La celebración de la Seafood Expo Global en Barcelona vuelve a poner de relieve una realidad incómoda: el expolio de los recursos del Sáhara Occidental no solo continúa, sino que encuentra espacios de normalización en el propio territorio europeo.
Según diversas informaciones publicadas en la prensa española, varias empresas presentes en la feria operan en ciudades del Sáhara Occidental ocupado, como El Aaiún o Dajla, aunque sus productos se comercializan bajo la etiqueta de Marruecos. Se trata, en muchos casos, de pescado y marisco —sardinas, caballa, pulpo— extraídos de aguas que no forman parte del territorio marroquí según el derecho internacional.

Una práctica contraria al derecho internacional
La jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha sido clara en este punto: el Sáhara Occidental es un territorio “separado y distinto” de Marruecos, y cualquier actividad económica en él requiere el consentimiento del pueblo saharaui.
Sin embargo, la presencia de estas empresas en una feria internacional celebrada en Europa muestra hasta qué punto estas decisiones judiciales quedan, en la práctica, sin aplicación efectiva. La comercialización de recursos saharauis como si fueran marroquíes no solo es engañosa, sino que vulnera el principio de soberanía permanente de los pueblos sobre sus recursos naturales.
Una estrategia de legitimación
La participación de empresas vinculadas al Sáhara Occidental en este tipo de eventos no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia más amplia orientada a consolidar la ocupación mediante la integración económica del territorio.
Atraer empresas extranjeras, facilitar inversiones y normalizar la actividad comercial en el Sáhara Occidental permite generar una red de intereses económicos que, con el tiempo, actúa como un factor de estabilización de la ocupación. Cuantos más actores económicos estén implicados, mayores serán las resistencias a cualquier cambio que altere esa situación.
La responsabilidad europea y española
El hecho de que esta dinámica se desarrolle en el marco de una feria celebrada en Barcelona introduce una cuestión adicional: la responsabilidad de las instituciones europeas y de las autoridades españolas.
Permitir la presencia de empresas que operan en un territorio pendiente de descolonización, y que presentan sus productos como marroquíes, contribuye a normalizar una situación que el propio derecho internacional no reconoce. No se trata únicamente de una cuestión comercial, sino de coherencia jurídica y política.
Conclusión
Lo que ocurre en la Seafood Expo Global no es un episodio aislado, sino un ejemplo visible de un problema más amplio: la distancia entre el derecho internacional y su aplicación efectiva.
Mientras el Sáhara Occidental siga siendo un territorio pendiente de descolonización, cada espacio en el que se normaliza la explotación de sus recursos sin el consentimiento de su pueblo refuerza una dinámica que prolonga el conflicto.