La operación militar estadounidense contra Venezuela no concierne únicamente a América Latina. Se inscribe en una dinámica más amplia que afecta al conjunto del sistema internacional, incluidos aquellos conflictos que a menudo se presentan como “congelados” o periféricos, como el del Sáhara Occidental.
El elemento común no es la naturaleza de los regímenes políticos ni las situaciones internas de cada país, sino el lugar que se concede al derecho internacional. Cuando el uso de la fuerza, el unilateralismo y la lógica de potencia se normalizan en manos de las grandes potencias, los principios destinados a proteger a los Estados y pueblos más vulnerables pierden buena parte de su eficacia real.
En el caso de Venezuela, la intervención estadounidense ilustra una inquietante normalización del cambio de régimen por la vía de la coerción. En el caso del Sáhara Occidental, esa misma lógica se traduce en la tolerancia prolongada de una ocupación ilegal, pese a décadas de resoluciones de las Naciones Unidas que reconocen de manera inequívoca el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.
Ambas situaciones revelan una jerarquía implícita cada vez más evidente: el derecho internacional se aplica con rigor cuando sirve a determinados intereses, pero se vuelve flexible —cuando no directamente ignorado— cuando entra en conflicto con equilibrios de poder consolidados. Este enfoque de geometría variable no solo debilita a los Estados directamente afectados, sino que erosiona el conjunto de la arquitectura jurídica internacional.
Para los pueblos sometidos a ocupación o a presiones externas, esta evolución tiene consecuencias profundas. Significa que la legalidad deja de ser una garantía suficiente y que el paso del tiempo, el desgaste y la aceptación tácita pueden acabar sustituyendo al respeto efectivo del derecho.
Vincular Venezuela y el Sáhara Occidental no implica equiparar situaciones distintas, sino señalar una deriva común: el progresivo vaciamiento de las normas colectivas en favor de una gestión del orden internacional basada en la fuerza, las alianzas estratégicas y el interés inmediato.
Por esta razón, la defensa del derecho internacional no puede ser selectiva. La soberanía de los Estados, el rechazo del recurso a la fuerza y el derecho de los pueblos a decidir su futuro forman un todo indivisible. Debilitarlos en un contexto concreto es debilitarlos en todos.
Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Descubre más desde No te olvides del Sahara Occidental
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
