TEMA DE ACTUALIDAD | Culturicidio en el Sáhara Occidental: la identidad saharaui como territorio de resistencia

El artista plástico saharaui Aawah Walad publica en Mundo Obrero una reflexión imprescindible sobre la guerra silenciosa contra la cultura saharaui en los territorios ocupados.

La ocupación de un territorio no se sostiene solo con soldados, policías, tribunales o cárceles. También se sostiene intentando cambiar la memoria, la lengua, los símbolos y la forma en que un pueblo se reconoce a sí mismo. Esa es la idea central del artículo “Culturicidio: la guerra silenciosa contra la identidad saharaui”, publicado por el artista plástico saharaui Aawah Walad en Mundo Obrero.

El texto plantea una cuestión de fondo que estos días resulta especialmente necesaria: la cultura saharaui no es un adorno folclórico ni una postal del desierto. Es una estructura de identidad nacional, una forma de memoria colectiva y también una herramienta de resistencia. Cuando se ataca la hassanía, la jaima, la tradición oral, la educación propia o los símbolos del pueblo saharaui, no se está atacando solo una expresión cultural: se está atacando la continuidad histórica de un pueblo.

Aawah Walad utiliza el concepto de culturicidio para nombrar esa violencia menos visible, pero profundamente política. En el caso del Sáhara Occidental ocupado, señala la existencia de una estrategia de marroquinización cultural que busca sustituir la identidad saharaui por una narrativa impuesta desde la potencia ocupante. Esa ofensiva no es nueva, pero el autor la sitúa con especial intensidad después de Gdeim Izik, cuando Marruecos entendió hasta qué punto la jaima, la organización comunitaria y la cultura saharaui podían convertirse en símbolos de unidad, dignidad y resistencia.

El artículo resulta especialmente valioso porque ordena esa ofensiva en varias dimensiones: el patrimonio cultural inmaterial, la educación, los símbolos materiales de identidad y la manipulación de la narrativa cultural. La sustitución de la hassanía por la dariya marroquí en espacios educativos, la ausencia de una universidad en el Sáhara Occidental ocupado, la criminalización de la jaima tras Gdeim Izik o la utilización de festivales y actos culturales para blanquear la ocupación forman parte de una misma lógica: hacer pasar la identidad saharaui por una variante domesticada del folclore marroquí.

Ahí está una de las claves. Marruecos no solo ocupa el territorio; también intenta ocupar el relato. No solo explota recursos; también intenta explotar símbolos. No solo reprime protestas; también pretende reeducar la memoria colectiva. Por eso la defensa de la cultura saharaui no puede verse como una cuestión secundaria frente a la política o al derecho internacional. Es parte del mismo frente de resistencia.

El artículo de Aawah Walad recuerda, además, una paradoja histórica especialmente dura: un Estado que fue colonia reproduce prácticas coloniales contra otro pueblo. En el Sáhara Occidental, esa reproducción colonial se expresa en el control del espacio, de la enseñanza, de la lengua, de los símbolos y de la representación pública de la identidad saharaui.

En un momento en el que Marruecos multiplica los espacios culturales, académicos y diplomáticos para normalizar su relato sobre el Sáhara Occidental, esta reflexión ayuda a mirar más allá de la propaganda. La cultura saharaui no necesita ser integrada en ningún relato ajeno. Necesita ser respetada como lo que es: la expresión viva de un pueblo pendiente de descolonización.

Por eso esta lectura merece ser recomendada. Porque habla de cultura, sí, pero también de ocupación, memoria, derechos humanos y supervivencia colectiva. Y porque recuerda algo esencial: borrar la identidad de un pueblo es otra forma de intentar borrar su derecho a existir.

Fuente: Artículo “Culturicidio: la guerra silenciosa contra la identidad saharaui”, de Aawah Walad, artista plástico saharaui, publicado en Mundo Obrero el 30 de junio de 2026.