TEMA DEL DÍA | Mientras Rabat da por cerrado el Sáhara Occidental, España vuelve a mirar hacia Ceuta y Melilla

Las declaraciones de un diplomático marroquí y las advertencias procedentes del entorno del Ministerio de Defensa español reabren un debate estratégico que parecía relegado a un segundo plano. La cuestión plantea una pregunta incómoda: ¿ha resuelto realmente el giro español sobre el Sáhara Occidental los problemas de fondo entre Madrid y Rabat?

Policía marroquí en la frontera con Ceuta

En marzo de 2022, el Gobierno de Pedro Sánchez justificó su respaldo al plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental como una vía para inaugurar una nueva etapa en las relaciones entre España y Marruecos. Desde entonces, la tesis oficial ha insistido en la necesidad de construir una relación basada en la confianza mutua, la cooperación y la estabilidad regional.

Cuatro años después, sin embargo, determinadas señales invitan a preguntarse si algunos de los asuntos estratégicos de fondo han desaparecido realmente de la agenda bilateral.

La última polémica ha surgido a raíz de una tribuna publicada por el periodista Ignacio Cembrero en El Confidencial. En ella analiza las declaraciones de Ali Achour, diplomático marroquí próximo a las posiciones oficiales de Rabat, quien sostiene que Marruecos demuestra su «buena voluntad» al no promover la inclusión de Ceuta y Melilla en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas.

Más allá de la discusión jurídica sobre la viabilidad de una iniciativa semejante, el simple hecho de que la cuestión reaparezca periódicamente en el discurso político y mediático marroquí resulta significativo. Ceuta y Melilla siguen formando parte del imaginario nacionalista marroquí y continúan siendo presentadas por determinados sectores como territorios pendientes de recuperación.

La coincidencia temporal con otros acontecimientos recientes resulta llamativa. En mayo, el diario francés Le Monde publicó un reportaje sobre la creciente preocupación existente en determinados ámbitos militares españoles respecto a la evolución del equilibrio estratégico en el norte de África. El periódico recogía referencias a estudios elaborados en el entorno del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), dependiente del Ministerio de Defensa, que consideran necesaria una atención específica a la defensa de Ceuta y Melilla.

Según las informaciones difundidas sobre esos análisis, ambas ciudades constituyen nodos estratégicos para la seguridad española y deberían contar con planes específicos de protección que integren capacidades terrestres, navales, aéreas, espaciales y de ciberseguridad. También se subraya la vulnerabilidad de determinadas infraestructuras críticas ante las transformaciones tecnológicas y militares que caracterizan los conflictos contemporáneos.

El trasfondo de estas preocupaciones es conocido. Durante los últimos años Marruecos ha emprendido un amplio proceso de modernización militar. La adquisición de drones, sistemas de defensa aérea, misiles de precisión, capacidades navales avanzadas y nuevos equipamientos procedentes principalmente de Estados Unidos e Israel ha transformado considerablemente el panorama estratégico del Magreb.

Nada de ello significa que exista un riesgo inmediato de confrontación. Tampoco implica que Marruecos mantenga planes militares respecto a Ceuta o Melilla. Pero sí explica por qué determinados centros de análisis consideran necesario revisar algunos supuestos que durante décadas se dieron por descontados.

La cuestión adquiere una dimensión política adicional cuando se observa desde la perspectiva del Sáhara Occidental. Durante años se ha defendido que el respaldo internacional al plan de autonomía marroquí contribuiría a cerrar definitivamente uno de los principales focos de tensión entre España y Marruecos. Sin embargo, los debates reaparecidos en torno a Ceuta y Melilla muestran que las relaciones entre ambos países continúan condicionadas por factores geopolíticos, históricos y territoriales mucho más amplios.

De hecho, la propia argumentación utilizada por algunos sectores marroquíes respecto a Ceuta y Melilla recuerda hasta qué punto las cuestiones de soberanía siguen ocupando un lugar central en la política exterior del reino. Mientras Rabat intenta presentar el expediente del Sáhara Occidental como una cuestión prácticamente resuelta, otros debates territoriales continúan apareciendo de forma recurrente en el espacio público.

Para España, el desafío consiste en gestionar una relación imprescindible con Marruecos sin ignorar las realidades estratégicas que siguen existiendo en el Estrecho y en el norte de África. Para el pueblo saharaui, estas discusiones ofrecen además una constatación evidente: el reconocimiento de la posición marroquí sobre el Sáhara Occidental no ha eliminado las complejidades geopolíticas de la región ni ha puesto fin a todos los contenciosos que siguen condicionando las relaciones hispano-marroquíes.

Quizá esa sea la principal lección de las últimas semanas. Mientras algunos presentan el conflicto del Sáhara Occidental como una cuestión cerrada, la realidad demuestra que el tablero estratégico del Magreb continúa evolucionando y que muchas de las preguntas fundamentales siguen abiertas.