Yemen, Emiratos e Israel: claves de una crisis regional que afecta al Sáhara Occidental

Yemen, Emiratos e Israel: claves de una crisis regional que afecta al Sáhara Occidental

La reciente escalada de tensión entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos en Yemen no puede leerse como un episodio aislado ni estrictamente vinculado al conflicto yemení. Los acontecimientos de las últimas horas —ataques, ultimátum, comunicados cruzados y el anuncio de retirada emiratí— ponen de relieve una reconfiguración más amplia de equilibrios regionales que afecta de manera directa a otros escenarios abiertos del mundo árabe, entre ellos el Sáhara Occidental.

Desde hace años, Yemen se ha convertido en un espacio donde convergen estrategias de proyección indirecta, control de rutas marítimas y competencia entre aliados formales. Emiratos Árabes Unidos ha desempeñado en este contexto un papel singular, caracterizado por una presencia militar limitada en el tiempo, una retirada formal progresiva y, sobre todo, el mantenimiento de una influencia estructural a través de actores locales, control portuario y redes de seguridad delegada. Este modelo, lejos de ser exclusivo de Yemen, es reconocible en otros escenarios de la región.

La acusación saudí de que Emiratos ha presionado al Consejo de Transición del Sur para operar militarmente en Hadramaut y Al-Mahra —zonas especialmente sensibles para la seguridad de Arabia Saudí— ha hecho visible una fractura que llevaba tiempo gestándose. Lo relevante no es solo la ruptura de la coordinación en Yemen, sino el hecho de que las mismas prácticas presentadas como estabilizadoras pasan a ser denunciadas como amenazas cuando afectan a intereses estratégicos propios.

Este punto resulta central para comprender por qué la crisis también afecta al Sáhara Occidental. Emiratos Árabes Unidos es hoy uno de los principales apoyos políticos, diplomáticos y económicos de Marruecos en el territorio ocupado. Su implicación no se articula a través de una presencia militar directa, sino mediante inversiones, proyectos de infraestructuras, apoyo a la narrativa del “desarrollo” y normalización internacional del hecho consumado de la ocupación. El objetivo es similar al observado en Yemen: consolidar realidades sobre el terreno sin asumir el coste político de una ocupación formal.

La conexión con Israel refuerza esta lectura. Desde los Acuerdos de Abraham, Emiratos se ha consolidado como actor puente entre Israel y varios países del norte de África y del Sahel. Marruecos ocupa en este entramado un lugar destacado, tanto por su cooperación militar y tecnológica con Israel como por su posición geográfica estratégica, que conecta el Mediterráneo, el Atlántico y África occidental. Yemen, el Mar Rojo y el Sáhara Occidental forman parte de un mismo arco geopolítico donde confluyen intereses de seguridad marítima, control de rutas comerciales y proyección regional.

La crisis actual demuestra, además, la fragilidad de las alianzas presentadas como bloques cohesionados. Arabia Saudí ha reaccionado con firmeza cuando ha percibido que las maniobras emiratíes en Yemen afectaban directamente a su seguridad nacional. Sin embargo, esa misma firmeza no se traslada al Sáhara Occidental, donde Riad respalda sin fisuras la posición marroquí, pese a tratarse de un territorio pendiente de descolonización según Naciones Unidas. La diferencia no reside en el respeto al derecho internacional, sino en el impacto directo sobre los intereses propios.

Lo que ocurre en Yemen importa al Sáhara Occidental porque revela cómo las mismas potencias que sostienen ocupaciones y hechos consumados en nombre de la estabilidad entran en conflicto cuando esos métodos afectan a sus propios intereses.

Desde la perspectiva saharaui, esta selectividad no es nueva. El conflicto del Sáhara Occidental ha estado marcado durante décadas por la aplicación desigual de las normas internacionales, en función de alianzas, equilibrios regionales y cálculos estratégicos. Lo ocurrido en Yemen vuelve a poner de manifiesto que los discursos sobre estabilidad, seguridad o desarrollo no responden a principios universales, sino a intereses concretos y cambiantes.

La competencia entre Emiratos y Arabia Saudí en Yemen también cuestiona el relato según el cual la normalización de ocupaciones y hechos consumados garantiza estabilidad regional. Al contrario, muestra que la acumulación de intervenciones indirectas, actores armados locales y proyectos geopolíticos superpuestos tiende a generar nuevas tensiones, incluso entre quienes se presentan como socios estratégicos.

En este contexto, el Sáhara Occidental no es una excepción, sino parte de una dinámica regional más amplia. La implicación de Emiratos e Israel en apoyo a la ocupación marroquí se inscribe en una lógica de control territorial y proyección de influencia que, como demuestra el caso yemení, no está exenta de contradicciones y límites. Cuando los equilibrios se rompen, lo que queda expuesto no es solo la fragilidad de las alianzas, sino la ausencia de una base jurídica sólida que garantice una paz duradera.

La crisis entre Arabia Saudí y Emiratos en Yemen recuerda, en última instancia, que ningún conflicto puede resolverse de forma estable al margen del derecho internacional y de la voluntad de los pueblos afectados. Una lección que sigue siendo plenamente vigente en el Sáhara Occidental.


Victoria G. Corera
Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL


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