Sáhara Occidental | 50 años de exilio y un sistema sanitario que resiste con medicamentos, personal e infraestructuras insuficientes

Medio siglo después del éxodo saharaui, más de 170.000 personas continúan viviendo en los campamentos de población refugiada de Tinduf. Médicos del Mundo retrata ahora una realidad que suele quedar detrás de las grandes cifras de la ayuda humanitaria: un sistema público de salud construido y sostenido en el exilio que intenta atender a la población con falta de medicamentos, escasez de personal cualificado, infraestructuras insuficientes y unas condiciones climáticas extremas.

Cincuenta años son demasiado tiempo para seguir hablando de una situación provisional. En los campamentos saharauis, varias generaciones han nacido y crecido dependiendo de una ayuda internacional que permite sostener servicios básicos, pero que no elimina las consecuencias de un exilio prolongado. Una de ellas se ve cada día en hospitales, dispensarios y farmacias: tener una receta no significa necesariamente poder acceder al medicamento prescrito.

Médicos del Mundo trabaja desde hace seis años en los campamentos, con financiación de la ayuda humanitaria europea, para reforzar precisamente ese acceso a medicamentos esenciales. La organización explica que su intervención busca consolidar una estructura de suministro capaz de responder tanto a las necesidades ordinarias como al tratamiento continuado de enfermedades crónicas, entre ellas la diabetes. El objetivo es que la disponibilidad de un medicamento deje de depender de la suerte o de la llegada puntual de suministros.

Las dificultades comienzan incluso antes de que los tratamientos lleguen a los pacientes. Alia Mohamed Mami, farmacéutica saharaui, explica que durante el verano las temperaturas pueden alcanzar los 50 grados y que las infraestructuras disponibles no siempre permiten conservar adecuadamente los medicamentos. La falta de aire acondicionado, cámaras frigoríficas y otros medios básicos convierte el almacenamiento en otro desafío añadido a la propia escasez.

A ello se suma el problema del personal sanitario. La población refugiada saharaui ha conseguido levantar un sistema público de salud en unas condiciones excepcionales, pero mantenerlo exige profesionales, formación y recursos económicos. Según Médicos del Mundo, un médico puede percibir de media alrededor de 50 euros mensuales, una cantidad que refleja la fragilidad material de un sistema que depende en buena medida del compromiso de sus propios trabajadores y de la cooperación internacional.

Las condiciones generales de vida repercuten directamente sobre la salud. La inseguridad alimentaria, la falta de alimentos frescos y variados y las dificultades de acceso al agua continúan condicionando especialmente a los sectores más vulnerables. Los datos ofrecidos por Médicos del Mundo son contundentes: el 10,7 % de los menores de cinco años presenta desnutrición aguda, el 28,8 % retraso del crecimiento y el 54,2 % anemia.

La organización trabaja para fortalecer los seis pilares que considera esenciales para sostener el sistema sanitario: prestación de servicios, personal sanitario, información sanitaria, medicamentos esenciales, financiación y gobernanza. Pero detrás de cada uno de esos apartados aparece la misma realidad: un sistema concebido para atender a una población refugiada que lleva medio siglo viviendo en el exilio.

Hablar de la resistencia de los campamentos saharauis no debería servir para normalizar esa situación. Que la población haya sido capaz de construir escuelas, hospitales, dispensarios y una administración sanitaria en medio del desierto explica su capacidad de organización; no convierte en aceptable que generaciones enteras continúen dependiendo de la ayuda internacional para acceder a alimentos, agua o medicamentos.

Las imágenes publicadas por Médicos del Mundo muestran precisamente esa contradicción: un sistema de salud que funciona porque existe una sociedad que lo sostiene, pero que sigue trabajando con recursos muy por debajo de sus necesidades. Cincuenta años después, garantizar un medicamento, conservarlo frente al calor o disponer de suficientes profesionales sanitarios continúa siendo parte de la vida cotidiana de una población que sigue esperando que el exilio deje algún día de ser permanente.

Fuente: Médicos del Mundo, 25 de septiembre de 2026.
Fotografías: Ahmed Zein / Médicos del Mundo.

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