futuro del Sáhara Occidental, pero impidió que el Consejo de Seguridad diera por resuelto de antemano aquello que corresponde decidir al pueblo saharaui. El territorio continúa pendiente de descolonización, y ninguna mayoría diplomática, por amplia que sea, puede confundirse automáticamente con el reconocimiento de una soberanía ni sustituir el derecho de su población a decidir libremente su futuro. Esa es una de las conclusiones políticas fundamentales del 30 de octubre de 2026.
LA LECTURA DEL DÍA – Carlos Cristóbal – NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
La reacción en los campamentos saharauis. Las celebraciones registradas tras el veto ruso reflejan la importancia que tuvo entre la población refugiada el rechazo del proyecto estadounidense sobre el Sáhara Occidental.
🔴⚡️ ÚLTIMA HORA
¡Sucede ahora! :Grandes celebraciones en los campamentos de refugiados saharauis 🇪🇭 tras el #veto_
ruso al proyecto de resolución estadounidense sobre el Sáhara Occidental
#Sáhara_Occidental https://t.co/2fOrcUNVx4— ECSaharaui (@ECSaharaui__) October 30, 2026
HISTORICO | Desde la sede de la ONU en Nueva York, el embajador de la República Saharaui y el POLISARIO @SidiOmarNY lanza un mensaje claro a su pueblo, arropado por decenas de embajadores de distintas naciones.
“Hoy nuestro pueblo ha tumbado una conspiración marroquí contra nuestro derecho a la autodeterminación”
— Taleb Alisalem (@TalebSahara) October 30, 2026
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