El ministro de Exteriores reconoce que la entrada de decenas de miles de personas fue un hecho «inusual» e «inédito», pero presenta la rápida actuación posterior de Marruecos como prueba de que Rabat sigue siendo un socio fiable. La explicación deja intacta la pregunta fundamental: cómo pudo producirse una movilización semejante en una frontera sometida habitualmente a un férreo control marroquí.

José Manuel Albares ha vuelto a defender este lunes la cooperación con Marruecos tras la crisis de Ceuta. El ministro admite que lo sucedido fue «muy inusual» y «un hecho inédito», pero insiste en que las autoridades marroquíes ofrecieron «desde el primer momento» su colaboración para detener las llegadas y, especialmente, para facilitar el retorno de quienes ya habían conseguido alcanzar territorio español.
El argumento contiene una contradicción difícil de ignorar. La capacidad demostrada por Marruecos para movilizar dispositivos policiales, detener posteriormente los movimientos y aceptar el regreso de decenas de miles de sus ciudadanos confirma precisamente hasta qué punto Rabat dispone de medios para controlar esa frontera. Albares utiliza lo ocurrido después como prueba de cooperación, pero continúa sin explicar suficientemente lo sucedido antes.
El ministro atribuye parte de la crisis a una actividad «inusual» en las redes sociales, a la deformación de la sentencia del Tribunal Supremo y acusa además a una «internacional reaccionaria» de amplificar falsedades sobre España y el espacio Schengen. Todo ello puede haber contribuido a movilizar a miles de jóvenes, pero no basta para explicar cómo una movilización de semejante magnitud pudo alcanzar prácticamente al mismo tiempo una frontera que Marruecos demuestra ahora ser perfectamente capaz de controlar.
Esa es precisamente la cuestión que planteábamos en NOTEOLVIDES al analizar la interpretación publicada por EL PAÍS, que descartaba que Marruecos hubiera organizado aquella que hemos denominado «Marcha Verde marítima». Nuestra objeción no consistía en negar la pobreza, las redes sociales, las mafias o el efecto que pudiera tener una sentencia judicial, sino en preguntarnos cómo todos esos elementos podían convertirse en una entrada masiva sin una decisión política marroquí que, al menos, permitiera que ocurriera. Las palabras de Albares no resuelven aquella contradicción; la capacidad que atribuye ahora a Rabat para restablecer rápidamente el control vuelve a hacerla más evidente.
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La pregunta adquiere todavía mayor importancia porque Pedro Sánchez definió lo ocurrido como una «violación y un ataque a la integridad territorial de España», dirigentes europeos han comenzado a hablar de «instrumentalización de la migración» y «amenazas híbridas» y el Frente POLISARIO ha acusado directamente al régimen marroquí de utilizar civiles como instrumento de chantaje y desestabilización contra sus vecinos.
También Abdulah Arabi ha recordado este lunes que el cambio de posición español sobre el Sáhara Occidental fue presentado como una decisión destinada a estabilizar las relaciones con Marruecos. Cuatro años después, esa estabilidad sigue dependiendo en buena medida de que Rabat decida mantener plenamente activos sus mecanismos de control fronterizo.
Es la misma cuestión que planteábamos hoy desde EL OBSERVADOR SAHARAUI: la política de evitar contrariar permanentemente a Marruecos no ha hecho desaparecer sus instrumentos de presión.
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Las declaraciones de Albares, por tanto, no cierran el debate sobre la responsabilidad marroquí. Más bien hacen más visible su principal paradoja: el Gobierno presenta como demostración de fiabilidad la extraordinaria capacidad de Marruecos para cerrar rápidamente una crisis cuya apertura sigue sin explicar.
Si Rabat pudo colaborar con tanta eficacia para recuperar el control de la frontera y organizar los retornos, la pregunta continúa siendo por qué no pudo impedir que decenas de miles de personas llegaran hasta Ceuta unas horas antes. Responder a eso resulta bastante más importante que agradecer ahora que la puerta vuelva a estar cerrada.
Fuente: RTVE. La hora de la 1.