A partir de la información publicada por Alfonso Lafarga en Contramutis, el caso de Moustapha Sidzaine permite mirar más allá de una resolución individual de asilo: habla de persecución política en el Sáhara Occidental ocupado, de rutas forzadas para pedir protección y de la política española de frontera en 2024.
La información publicada por Alfonso Lafarga en Contramutis tiene una importancia evidente: el Ministerio del Interior ha reconocido la condición de refugiado y ha concedido el derecho de asilo al activista saharaui Moustapha Sidzaine, que había solicitado protección internacional en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas en julio de 2024. La resolución, fechada el 13 de mayo de 2026 y comunicada recientemente, constata la persecución sufrida por el activista por motivos políticos vinculados a su compromiso saharaui.
Leer: El Defensor del Pueblo solicita la autorización de entrada en España de los saharauis que se encuentran en Barajas mientras se estudia el procedimiento de apatridia
El caso merece ser leído con atención porque no se limita a una decisión administrativa. Sidzaine formó parte de aquel episodio de 2024 en Barajas, cuando decenas de saharauis solicitaron protección internacional en frontera. La mayoría fueron deportados a Marruecos. Solo un número muy reducido consiguió que su solicitud siguiera adelante. En ese contexto, el reconocimiento del asilo a Sidzaine adquiere un valor político y jurídico evidente: España termina admitiendo que existía riesgo de persecución para un activista saharaui procedente del Sáhara Occidental ocupado.
Conviene detenerse también en la ruta. Según la información publicada, Sidzaine llegó a España desde la Guayana Francesa, junto a Hafed Zergui, con billete hacia Casablanca. Esa trayectoria, aparentemente atípica, ayuda a entender una realidad cada vez más dura para los disidentes saharauis: las fronteras norteafricanas están blindadas, la vigilancia marroquí en las ciudades ocupadas es constante y muchos activistas se ven empujados a buscar caminos largos, costosos y difíciles para poder activar una petición de protección internacional.
En ese tipo de rutas transoceánicas, la escala en Barajas se convierte en algo más que una parada técnica. Para quienes no pueden acceder de forma ordinaria a un visado Schengen, ese tránsito internacional puede ser la única oportunidad para pisar una frontera europea y solicitar asilo ante las autoridades españolas. No es una ruta elegida por comodidad. Es una ruta marcada por el cierre de opciones, por la persecución y por la necesidad de escapar de un sistema de control que Marruecos ejerce sobre los activistas saharauis.
La resolución de Interior, tal como recoge Contramutis, tiene otro elemento especialmente significativo: la Dirección General de Protección Internacional consultó fuentes saharauis para verificar detenciones, incidentes y persecución política. Aunque el propio Ministerio advierte de la parcialidad de algunos medios consultados, reconoce al mismo tiempo el valor de su detalle: listados de detenidos, heridos, domicilios allanados, personas juzgadas, condenadas o liberadas. Es decir, el Estado español concede credibilidad a informaciones que documentan la represión marroquí contra activistas saharauis.
La abogada Fatma El Galia resume la importancia del caso al señalar, en declaraciones a Contramutis, que finalmente se ha constatado la persecución que sufren estas personas por parte de Marruecos en el Sáhara Occidental ocupado. Esa constatación obliga a mirar también hacia quienes no tuvieron la misma oportunidad. Porque en el verano y otoño de 2024, Barajas se convirtió en escenario de una tensión política, jurídica y humanitaria que aún no está cerrada.
Entonces llegaron a concentrarse más de 40 saharauis solicitantes de protección internacional en la sala de inadmitidos. Hubo huelgas de hambre, denuncias de falta de garantías, intentos de visita por parte de representantes políticos y una fuerte controversia por las deportaciones a Marruecos. Organizaciones de derechos humanos y el Defensor del Pueblo cuestionaron la política de denegaciones masivas y reclamaron mayores garantías en los procedimientos de frontera.
LEER: DEPORTACIONES ACTIVISTAS SAHARAUIS | Mundo Obrero – Enrique Santiago reclama a Interior que «no ejecute ninguna deportación» de los saharauis retenidos en Barajas
El caso Sidzaine no corrige aquella fotografía, pero sí la ilumina. Si Interior reconoce ahora que un activista saharaui podía ser perseguido por Marruecos por motivos políticos, la pregunta resulta inevitable: ¿qué garantías tuvieron quienes fueron devueltos al mismo país mientras denunciaban riesgos similares?
Por eso esta lectura es importante. Porque habla de una persona concreta, pero también de un patrón. Habla de la persecución en el Sáhara Occidental ocupado, de las rutas forzadas hacia la protección internacional, de la responsabilidad española en frontera y de una evidencia que demasiadas veces se intenta esquivar: Marruecos persigue a activistas saharauis, y España lo acaba de reconocer en una resolución de asilo.
Fuente: Información de Alfonso Lafarga publicada en Contramutis.
A partir de la información publicada por Alfonso Lafarga en Contramutis, el caso de Moustapha Sidzaine permite mirar más allá de una resolución individual de asilo: habla de persecución política en el Sáhara Occidental ocupado, de rutas forzadas para pedir protección y de la política española de frontera en 2024.