Nada hace pensar que este comportamiento expansionista se detenga en esas pretensiones, sobre todo teniendo en cuenta que quiere controlar el planeta. Y África es un continente estratégico desde todos los puntos de vista, especialmente los tres que él no oculta en absoluto: frenar la expansión de los que él llama sus adversarios (particularmente, China), someter a los gobiernos democráticos y no democráticos y saquear recursos naturales.
Marruecos es uno de los países más al alcance del presidente estadounidense. No solo es un territorio geográficamente estratégico, eficaz ejerciente como freno del terrorismo yihadista y vecino de Europa. Tiene a su frente a un rey, Mohamed VI, que es su amigo. Gracias a Trump, Marruecos también ha hecho realidad una de sus vocaciones más expansionistas: cincuenta años después de la marcha verde, que supuso la salida de España de ese territorio, ha consolidado su control sobre el Sáhara Occidental, que se convertirá en un remedo de autonomía bajo sus designios.
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