El testimonio de la escritora saharaui publicado en El Salto recuerda que, mientras el mundo mira hacia otros conflictos, hay familias que siguen viviendo cada día con la incertidumbre, el miedo y el silencio que rodean la guerra del Sáhara Occidental.
Victoria G. Corera | NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Hay artículos que informan y otros que obligan a detenerse. El texto «Mi hermano también está en la guerra», firmado por la escritora saharaui Benda Lehbib en El Salto, pertenece a esta segunda categoría. No pretende explicar toda la complejidad del conflicto del Sáhara Occidental, sino recordar algo mucho más sencillo y, quizá por ello, más importante: detrás de las noticias hay personas, familias y vidas suspendidas por una guerra que demasiados han decidido ignorar.
Con una narración en primera persona, Benda Lehbib habla de su hermano, destinado en el frente, pero en realidad está hablando de miles de familias saharauis. De madres que esperan una llamada, de silencios que generan angustia y de una generación que ha crecido sabiendo que incluso su sufrimiento apenas encuentra espacio en los grandes medios de comunicación. Su relato rompe con la frialdad de los análisis geopolíticos y devuelve el conflicto a una dimensión profundamente humana.
El texto llega además en un momento especialmente significativo. En las últimas semanas, la muerte en combate de varios miembros del Ejército de Liberación Popular Saharaui, entre ellos Lahbib Mohamed Abdelaziz, volvió a recordar que la guerra en el Sáhara Occidental sigue siendo una realidad. Sin embargo, fuera de los medios especializados, apenas ocupa titulares. Como señala la autora, parece que algunas guerras solo existen cuando las cámaras apuntan hacia ellas.
La reflexión de Benda Lehbib enlaza con una cuestión que NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL viene planteando desde hace tiempo: la invisibilidad también tiene consecuencias. Cuando un conflicto desaparece del debate público, también desaparecen las historias de quienes lo padecen, las vulneraciones de derechos humanos y las responsabilidades políticas que permanecen sin resolver.
Especialmente conmovedora resulta la figura de las madres saharauis que aparece a lo largo del artículo. Mujeres que han levantado familias en el exilio, han mantenido vivas las tradiciones y la identidad de su pueblo y ahora vuelven a convivir con la incertidumbre de una guerra activa. No reclaman privilegios, sino algo mucho más elemental: que sus hijos no sean olvidados y que su sufrimiento tenga el mismo valor que el de cualquier otra familia afectada por un conflicto armado.
Quizá esa sea la principal aportación del texto: recordar que el Sáhara Occidental no es solo un asunto diplomático pendiente en Naciones Unidas ni un debate jurídico sobre la descolonización. Es también una realidad cotidiana para miles de personas que siguen viviendo entre el exilio, la ocupación y la guerra.
Y mientras el mundo mira hacia otros escenarios, conviene repetir una idea que atraviesa todo el testimonio de Benda Lehbib: las guerras olvidadas también matan, y el silencio internacional puede convertirse en una forma más de abandono.
El testimonio de la escritora saharaui publicado en El Salto recuerda que, mientras el mundo mira hacia otros conflictos, hay familias que siguen viviendo cada día con la incertidumbre, el miedo y el silencio que rodean la guerra del Sáhara Occidental.