Sáhara Occidental | ¿Quién pierde realmente con la desaparición de la MINURSO?

Observadores militares de la MINURSO durante una patrulla en el Sáhara Occidental. La desaparición de la misión pone fin a 35 años de presencia internacional sobre el terreno, sin que se haya celebrado el referéndum de autodeterminación previsto.

La desaparición de la MINURSO, después de 35 años sin organizar el referéndum de autodeterminación para el que fue creada, abre un escenario mucho más complejo de lo que sugieren las celebraciones de Marruecos. Rabat pierde también un mecanismo internacional que contribuyó a estabilizar su presencia en el territorio ocupado, mientras el Frente POLISARIO deja atrás una misión que no cumplió su mandato, pero pierde observadores sobre el terreno. Sin esa vigilancia, aumentan los riesgos militares y la incertidumbre sobre la protección de la población civil saharaui. ¿Quién sale realmente beneficiado de una retirada que no resuelve la ocupación ni garantiza la autodeterminación?

La MINURSO nació en 1991 para organizar un referéndum de autodeterminación que permitiera al pueblo saharaui decidir su futuro. Nunca lo celebró. Con el paso de los años, la identificación de votantes quedó paralizada, las negociaciones se alejaron progresivamente del Plan de Arreglo y la misión terminó desempeñando principalmente funciones de observación militar. Su presencia no impidió que Marruecos consolidara su administración sobre el territorio ocupado, ampliara sus infraestructuras ni continuara explotando sus recursos naturales. Tampoco dispuso de competencias específicas para supervisar las violaciones de los derechos humanos. El resultado fue una misión que conservó durante décadas el nombre de un referéndum que nunca llegó a organizarse.

Sin embargo, sería demasiado sencillo concluir que aquella situación solo perjudicaba al Frente POLISARIO y al pueblo saharaui. Marruecos también obtuvo ventajas de la estabilidad creada por el alto el fuego de 1991 y de la presencia de observadores internacionales a ambos lados del muro. Durante décadas pudo desarrollar su estrategia territorial, económica y diplomática sin afrontar una guerra de la intensidad que había caracterizado los años anteriores. La MINURSO no reconocía la soberanía marroquí, pero su continuidad tampoco impidió que Rabat avanzara en una política de hechos consumados. Ahora desaparece tanto el mecanismo de observación como una parte de la estabilidad internacional que acompañó esa situación.

La contradicción resulta especialmente visible después de las votaciones del Consejo de Seguridad del 30 de octubre. Marruecos ha celebrado el cierre de la misión y sus dirigentes parlamentarios han reclamado la retirada completa de los efectivos de Naciones Unidas. Pero el final de la MINURSO también significa que desaparece el dispositivo internacional que observaba los movimientos militares y contribuía a contener determinados incidentes. Si Rabat considera que la cuestión territorial está definitivamente resuelta, tendrá que afrontar una realidad que ninguna declaración modifica: al este del muro existen territorios bajo control del Frente POLISARIO, las hostilidades se reanudaron en noviembre de 2020 y el pueblo saharaui mantiene intacto su derecho de autodeterminación. La retirada de Naciones Unidas no convierte esas cuestiones pendientes en asuntos resueltos.

Para el Frente POLISARIO, la desaparición de la misión también tiene consecuencias contradictorias. Por una parte, pone fin a un mecanismo que había dejado de ofrecer una vía efectiva hacia el referéndum y que, durante años, fue objeto de críticas por sus limitaciones y por la orientación política del proceso de Naciones Unidas. Por otra, elimina una presencia internacional sobre el terreno en un momento de especial incertidumbre. Las organizaciones saharauis de derechos humanos ya han advertido de que esa retirada puede aumentar el aislamiento de la población civil en los territorios ocupados y dificultar todavía más la documentación de las violaciones. Sin la MINURSO, tampoco desaparecen las minas, el muro militar ni los riesgos de una escalada que podría afectar a toda la región.

Hay, además, un elemento que no debería quedar fuera de esta reflexión: las consecuencias internacionales de cualquier intento de modificar por la fuerza la situación territorial. La desaparición de la MINURSO no elimina las fronteras, los intereses de seguridad de Argelia ni la existencia de otros actores regionales. Tampoco garantiza que una nueva confrontación militar vaya a desarrollarse bajo las mismas condiciones que la guerra anterior a 1991. El Sáhara Occidental forma parte de un entorno estratégico mucho más amplio, en el que cualquier movimiento militar importante podría provocar respuestas difíciles de prever. Ni Marruecos ni el Frente POLISARIO pueden considerar irrelevante esa dimensión.

Quizá por eso la pregunta sobre vencedores y vencidos resulte prematura. Marruecos puede haber obtenido una ventaja diplomática inmediata al desaparecer una misión vinculada expresamente al referéndum, pero también pierde un instrumento que contribuyó a estabilizar durante décadas su presencia en el territorio ocupado. El Frente POLISARIO deja atrás una estructura internacional que no cumplió lo prometido, pero afronta el riesgo de una menor vigilancia sobre el terreno. Y quienes soportan directamente las consecuencias siguen siendo los saharauis que viven bajo la ocupación, los refugiados y las familias separadas por el muro.

La MINURSO ha desaparecido sin organizar el referéndum para el que fue creada. Esa es una derrota del proceso internacional de descolonización. Pero su final no determina quién ha ganado el Sáhara Occidental, ni extingue los derechos de su pueblo. Lo que desaparece es una misión; lo que permanece es una descolonización pendiente.

LA LECTURA DEL DÍA – Carlos Cristóbal – NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

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