
La gravedad del borrador cero distribuido inicialmente por Estados Unidos no está únicamente en reducir MINURSO o transformar después la naturaleza de la presencia de Naciones Unidas en el Sáhara Occidental. Leído en su conjunto, el texto afecta simultáneamente a la misión de la ONU, la base de las negociaciones, la forma de entender la autodeterminación, la interlocución saharaui y el futuro de la población refugiada. Es un borrador de máximos que traslada al propio lenguaje del Consejo de Seguridad buena parte del marco político defendido por la Administración Trump y por Marruecos. Y las primeras reacciones dentro del propio Consejo muestran que ese punto de partida ya está encontrando resistencias.
NOTEOLVIDES ha podido conocer nuevos elementos de un documento identificado como “DRAFT RESOLUTION (2026) – Western Sahara — Zero Draft”, fechado el 20 de octubre de 2026. Su contenido permite comprender mejor el alcance de la propuesta inicial estadounidense y la contundencia de la respuesta remitida este jueves por el Frente POLISARIO al Consejo de Seguridad.
La primera página del documento permite comprobar además que ese giro no aparece únicamente en los párrafos operativos. El propio preámbulo sitúa ya la negociación dentro de un marco político muy definido: recoge el creciente reconocimiento por algunos Estados de la soberanía marroquí, da la bienvenida a la propuesta de autonomía ampliada y actualizada, destaca el papel del presidente Donald Trump en el impulso de las negociaciones y presenta esa propuesta como el marco sobre el que debería desarrollarse el proceso. El rediseño, por tanto, comienza antes incluso de llegar a las decisiones concretas sobre MINURSO.
Pero ese borrador cero ya no es un texto inmóvil. La página oficial del Frente POLISARIO informó en la noche del 22 de octubre de que las discusiones celebradas durante la jornada en el Consejo de Seguridad estuvieron marcadas por objeciones de varios Estados miembros y que Washington introdujo modificaciones en una primera y una segunda versión como respuesta a algunas de esas observaciones. Según esa información, continúan las discrepancias y las consultas para alcanzar una fórmula que pueda obtener un respaldo más amplio.
Las principales objeciones señaladas afectan precisamente a dos de los ejes centrales del borrador inicial: la pretensión de convertir la propuesta marroquí de autonomía en la única base de las negociaciones y el futuro de la misión de Naciones Unidas en el Sáhara Occidental. Por tanto, lo que analizamos aquí no es necesariamente el texto que acabará sometiéndose a votación, sino el punto de partida presentado por Estados Unidos y los cambios de fondo que Washington pretendía introducir en el expediente saharaui. Saber de dónde parte la negociación permite también comprender qué está siendo discutido ahora dentro del Consejo.
Hasta ahora, buena parte de la atención se había concentrado en el futuro de MINURSO. El borrador inicial propone reducir al menos un 50 % su componente uniformado antes del 31 de enero de 2027, cerrar o concentrar posiciones sobre el terreno y poner fin a sus funciones como operación de mantenimiento de la paz el 30 de abril. Pero incluso antes de llegar a ese punto aparece un cambio cargado de significado: la referencia al “Referéndum” desaparecería del propio nombre de la misión, la misma misión creada en 1991 precisamente para organizarlo.
El verdadero salto, sin embargo, aparece en el terreno político. El texto inicial sitúa la propuesta marroquí de autonomía, ampliada y actualizada, como única base para las negociaciones y añade que una “autonomía genuina bajo soberanía marroquí” constituye la única solución viable para la cuestión del Sáhara Occidental. No estamos, por tanto, solo ante la fijación previa del terreno sobre el que deberían negociar las partes, sino ante una formulación que anticipa también cuál debe ser el resultado considerado aceptable.
Es precisamente uno de los elementos que, según la información difundida este jueves por el Frente POLISARIO, está encontrando objeciones dentro del Consejo de Seguridad. Las discrepancias no serían únicamente sobre palabras o ajustes técnicos de la resolución, sino sobre si el Consejo puede establecer previamente una sola base negociadora y acercarse además a la definición del resultado antes de que las partes hayan negociado.
Ese punto explica buena parte de la dureza de la carta enviada por Sidi Mohamed Omar al Consejo de Seguridad. El Frente POLISARIO rechaza cualquier planteamiento que predetermine el marco o el resultado de las negociaciones, limite el ejercicio de la autodeterminación o imponga una solución contra la voluntad del pueblo saharaui. El borrador inicial mantiene referencias a la Carta de Naciones Unidas y al principio de libre determinación, pero esas referencias convivirían con un proceso cuyo punto de partida y cuyo desenlace considerado viable aparecen ya definidos.
Otro de los elementos más sensibles afecta a la interlocución saharaui. El borrador pide al enviado personal del secretario general que consulte a una amplia gama de sectores e interlocutores saharauis, incluidos aquellos que se encuentran fuera de las partes negociadoras, tanto en el Sáhara Occidental como en los campamentos de refugiados y en la diáspora. No es un detalle menor. Durante décadas, el proceso de Naciones Unidas ha reconocido al Frente POLISARIO y a Marruecos como las dos partes del Plan de Arreglo, y abrir formalmente la consulta a otros interlocutores introduce un cambio en la arquitectura política del proceso. No resulta casual que Sidi Mohamed Omar reafirme en su carta al POLISARIO como “representante único y legítimo del pueblo saharaui”.
El documento inicial modifica también el papel de Washington. Junto al secretario general y a Staffan de Mistura, Estados Unidos aparece expresamente como facilitador de las negociaciones. A Marruecos, el Frente POLISARIO, Argelia y Mauritania se les pide cooperar con esos facilitadores y participar activamente en unas conversaciones cuya única base sería la propuesta marroquí de autonomía. A ello se añade una cláusula según la cual el Consejo de Seguridad podría considerar nuevas medidas si las partes no participan constructivamente en el proceso político, sin precisar qué tipo de medidas serían esas.
La cuestión de los refugiados forma parte del mismo rediseño. El texto pide al ACNUR completar en seis meses el registro de la población refugiada en la zona de Tinduf, garantizar el acceso sin obstáculos y la libertad de movimiento y evaluar posibles “soluciones duraderas”. El registro deja así de aparecer como una cuestión meramente estadística y se conecta directamente con el futuro de una población refugiada que lleva medio siglo fuera de su territorio.
El borrador cero establece además un calendario muy concreto para la transformación de la presencia de Naciones Unidas. El secretario general tendría hasta el 15 de diciembre de 2026 para presentar propuestas detalladas sobre el mandato, la estructura, el personal y los recursos de la futura misión política. Es decir, en el planteamiento inicial estadounidense el cambio comenzaría prácticamente de inmediato tras la aprobación de la resolución y no quedaría aplazado a una revisión indefinida.
Tomados por separado, estos elementos podrían presentarse como modificaciones dentro de una resolución compleja. Leídos conjuntamente, dibujan algo muy distinto: se elimina el referéndum del nombre de la misión, se reduce drásticamente su componente militar y se prepara su transformación en una misión política; se establece la autonomía marroquí como única base de negociación y la autonomía bajo soberanía marroquí como única solución viable; Estados Unidos entra formalmente como facilitador; se amplían las consultas a interlocutores saharauis ajenos a las partes negociadoras; se fija un calendario para registrar a los refugiados y evaluar soluciones duraderas, y el Consejo se reserva la posibilidad de adoptar nuevas medidas frente a quienes no participen constructivamente en ese nuevo marco.
Eso es mucho más que renovar MINURSO. Es rediseñar prácticamente todo el expediente del Sáhara Occidental.
Y desde esa perspectiva se entiende mejor la advertencia formulada por el Frente POLISARIO. Sidi Mohamed Omar no está discutiendo únicamente cuántos observadores deben permanecer sobre el terreno o qué bases puede cerrar Naciones Unidas. Su objeción es que el borrador inicial altera unilateralmente el marco aceptado por las partes, afecta al estatuto internacional del territorio y predetermina tanto la negociación como la solución que debe salir de ella. Por eso advierte de que, si finalmente se aprobara un texto sin “cambios sustanciales y significativos”, el Frente POLISARIO no tendría otra opción que desvincularse del proceso de paz en su conjunto.
Las noticias conocidas en las últimas horas introducen, sin embargo, un elemento nuevo: el borrador cero ya está siendo discutido y modificado dentro del Consejo de Seguridad. Washington habría introducido cambios en las primeras versiones tras las objeciones de varios Estados miembros y, según la información difundida por el Frente POLISARIO, todavía no existe consenso sobre algunos de los puntos centrales del proyecto.
Eso no resta importancia al documento inicial. Al contrario. Permite saber qué pretendía colocar Estados Unidos sobre la mesa antes de que comenzara la verdadera negociación entre los miembros del Consejo y ayuda a identificar precisamente cuáles son ahora los elementos en disputa. Habrá que ver qué queda de ese diseño después de las modificaciones, qué desaparece, qué se matiza y qué consigue sobrevivir hasta la versión que finalmente llegue a votación.
La cuestión que tendrá que resolver el Consejo de Seguridad en los próximos días, por tanto, ya no es únicamente cuánto tiempo continúa MINURSO. Será también qué misión queda, sobre qué se negocia, qué solución puede considerarse viable, quién representa y quién es consultado entre los saharauis y qué futuro se plantea para los refugiados.
La batalla de los borradores ha entrado ya de lleno en el Consejo de Seguridad. Y la votación no decidirá solo el futuro de una misión de Naciones Unidas: decidirá también qué proceso de paz queda después.
LA LECTURA DEL DÍA — 23 de octubre de 2026 | CARLOS CRISTÓBAL
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