LECTURA DEL DÍA | El Sáhara Occidental entre memoria, derechos y señales de fondo

 9 de julio – La jornada deja varios focos que conviene leer juntos: la denuncia de la exclusión del Sáhara Occidental en espacios institucionales españoles, la batalla jurídica y social alrededor de la Ley de Nacionalidad Saharaui, la memoria de las víctimas, la situación de los presos políticos y la solidaridad cotidiana que vuelve a aparecer con fuerza en “Vacaciones en Paz”.

EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

El día saharaui vuelve a mostrar que no hay una sola noticia, sino varias capas de una misma realidad. Por un lado, la presencia de Marruecos en espacios culturales e institucionales españoles mientras el Sáhara Occidental queda fuera del relato. Por otro, la tramitación de la Ley de Nacionalidad Saharaui, que avanza entre expectativas, dudas, desinformación y advertencias necesarias frente a posibles estafas. Y, al fondo, lo de siempre: ocupación, presos políticos, memoria, exilio y una solidaridad que sostiene lo que la política oficial demasiadas veces abandona.

En NO TE OLVIDES, la opinión “Marruecos en las aulas, el Sáhara Occidental fuera de Casa Árabe”, firmada por Carlos C. García, plantea una cuestión incómoda pero imprescindible: cómo se normaliza la presencia marroquí en espacios de formación y cultura mientras se invisibiliza al pueblo saharaui, su historia, su derecho a la autodeterminación y la condición pendiente de descolonización del territorio. No es un detalle menor. La cultura también puede ser un campo de blanqueamiento si el Sáhara Occidental desaparece del mapa.

También merece una lectura de fondo la publicación en Noticias de Navarra de “¿Cómo se cambia la población de un país?”, una reflexión sobre el cambio demográfico en el Sáhara Occidental ocupado y sobre una de las dimensiones más graves de cualquier proceso colonial: alterar la composición de la población para modificar la realidad política, social y electoral del territorio. No se trata solo de ocupación militar o administrativa. Se trata también de transformar el país ocupado hasta hacerlo irreconocible.

El Tema de Actualidad dedicado a Mohamed Zrug, Martinica y la CARICOM abre otra línea interesante: mirar al Sáhara Occidental desde otras experiencias de descolonización, reconocimiento regional y dignidad política. No todo pasa por Madrid, París, Bruselas o Washington. También hay lecciones que llegan desde el Caribe, desde África y desde los pueblos que han tenido que defender su existencia frente a relatos coloniales más poderosos que ellos.

En EL OBSERVADOR SAHARAUI, la jornada dejó señales importantes: la presentación en Las Palmas del libro “Marruecos, potencia ocupante del Sáhara Occidental”, la recepción de menores saharauis de Vacaciones en Paz en Cantabria y otros municipios, la advertencia del abogado saharaui Sidi Talebbuia Hassan de que todavía no hay una Ley de Nacionalidad Saharaui aprobada y que nadie debe pagar por trámites inexistentes, y la ratificación de condenas contra estudiantes saharauis en un juicio denunciado como persecución política. Todo junto dibuja la agenda real: memoria, derechos, prudencia jurídica y denuncia de la represión.

Desde Sahara Press Service, la actualidad confirma esa misma fotografía de fondo: familiares de los presos políticos saharauis del Grupo de Gdeim Izik organizan nuevas protestas para denunciar las condiciones de encarcelamiento; distintas instituciones europeas y españolas mantienen actos de apoyo al pueblo saharaui; y el programa Vacaciones en Paz sigue dejando recepciones oficiales que son importantes, pero que también deberían recordar una exigencia mayor: la solidaridad con la infancia saharaui no puede sustituir la responsabilidad política con el pueblo saharaui.

La lectura del día, por tanto, no es una sola entrada. Es una conclusión: el Sáhara Occidental sigue apareciendo allí donde se intenta borrarlo. En las aulas, en los libros, en los tribunales, en los ayuntamientos, en las familias de acogida, en las cárceles marroquíes y en la memoria de quienes no aceptan que la ocupación se convierta en normalidad.