La incorporación de Martinica como miembro asociado de CARICOM abre una reflexión jurídica y política sobre los límites de la asimilación colonial y la vigencia universal del derecho de libre determinación
El artículo publicado por Mohamed Zrug, jurista y embajador de la República Saharaui, a propósito de la incorporación de Martinica como miembro asociado de la Comunidad del Caribe, CARICOM, merece una lectura detenida desde el Sáhara Occidental.
No se trata de una noticia lejana ni de un asunto limitado al Caribe. Lo que plantea Zrug es una cuestión de fondo: hasta dónde puede una potencia colonial presentar como resuelta una situación colonial mediante fórmulas administrativas, anexiones, asimilaciones o cambios institucionales que no nacen de un ejercicio auténtico del derecho de libre determinación.
Martinica sigue siendo jurídicamente una colectividad territorial de la República Francesa. Francia sostiene que su transformación en departamento de ultramar en 1946 cerró la cuestión colonial. Sin embargo, sectores políticos y sociales martiniqueses mantienen vivo el debate sobre la libre determinación. La decisión de CARICOM de incorporarla como miembro asociado no decide ese debate, pero sí reconoce una realidad política evidente: la identidad de un pueblo, su pertenencia regional y sus aspiraciones no pueden ser borradas por una arquitectura administrativa impuesta desde la metrópoli.
Ahí está la lección que Mohamed Zrug proyecta hacia el Sáhara Occidental. Las políticas de asimilación, anexión o integración forzada pueden cambiar nombres, competencias o estatutos, pero no sustituyen la voluntad del pueblo concernido. El paso del tiempo no convierte en legítimo lo que nació de una ocupación. Y ninguna solución puede considerarse justa, duradera y democrática si excluye de antemano la opción de la independencia.
En el caso saharaui, esta reflexión es especialmente necesaria. Presentar la autonomía marroquí como única base posible para una solución política significa reducir el derecho de libre determinación a una fórmula previamente decidida por la potencia ocupante. Es, en la práctica, intentar predeterminar el resultado de un proceso que, por definición, debe permitir al pueblo saharaui decidir libremente su futuro.
El artículo recuerda también el papel de las organizaciones regionales en los procesos de descolonización. CARICOM, al reconocer el espacio político caribeño de Martinica, actúa desde una tradición anticolonial y reparativa. La Unión Africana hizo lo propio con el Sáhara Occidental al reconocer a la República Árabe Saharaui Democrática como miembro de pleno derecho. En ambos casos, el mensaje es claro: la descolonización no puede depender del interés de las antiguas metrópolis ni de las potencias ocupantes.
La libre determinación no es una concesión negociable. Es un principio jurídico internacional, inalienable e imprescriptible, que no desaparece porque una potencia colonial cambie el nombre del territorio, modifique su administración o imponga una salida cerrada. Esa es, precisamente, la advertencia central del texto de Mohamed Zrug.
Martinica, vista desde CARICOM, recuerda que las cuestiones coloniales mal cerradas siguen abiertas. Y el Sáhara Occidental, visto desde África y desde el derecho internacional, confirma la misma evidencia: no hay paz verdadera sin voluntad popular, no hay solución duradera sin libre determinación y no hay reparación histórica si se acepta como normal lo que nació de una ocupación.