Sáhara Occidental: lo que hay que saber hoy (30 de abril de 2026)

Hoy, 30 de abril de 2026, la actualidad del Sáhara Occidental confirma un patrón que se repite con cada vez más claridad: el conflicto se mueve en múltiples frentes —político, diplomático, jurídico y social—, pero sigue sin avanzar hacia una solución real. Las últimas horas han dejado señales relevantes en todos esos niveles.

En el plano político y jurídico, varias organizaciones saharauis han pedido al Gobierno español que incluya a las víctimas saharauis del franquismo en la Ley de Memoria Democrática, reabriendo un debate de fondo sobre la responsabilidad histórica de España y la ausencia del Sáhara Occidental en las políticas públicas de memoria. Al mismo tiempo, el testimonio del primer ministro saharaui, Bucharaya Hamudi, desde los campamentos, vuelve a situar en el centro una idea clave: el problema no es la falta de propuestas, sino la falta de voluntad para aplicar el derecho internacional y cerrar un proceso de descolonización que sigue pendiente.

En paralelo, la situación sobre el terreno mantiene su dimensión más dura. El preso político saharaui Naâma Asfari ha iniciado una huelga de hambre en la prisión de Kénitra para exigir el cumplimiento de las recomendaciones de la ONU sobre su detención, en un contexto en el que las denuncias sobre condiciones de detención y vulneraciones de derechos humanos continúan sin una respuesta efectiva por parte de la comunidad internacional.

Junto a ello, el FiSahara 2026 sigue funcionando como un espacio de visibilidad internacional para la causa saharaui. Más allá de su dimensión cultural, el festival refuerza este año el foco en el derecho al retorno y en la conexión con otras luchas internacionales, ampliando su alcance político y simbólico en un momento en el que la cuestión saharaui vuelve a buscar espacio en la agenda global.

Por último, en el plano regional, la elección de un representante argelino al frente del Parlamento panafricano introduce un elemento adicional en el contexto africano. En un escenario marcado por movimientos diplomáticos y reposicionamientos internacionales, estos cambios reflejan que el conflicto del Sáhara Occidental sigue estando presente, aunque sin traducirse en avances concretos hacia su resolución.