
Taleb Alisalem publica hoy en ABC un artículo que merece algo más que una simple recomendación de lectura. Bajo el título «Del Sahara a Ceuta y Melilla, la frontera que Marruecos quiere mover», el analista y activista saharaui ocupa dos páginas del diario para plantear una idea que probablemente incomodará a quienes prefieren analizar cada crisis entre España y Marruecos como un episodio aislado: quizá para comprender lo que está ocurriendo ahora en Ceuta y Melilla convenga mirar también hacia el Sáhara Occidental.
No porque ambas situaciones sean jurídicamente comparables. No lo son. Ceuta y Melilla son ciudades españolas y el Sáhara Occidental continúa siendo un territorio pendiente de descolonización. Pero Taleb no está estableciendo esa equivalencia. Lo que propone observar es otra cosa: los métodos, los tiempos y una determinada forma de ejercer presión hasta conseguir que lo excepcional termine pareciendo normal.
Ahí está, a mi juicio, lo más interesante de su artículo. Alisalem pide no imaginar necesariamente una operación militar sobre Ceuta o Melilla ni esperar un acontecimiento espectacular que permita señalar un antes y un después. Habla de migración, diplomacia, inversiones, economía, alianzas internacionales, reivindicaciones territoriales y presión continuada. Y recuerda un precedente que los saharauis conocen demasiado bien: Marruecos no siempre necesita obtener inmediatamente todo aquello que reclama. Puede avanzar, consolidar posiciones y esperar.
De ahí una de las frases más sencillas del texto y quizá también una de las más importantes: «Marruecos sabe esperar».
El Sáhara Occidental demuestra hasta qué punto puede ser eficaz esa paciencia. Medio siglo después de la ocupación, el territorio continúa jurídicamente pendiente de descolonización, pero alrededor de esa realidad se ha construido una poderosa apariencia de normalidad: aeropuertos, hoteles, inversiones, competiciones deportivas, acuerdos económicos y promoción turística. Precisamente hoy hemos hablado en estas páginas de la denuncia de CODESA contra la campaña con la que Ryanair promociona Dajla como un destino turístico más.
Por eso el artículo de Taleb resulta especialmente oportuno. Su tesis puede discutirse en algunos detalles —sobre todo cuando se intenta determinar hasta dónde llega la planificación consciente de cada episodio—, pero sería un error despacharla simplemente porque incomoda. Lo que obliga a preguntarse es si España está respondiendo siempre a la crisis inmediata mientras pierde de vista la estrategia de largo plazo.
Y esa pregunta adquiere todavía mayor sentido después del giro español de 2022 sobre el Sáhara Occidental. Se presentó entonces la nueva relación con Rabat como una vía hacia la estabilidad, la cooperación y una etapa diferente entre ambos países. Cuatro años después, Ceuta y Melilla vuelven a estar sometidas a tensión y las reivindicaciones marroquíes sobre ambas ciudades no han desaparecido.
Taleb termina describiendo una España atrapada en una relación en la que quien puede contribuir a generar el problema acaba presentándose periódicamente como imprescindible para solucionarlo. Es una afirmación fuerte. También una invitación a mirar más lejos del acontecimiento de esta semana.
Porque quizá una de las enseñanzas que España todavía no ha querido extraer del Sáhara Occidental sea precisamente esa: en política territorial, Rabat puede medir sus movimientos en décadas mientras Madrid continúa respondiendo crisis a crisis.
Artículo comentado: Taleb Alisalem, «Del Sahara a Ceuta y Melilla, la frontera que Marruecos quiere mover», ABC, 23 de agosto de 2026.