Sáhara Occidental. La guerra silenciada. | Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Sáhara Occidental. La guerra silenciada. | Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro

 

 
En los medios de comunicación poco y nada se dice que en el Sáhara Occidental, a lo largo de los muros defensivos construidos por el ocupante marroquí, se libran choques armados de distinta intensidad. La crisis COVID 19, y el apoyo velado de Estados Unidos y Francia, garantiza que Rabat mantenga la ocupación militar de gran parte del Sáhara Occidental y viole sistemáticamente los Derechos Humanos. Ante este callejón sin salida, el liderazgo de la República Saharaui decidió retornar a las armas. 
 
Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro
Director de Diario El Minuto para Argentina   
 
Buenos Aires (ECS). – Quienes nos hemos dedicado al conflicto saharaui, veníamos diciendo que el Plan de Arreglo de 1991, estaba herido de muerte desde el principio. La Misión de Naciones Unidas, la MINURSO, sin facultades para monitoreo de Derechos Humanos y con medios exiguos, apenas podía hacer algo frente a la potencia ocupante, que puso todo tipo de obstáculos. El caso del Sahara Occidental, es un claro ejemplo de la más cruda visión de “realpolitik”. Estados Unidos, Francia y en menos medida España, apostaron por el actor más fuerte, Marruecos. El conflicto del Sáhara Occidental, para monarquía alauita es una causa nacional, lo que le permite al régimen encontrar una buena excusa para acallar voces discordantes y mantener al rey como árbitro de la política marroquí.  Asimismo, el expolio de recursos financia la economía marroquí, de por sí con serios problemas de subdesarrollo, y afectada por un enorme gasto militar, en su competencia por la primacía sobre el Magreb frente al vecino argelino.
 
Marruecos, ha tenido una hábil política exterior, apoyada por Francia, país, que por medio de esta particular alianza, mantiene su presencia y cierta influencia en África, particularmente en los países francófonos, que fueron alguna vez parte de su imperio colonial. Situación que está en entredicho, ante las intervenciones fracasadas en Malí, República Centroafricana, donde los europeos pierden terrenos frente a China, y en menor medida Rusia.  Es por ello que Rabat es una pieza clave para los intereses franceses en la región, dado que la influencia de París, es cada vez más reducida.
 
La ocupación del Sáhara Occidental, sin ninguna duda beneficia a poderosos intereses vinculados con el fosfato, que gracias a las grandes reservas saharauis, Marruecos es un proveedor de primer nivel para este mineral, clave para la producción de fertilizantes, y por ende para la agricultura a nivel global. La comercialización e industrialización del mineral, recae en manos de poderosas multinacionales, especialmente de Estados Unidos y Europa. El rico banco pesquero, también es de interés, especialmente para la Unión Europea. Esto ha sido una poderosa arma de presión por parte de Rabat a la hora de negociar con el citado bloque, sobre acuerdos comerciales.
 
El mantenimiento de una situación de conflicto, que obliga a Marruecos a mantener un poderoso dispositivo militar en las zonas ocupadas, esto demanda un fuerte gasto militar, agregándose la compleja relación que tiene Rabat con Argelia, que existen conflictos territoriales no resueltos desde tiempos de la independencia de ambos países. Esto genera un lucrativo mercado para la industria de armamento occidental, especialmente francesa, como también de Estados Unidos, y en menor medida de otros países occidentales. El patrocinador de este gasto creciente, ha sido históricamente Arabia Saudita, en el marco de una política de convertirse en un actor clave del mundo árabe, extendiendo su influencia político – religiosa, gracias a su abultada chequera. Asimismo, el financiamiento de regímenes conservadores como la monarquía alauita, es un freno para cualquier intentona democrática o republicana, que es vista como un serio riesgo para el régimen autoritario de la dinastía Saudita. En el pasado, movimientos progresistas y nacionalistas como el Frente POLISARIO, eran vistos como verdaderos enemigos, a la visión política que tenía el régimen de Riad, temeroso siempre de caer engullido en una revolución, como ocurrió con Irán.
 
España ha sido un actor permeable a las presiones marroquíes. Posiblemente el fantasma de una guerra, sea vista como un escenario catastrófico, donde el “aliado” francés en la OTAN, tenga un doble juego siempre en desmedro de los intereses españoles. Los gobiernos que se han sucedido desde el abandono del Sahara, en 1976, han tenido una política de apaciguamiento, ya sea por medio de acuerdos comerciales, diálogo bilateral, y venta de equipo militar. Rabat leyó esta política, como un gesto de debilidad – que lo es por cierto – y por medio de una serie de incidentes muy medidos, ha logrado siempre obtener ventajas. La cuestión migratoria es una poderosa arma que tiene el régimen marroquí, para presionar a Europa. El resultado siempre es obtener ayudas millonarias, que sin ninguna duda debe ser repartidos entre marroquíes y europeos, bajo la excusa de financiar programas de seguridad y control migratorio. No en vano, Marruecos ha estado interesado en controlar el paso de Guerguerat, una hábil maniobra geopolítica, destinada a concentrar el comercio de los países del Sahel, a través de la zona ocupada, con su impacto en la economía y de alguna manera también, tener una puerta de acceso segura para millares de emigrantes africanos que sueñan con una vida mejor en Europa, sin saber que serán moneda de cambio del régimen alauita. Para los saharauis, el control de dicho paso, implicaba nada menos que proyectar la presencia marroquí sobre La Güera y el franja de amortiguación, prevista en los acuerdos de paz, que están controlados por la República Saharaui. La debilidad mauritana y la imposibilidad desde el punto de vista militar, dado que un ataque saharaui a escala, era improbable de ocultarse, impidieron una acción contundente para la política de hechos consumados de Rabat. Por ende ante estos actos, y la indiferencia de la comunidad internacional, no quedaba otra opción que escalar el conflicto, por parte de la República Saharaui.
 
El ingreso de Marruecos en la Unión Africana (UA), sin ninguna duda respondía aislar a la República Saharaui, y sacarla del único foro internacional que es parte.  De esta manera se buscaba negar su existencia como estado y de esta manera sostener el discurso que el Frente POLISARIO, como un “invento argelino”. La maniobra no ha resultado exitosa, la República Saharaui, continúa siendo parte de la UA, pero fuera de África, Rabat ha tenido una política destinada a bloquear cualquier reconocimiento de la República Saharaui, y esta ha sido exitosa. Esto lo hemos observado directamente en América Latina, donde personajes locales, se han convertido en defensores de la tesis marroquí, dejando de lado la vieja tradición de los países de la región de apoyar a los pueblos sometidos a dominación colonial.
 
La parálisis del proceso de paz, donde el veto francés, garantiza el status quo, la debilidad de España (potencia administradora de iure) en relación a Marruecos, dejó pocas opciones al liderazgo saharaui, que escalar el conflicto, para evitar un mayor fortalecimiento de la presencia marroquí en las zonas ocupadas. La apertura del paso de Guerguerat, fue una señal clara, unido a la apertura de consulados en la zona ocupada, por parte de algunos estados africanos, en un intento de legitimar la ocupación militar del Sahara. Pero algo que realmente fue perjudicial para los intereses saharauis, fue la decisión del entonces presidente estadounidense Trump, de reconocer la ocupación marroquí del Sahara, a cambio de normalizar relaciones con Israel. El cambio de gobierno de Estados Unidos, de la mano de Joe Biden, fue un retorno a una política más tradicional, en materia exterior, y la idea disparatada de Trump, quedó por lo menos en un segundo plano. No obstante ello, desde la Casa Blanca, no se hace absolutamente nada, para impulsar un proceso de paz duradero en el Sahara.
 
La pandemia del COVID, significó un nuevo contratiempo para los saharauis, que se vieron privados de la presencia de cooperantes, de ayuda externa vital en los campos de refugiados. La presencia de grupos radicalizados operando en la zona del Sahel Sahara, es otro ingrediente, que posiblemente el liderazgo saharaui evaluó, al tener bajo su ala, a miles de jóvenes descontentos por años de olvido y postergación. El avance del tribalismo, la posibilidad de una infiltración salafista, fue un llamado de atención. Había que recuperar el consenso histórico que tuvo el POLISARIO entre los saharauis. El retorno a las armas, es una justificación para aglutinar al pueblo en una causa común nuevamente.
 
La asimetría de los adversarios es notable. Marruecos cuenta con cien mil efectivos desplegados a lo largo de los muros defensivos, que funcionan como una red de alerta, para avisar cualquier intento de infiltración. Llegado el caso equipos de combate mecanizados con apoyo aéreo cercano, destinados aniquilar cualquier intento de ataque a los muros. Las fuerzas marroquíes cuentan con un gran poder de fuego y armamento moderno, además del apoyo de Estados Unidos y Francia en la preparación para el combate. Pero el talón de Aquiles, es no tener estado mayor conjunto, lo que afecta al planeamiento, y las prerrogativas reales sobre la conducción militar, limitan el margen de maniobra de los profesionales de armas en la toma de decisiones y planificación operativa. La República Saharaui, tiene un ejército, pensado para llevar a cabo acciones de guerra irregular, combinado con pequeñas operaciones convencionales. Sus cuadros y tropas, están adaptados a la guerra en el desierto y la profundidad estratégica, la brinda la inmensidad del Sahara. A diferencia de sus adversarios marroquíes, los mandos militares saharauis, cuentan con amplia libertad de acción, y existe una cadena de mando bien articulada. Sin ninguna duda la creciente hostilidad entre Maruecos y Argelia, facilita a los saharauis, la posibilidad de llevar a cabo acciones militares limitadas contra posiciones defensivas marroquíes.
 
Rabat guarda silencio sobre el conflicto, mantiene una postura defensiva, seguramente para no entrar en provocaciones con su poderoso vecino argelino, y también una reacción negativa de Mauritania, que a pesar de su neutralidad, observa con preocupación las ambiciones marroquíes (no en vano Nuakchot, se acercó a China, país que tiene crecientes intereses en Mauritania). Los graves incidentes en mayo de 2021, con millares de inmigrantes invadiendo las calles de la ciudad española de Ceuta, son un mensaje encubierto de Marruecos, para evitar que España tome cualquier postura, por mínima que sea favorezca a los saharauis. El gobierno español, muy golpeado por una mala gestión sanitaria, fuertes tensiones políticas y económicas, está en una situación vulnerable y Rabat aprovecha para presionar aún más, y obtener mayores concesiones políticas. No cabe duda que la gran ambición sea anexar Ceuta y Melilla, pero existen poderosos intereses en el Estrecho de Gibraltar, que no están interesados en que exista un actor que ejerza un control pleno de una de las riberas de dicha área.  Por ende, esta vieja aspiración tendrá que esperar, pero la presión no cesará.
 
Los saharauis apuestan al conflicto armado, pero a una escala manejable, para ser tenidos en cuenta en el escenario internacional, consolidar su propio frente interno, y disuadir cualquier acción sobre las zonas liberadas por parte de Marruecos. Sea como fuera algo pasa en el Sahara, que Marruecos quiere silenciar. A pesar del discurso oficial, la pandemia tiene su impacto en la economía del país, de por sí con un alto nivel de desempleo juvenil, y una situación social para nada halagüeña, lo que genera temores, de radicalización. Recordemos que miles de marroquíes marcharon a Siria e Irak para ser parte de la aventura criminal del Estado Islámico. Estos salieron de las barriadas pobres de las grandes ciudades.
 
Mientras el mundo busca salir de la pesadilla del COVID, que parece no tener fin. En el norte de África, los saharauis, libran una guerra silenciada, por su propia existencia como nación.
 

Origen: Análisis | Sáhara Occidental. La guerra silenciada.