La revista Survie ha publicado en su número de febrero de 2026 dos textos que, leídos conjuntamente, ofrecen una de las radiografías más claras y honestas del colonialismo contemporáneo francés y de su traducción concreta en conflictos como Palestina o el Sáhara Occidental. Un editorial —Le colonialisme (français) tue (encore)— y un artículo de fondo sobre la política del “hecho consumado” contra el pueblo saharaui – La politique du « fait accompli » contre le peuple sahraoui – que se refuerzan mutuamente.
La revista Survie vuelve a señalar una verdad incómoda que muchos actores políticos prefieren eludir: el colonialismo no es un residuo del pasado, sino una práctica plenamente vigente, reciclada en diplomacia, inversiones, resoluciones ambiguas y silencios cómplices. Su editorial de febrero de 2026 sobre la complicidad francesa en el genocidio en Gaza y su análisis de la política del “hecho consumado” contra el pueblo saharaui forman parte de una misma acusación estructural. No son dos textos sobre conflictos distintos, sino una sola lectura sobre cómo el derecho internacional se vacía de contenido cuando estorba a los intereses de las potencias.
El editorial Le colonialisme (français) tue (encore) establece el marco con una precisión jurídica que desarma coartadas habituales. Survie recuerda que, en derecho penal internacional, la complicidad no exige intención criminal, sino participación consciente y eficaz:
« En droit pénal, la complicité d’un crime ne présuppose pas son intention : elle signifie une aide active, en connaissance de cause et avec des effets sur sa commission. »
(En derecho penal, la complicidad en un crimen no presupone la intención de cometerlo: implica una ayuda activa, con conocimiento de causa y con efectos sobre su comisión).
Desde esta base, la revista sitúa a Francia como actor responsable —aunque no ejecutor directo— del genocidio en Gaza, por su apoyo político, diplomático, militar y económico a Israel. Palestina no aparece como una excepción trágica, sino como la expresión extrema de una lógica colonial persistente, que ya se había manifestado en Ruanda y que sigue operando hoy bajo nuevas formas.
Ese mismo marco permite entender, sin necesidad de analogías forzadas, la política francesa respecto al Sáhara Occidental.
El artículo de Emma Cailleau analiza cómo la cuestión saharaui ha sido progresivamente desplazada desde el terreno del derecho —la autodeterminación— hacia el de la gestión política de una ocupación. La renovación del mandato de la MINURSO en octubre de 2025, despojada ya de toda referencia al referéndum, marca un punto de inflexión. Sin reconocer formalmente la soberanía marroquí, la resolución consagra el plan de autonomía como base de negociación, validando en la práctica el resultado de la ocupación.
Survie lo formula sin rodeos:
« Cette résolution contribue à entériner le fait accompli de la souveraineté marocaine avec le soutien ou le silence de la communauté internationale. »
(Esta resolución contribuye a consolidar el hecho consumado de la soberanía marroquí con el apoyo o el silencio de la comunidad internacional).
Francia no aparece aquí como espectadora. Al contrario, el texto documenta su papel activo en la movilización de apoyos europeos, su presión diplomática en el Consejo de Seguridad y la continuidad de una posición que, desde 2007, ha respaldado el plan marroquí, incluso cuando ello implicaba vaciar de contenido el marco de Naciones Unidas.
La dimensión económica ocupa un lugar central en el análisis. Una vez erosionado el derecho, la ocupación se convierte en oportunidad de negocio. Inversiones, préstamos, contratos y grandes proyectos avanzan bajo una retórica de desarrollo sostenible que encubre la explotación colonial de los recursos. La Unión Europea, lejos de corregir esta deriva tras las sentencias del TJUE, ha optado por fórmulas que permiten normalizar el expolio mediante etiquetados administrativos marroquíes y una noción de “beneficio” para la población saharaui nunca demostrada ni consultada.
Como señala el artículo:
« Bruxelles valide ainsi l’exploitation des ressources du territoire sous couvert de vagues actions pour l’intérêt des populations locales, sans jamais mentionner comment les Sahraoui·e·s pourraient être consulté·e·s. »
(Bruselas valida así la explotación de los recursos del territorio bajo el pretexto de vagas acciones en favor del interés de las poblaciones locales, sin mencionar nunca cómo podrían ser consultados los saharauis).
El paralelismo con el editorial es evidente: el colonialismo no siempre mata con bombas, también lo hace cuando invisibiliza al sujeto colonizado, presume su consentimiento y transforma su territorio en un espacio abierto a la depredación económica. En el Sáhara Occidental, esa violencia estructural se combina con una situación de derechos humanos cada vez más grave, documentada de forma fragmentaria debido al bloqueo impuesto a observadores, periodistas y organismos internacionales.
Ambos textos coinciden en una conclusión esencial: ni la violencia extrema en Gaza ni la política del hecho consumado en el Sáhara Occidental han logrado su objetivo último. El pueblo saharaui sigue resistiendo, a pesar del aislamiento, la represión y la normalización de la ocupación. Y esa resistencia, subraya Survie, trasciende el marco local:
« Une résistance exemplaire qui sert l’ensemble des luttes anticoloniales. »
(Una resistencia ejemplar que sirve a todas las luchas anticoloniales).
Leídos juntos, el editorial y el artículo no solo denuncian una injusticia concreta. Desenmascaran un sistema. El Sáhara Occidental no es una anomalía incómoda en la política francesa, sino una consecuencia lógica de un colonialismo que se niega a reconocerse como tal, pero que sigue organizando el mundo entre pueblos con derechos y pueblos sacrificables.
Origen: Décolonisons ! (Billets d’Afrique) 355 – février 2026 – Survie
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