TEMA DEL DÍA | Yemen, Emiratos e Israel: una crisis regional que también atraviesa el Sáhara Occidental

TEMA DEL DÍA | Yemen, Emiratos e Israel: una crisis regional que también atraviesa el Sáhara Occidental

Los últimos episodios de tensión en el mar Rojo y en el entorno de Yemen han vuelto a colocar en primer plano un conflicto que rara vez ocupa titulares por sí mismo, pero que resulta clave para entender las dinámicas geopolíticas actuales. Más allá de la coyuntura inmediata, Yemen se confirma como una pieza central de una arquitectura regional que conecta Oriente Próximo, el Golfo y el norte de África, con implicaciones directas para el Sáhara Occidental.

A lo largo de 2025, la guerra en Yemen se ha situado en el centro de una recomposición estratégica más amplia en Oriente Próximo y el mar Rojo. Lejos de ser un conflicto “periférico”, Yemen se ha convertido en un escenario donde convergen intereses militares, comerciales y de control de rutas marítimas esenciales. El endurecimiento de las tensiones ha puesto de relieve el papel cada vez más autónomo y expansivo de los Emiratos Árabes Unidos, cuyas prioridades no siempre coinciden con las de Arabia Saudí y que responden a una estrategia regional propia.

Durante este año, Emiratos ha reforzado su presencia indirecta en puertos, milicias aliadas y nodos logísticos en el sur y el este yemení, con la mirada puesta en el control de las rutas que conectan el océano Índico con el mar Rojo y el canal de Suez. Esta política ha generado fricciones abiertas con Riad y ha evidenciado un reajuste de equilibrios dentro del bloque que interviene en Yemen. Al mismo tiempo, la dimensión económica y de seguridad marítima ha pasado a primer plano, desplazando cualquier perspectiva real de solución política para la población yemení.

En este tablero, Israel ha emergido como un actor cada vez más implicado, especialmente tras los recientes episodios de tensión en el mar Rojo y los ataques a la navegación comercial. La coordinación tácita —y en ocasiones explícita— entre Israel y algunos Estados del Golfo, incluidos Emiratos, ha añadido una nueva capa geopolítica al conflicto. Yemen se ha transformado así en un espacio donde confluyen la guerra de Gaza, la rivalidad con Irán y la disputa por la seguridad de las grandes rutas del comercio global.

Este activismo regional de Emiratos no está exento de costes. En los últimos meses, varias capitales árabes han comenzado a expresar de forma más abierta su malestar ante una política exterior percibida como cada vez más unilateral y desestabilizadora. Argelia lleva años alertando sobre las injerencias emiratíes en distintos escenarios regionales, y recientemente Arabia Saudí ha emitido señales inusualmente claras de distanciamiento. Esta convergencia entre dos actores centrales del mundo árabe apunta a un cambio de percepción: Emiratos ya no aparece únicamente como un socio ambicioso, sino como un factor de desequilibrio creciente en el espacio regional.

En ese contexto, la estrecha alineación de Abu Dabi con Israel adquiere una dimensión estructural. Más allá de la normalización diplomática, Emiratos actúa como vector regional de una agenda de seguridad que prioriza intereses externos frente a los consensos árabes tradicionales. Esta lógica, visible en Yemen y en el mar Rojo, ayuda a entender también su apoyo sin matices a Marruecos en el Sáhara Occidental: se trata de un mismo esquema de alianzas cruzadas, donde la estabilidad estratégica y la lealtad política pesan más que el respeto al derecho internacional.

Este entramado regional no es ajeno al Sáhara Occidental. Marruecos, aliado estratégico tanto de Emiratos como de Israel, ha reforzado en 2025 su inserción en este eje político-militar. El respaldo diplomático, las inversiones cruzadas y la cooperación en materia de seguridad forman parte de un mismo marco: la consolidación de alianzas que intercambian apoyos en escenarios distintos. En ese contexto, el silencio —o la complacencia— de estos actores ante la ocupación del Sáhara Occidental no es una anomalía, sino una pieza coherente del conjunto.

La lógica es clara: quien garantiza estabilidad estratégica, acceso a recursos y control de rutas obtiene respaldo político en otros frentes, incluso cuando ese respaldo contradice el derecho internacional. Yemen muestra cómo se normaliza una guerra prolongada en nombre de la seguridad y el comercio; el Sáhara Occidental sufre un proceso similar, donde la ocupación se presenta como “estabilidad” y el expolio como “desarrollo”. En ambos casos, las poblaciones afectadas quedan relegadas frente a los intereses geopolíticos de actores externos.

La actualidad de estos días confirma una tendencia de fondo: los conflictos no se aíslan, se conectan. Yemen, el mar Rojo y el Sáhara Occidental forman parte de una misma arquitectura de poder, en la que Emiratos, Israel y Marruecos desempeñan papeles complementarios. Comprender esta red es imprescindible para desmontar los discursos que intentan presentar cada crisis como un fenómeno separado. Porque, una vez más, la cuestión saharaui no puede analizarse al margen de las grandes dinámicas regionales que hoy están redefiniendo Oriente Próximo y el norte de África.

Victoria G. Corera
Plataforma «NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL»


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