FiSahara pide a cineastas internacionales que no participen en festivales organizados por Marruecos en Dajla ocupada y denuncia el uso de la cultura para normalizar la ocupación del Sáhara Occidental.

El Festival Internacional de Cine del Sáhara Occidental (FiSahara) ha lanzado un llamamiento a cineastas, productores y profesionales de la cultura para que no participen en el denominado Dakhla International Film Festival, un evento organizado por Marruecos en la ciudad ocupada de Dajla que, según denuncia la organización saharaui, forma parte de una estrategia destinada a normalizar y blanquear la ocupación del Sáhara Occidental.
La denuncia se produce después de que diversos medios de comunicación presentaran el festival como una iniciativa cultural celebrada en Marruecos, cuando en realidad tiene lugar en el territorio del Sáhara Occidental ocupado. Para FiSahara, este tipo de eventos no pueden desvincularse del contexto político en el que se desarrollan y forman parte de una estrategia más amplia para proyectar una imagen de normalidad sobre un territorio cuya descolonización sigue pendiente según Naciones Unidas.
La directora ejecutiva de FiSahara, María Carrión, sostiene que el festival de Dajla no está concebido como un espacio de diálogo cultural, sino como una herramienta al servicio de la política marroquí en el territorio ocupado. En este sentido, la organización considera especialmente preocupante la participación de profesionales internacionales del cine, cuya presencia contribuye, aunque sea de manera involuntaria, a reforzar esa imagen de normalidad.
Uno de los casos mencionados por FiSahara es el del director del Festival Internacional de Cinema de Bueu (FICBueu), Manuel Pena. Tras ser informado del contexto político del evento y de la preocupación generada entre organizaciones solidarias con el pueblo saharaui, Pena decidió renunciar a formar parte del jurado internacional. FiSahara ha agradecido públicamente esta decisión y ha expresado su deseo de que otros participantes sigan el mismo camino.
Sin embargo, la organización considera que la retirada silenciosa de algunos invitados no resulta suficiente. Según denuncia, las plataformas de comunicación del festival continúan utilizando imágenes y referencias a participantes internacionales como parte de su estrategia promocional. Por ello, reclama que quienes decidan desvincularse del evento lo hagan también de manera pública y exijan la retirada de cualquier material que pueda interpretarse como respaldo a la iniciativa.
La polémica trasciende además el caso concreto de Dajla. Lo que está en juego es una cuestión más amplia: el papel que pueden desempeñar la cultura y las industrias creativas en contextos de ocupación y conflicto. FiSahara sostiene que la participación en este tipo de eventos no puede analizarse únicamente desde una perspectiva artística, sino también desde sus implicaciones políticas y éticas.
No es la primera vez que la organización plantea este debate. Hace un año impulsó una campaña internacional contra el rodaje de La Odisea, de Christopher Nolan, en la ciudad ocupada de Dajla. Aquella iniciativa obtuvo una amplia repercusión internacional y volvió a situar sobre la mesa una cuestión que sigue generando controversia: hasta qué punto la cultura puede convertirse en una herramienta para normalizar situaciones que continúan siendo objeto de disputa en el ámbito del derecho internacional.
Desde 2003, FiSahara celebra su festival en los campamentos de refugiados saharauis de Argelia, donde miles de saharauis viven exiliados desde hace décadas. Para sus organizadores, la existencia misma de dos festivales de cine vinculados al Sáhara Occidental refleja dos relatos radicalmente distintos sobre una misma realidad: el de un pueblo que reclama su derecho a la autodeterminación y el de un Estado que intenta consolidar internacionalmente su control sobre el territorio.