
Una parte del Sáhara Occidental continúa fuera del control marroquí. Al este del muro se encuentran lugares como Bir Lehlu, Tifariti, Mehaires, Mijek o Agüenit. La guerra reanudada en 2020 obliga a hablar con prudencia de la situación actual de esas zonas, pero hay una realidad que conviene no olvidar: también son Sáhara Occidental.
Una parte del Sáhara Occidental continúa fuera del control de Marruecos. Es una realidad elemental y, sin embargo, casi desaparece de muchas noticias, mapas y explicaciones sobre un territorio que lleva medio siglo pendiente de descolonización.
Cuando se habla del Sáhara Occidental suelen aparecer El Aaiún, Dajla, Smara o Bojador, ciudades situadas en la parte controlada por Marruecos. Cuando se habla de los saharauis que viven fuera de ella, la imagen habitual son los campamentos de refugiados próximos a Tinduf, en territorio argelino. Pero el mapa no termina ahí.
El muro militar divide de hecho el Sáhara Occidental. Al otro lado existe una amplia zona del propio territorio que no está bajo control marroquí. El Frente POLISARIO y la República Saharaui la denominan habitualmente territorios liberados; Naciones Unidas utiliza normalmente la expresión «al este del berm», el muro que separa las posiciones de las dos partes.
La distinción importa porque permite comprender algo que muchas veces se pierde en la información cotidiana: el Sáhara Occidental ocupado no es todo el Sáhara Occidental.

Bir Lehlu, Tifariti, Mijek… también son Sáhara Occidental
La propia MINURSO permite comprobar esa realidad sobre el terreno. La misión mantiene nueve emplazamientos militares: cuatro al oeste del muro —Smara, Mahbas, Oum Dreyga y Awsard— y cinco al este: Bir Lahlou, Tifariti, Mehaires, Mijek y Agwanit. Su página oficial, actualizada en abril de 2026, continúa describiendo así su despliegue.
El último informe del secretario general de Naciones Unidas disponible antes de esta publicación refleja también esa división al señalar que Marruecos y el Frente POLISARIO mantienen respectivamente la responsabilidad principal sobre la seguridad del personal de la ONU al oeste y al este del muro.
Durante décadas, los territorios situados al este han tenido además una gran importancia política, militar y simbólica para los saharauis. Allí se han celebrado congresos, aniversarios, encuentros culturales y actos de las instituciones saharauis. Bir Lehlu y Tifariti forman parte de la historia contemporánea de la República Saharaui y de la memoria de una población repartida entre la ocupación, los campamentos de refugiados, la diáspora y su propio territorio.
Pero explicar esa realidad hoy exige también evitar una imagen que puede haberse quedado anclada en el pasado.
La guerra de 2020 cambió la situación
La ruptura del alto el fuego en noviembre de 2020 transformó las condiciones existentes desde 1991. La propia MINURSO sigue describiendo en 2026 un escenario de hostilidades de baja intensidad y mantiene sus tareas de observación, investigación y reducción de tensiones.
Los ataques aéreos han añadido además un elemento nuevo de inseguridad. El último informe del secretario general registró información sobre 18 presuntos ataques realizados con vehículos aéreos no tripulados durante el periodo estudiado. En mayo de 2025, la MINURSO investigó en la zona de Mijek un ataque de este tipo y fue informada por testigos locales de la muerte de dos buscadores de oro mauritanos.
A ello se suma una amenaza mucho más antigua. Minas, municiones sin explotar y otros restos de guerra siguen contaminando amplias zonas a ambos lados del muro. Naciones Unidas ha registrado más de mil víctimas de minas y artefactos explosivos al este del berm, y sus equipos continúan desarrollando allí tareas de desminado y educación sobre riesgos.
Por eso sería imprudente describir hoy los territorios no ocupados como si mantuvieran sin cambios la vida civil que pudo encontrarse allí antes de 2020. La información disponible no permite saber con suficiente precisión cuánta población permanece de manera estable, cómo se distribuye ni hasta qué punto la guerra y los drones han alterado los desplazamientos habituales.
Nada de esa incertidumbre modifica, sin embargo, la realidad territorial.
Los campamentos están en Argelia; estos territorios, no

Esta diferencia merece insistencia porque existe una confusión frecuente. Los campamentos de refugiados saharauis se encuentran en Argelia, cerca de Tinduf. Bir Lehlu, Tifariti, Mijek o Agüenit, en cambio, están dentro del Sáhara Occidental.
Son realidades distintas, aunque estén estrechamente relacionadas humana, política y familiarmente. Durante décadas, saharauis procedentes de los campamentos han viajado hacia estos territorios para participar en acontecimientos políticos, culturales o familiares. Para muchos de ellos, cruzar hacia esas tierras ha significado algo mucho más profundo que atravesar una línea sobre un mapa: pisar una parte de su propio país.
Quizá por eso las fotografías tomadas allí tienen una fuerza especial. A primera vista pueden mostrar desierto, montañas, una pista, una jaima, un vehículo o una bandera. Pero muestran también algo que casi nunca aparece cuando se representa el conflicto: una parte del Sáhara Occidental que Marruecos no ocupa.
Si solo vemos las ciudades ocupadas y los campamentos de refugiados, terminamos construyendo un mapa incompleto. El Sáhara Occidental está dividido por un muro. La mayor parte del territorio y sus principales ciudades permanecen bajo control marroquí; otra parte permanece fuera de ese control y pertenece igualmente al Sáhara Occidental pendiente de descolonización.
Conocer esa parte del mapa no resuelve el conflicto. Pero resulta imprescindible para entenderlo.