Pablo-Ignacio de Dalmases logra algo especialmente difícil: tender un puente entre la historia cultural española y la realidad viva del Sáhara Occidental, sin nostalgia vacía ni retórica hueca. La figura de Unamuno —símbolo de conciencia crítica, dignidad intelectual y defensa de la lengua como patria— es utilizada con inteligencia, no como adorno, sino como hilo conductor que desemboca en una iniciativa concreta, actual y admirable: la Academia Unamuno de Villa Cisneros/Dajla.
El texto pone el foco donde casi nunca se mira: la resistencia cultural saharaui frente al borrado sistemático, y lo hace desde un ángulo tan sutil como poderoso. Defender hoy el español en el Sáhara Occidental no es un gesto folclórico, sino un acto de afirmación identitaria y de memoria histórica compartida. Dalmases acierta al subrayar que esa defensa no nace de España —que ha mirado hacia otro lado— sino de los propios saharauis, encarnados en la figura de Brahim Hameyada, cuyo esfuerzo individual deja en evidencia la desidia institucional.
Hay también en el artículo una interpelación política clara, pero elegante, sin estridencias: el contraste entre la grandeza cultural que España dice reivindicar y el abandono real de una herencia que otros preservan en condiciones mucho más difíciles. La propuesta final —el reconocimiento oficial a la Academia Unamuno— no es solo justa, sino simbólicamente imprescindible.
En definitiva, estamos ante un texto lúcido, honesto y cargado de dignidad, que recuerda que la lengua no es solo un medio de comunicación, sino una forma de pertenencia, y que en el Sáhara Occidental sigue siendo, también, una forma de resistencia.
Compartimos el párrafo final del artículo:
«La Academia Unamuno está capacitada para organizar los exámenes que permiten la obtención del DELE (diploma de español como lengua extranjera) homologado por el Instituto Cervantes y válido en el proceso para la obtención de la nacionalidad española. Es, por consiguiente, la única institución docente de este tenor en la región sur del Sáhara Occidental, un territorio en el que administración ocupante ha hecho todo lo posible para borrar la huella de nuestro país, pero cuyos habitantes autóctonos, que recuerdan el soneto de Unamuno que comienza diciendo “la sangre de mi espíritu es mi lengua”, se empeñan en reivindicar como uno de los elementos esenciales de su personalidad. Y ello ante la ignorancia, la desidia y el olvido de nuestro Gobierno. Doña Milagros Tolón haría un buen debut como ministra de Educación si concediese al fundador de la Academia Unamuno de Villa Cisneros, perdón de Dajla, el ingreso en la Orden de Alfonso X el Sabio. Si Sánchez y Albares se lo permiten, claro.»
(…)
ARTÍCULO COMPLETO en: Unamuno en el desierto del Sáhara
Descubre más desde No te olvides del Sahara Occidental
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
