TEMA DEL DÍA | Sáhara Occidental: cuando algunos analistas intentan convertir una descolonización pendiente en un simple problema geopolítico

Cada vez aparecen más análisis que desplazan al pueblo saharaui y al derecho de autodeterminación para interpretar el conflicto únicamente en términos de recursos naturales, rivalidades regionales y estrategias de las grandes potencias

PLATAFORMA «NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL»

Mapa y representación geopolítica del Sáhara Occidental utilizada para analizar las narrativas internacionales sobre la descolonización pendiente del territorioEn los últimos años ha comenzado a consolidarse una narrativa cada vez más visible en determinados medios internacionales, centros de análisis geopolítico y publicaciones especializadas. Según esta visión, el conflicto del Sáhara Occidental ya no sería principalmente una cuestión de descolonización pendiente, sino un problema de equilibrio estratégico entre Marruecos y Argelia, de acceso a recursos naturales, de seguridad regional o de competencia entre grandes potencias.

No se trata de una posición completamente nueva. Sin embargo, cada vez aparece con mayor frecuencia y con un rasgo común llamativo: el pueblo saharaui desaparece progresivamente del centro del relato.

Cuando esto ocurre, el conflicto deja de presentarse como la historia de un territorio pendiente de descolonización reconocido por Naciones Unidas y pasa a interpretarse como una partida geopolítica en la que los únicos actores relevantes serían Marruecos, Argelia, Estados Unidos, Francia, Rusia o la Unión Europea. El resultado es una transformación profunda del enfoque original del problema.

Del derecho de autodeterminación a la lucha por los recursos

Muchos de estos análisis sitúan el foco principal en los fosfatos de Bou Craa, los recursos pesqueros del Atlántico, las posibles reservas energéticas o las rutas estratégicas de comunicación marítima. Son elementos importantes y forman parte de la realidad del territorio. Nadie puede negarlo.

Sin embargo, convertir esos factores en el eje principal de interpretación implica un cambio sustancial de perspectiva. El conflicto deja de ser explicado a partir de los derechos de una población sometida a un proceso inconcluso de descolonización para convertirse en una disputa por recursos y posiciones estratégicas.

La consecuencia es evidente: los saharauis pasan de ser sujetos políticos con derecho a decidir sobre su futuro a convertirse en un elemento secundario dentro de un tablero geopolítico más amplio.

La ONU queda relegada a un segundo plano

Otra característica frecuente de esta narrativa consiste en desplazar el marco jurídico internacional hacia un segundo plano.

Desde el punto de vista de Naciones Unidas, el Sáhara Occidental continúa figurando en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización. Ninguna resolución de la ONU ha reconocido la soberanía marroquí sobre el territorio. Tampoco existe ningún pronunciamiento internacional que haya invalidado el principio de autodeterminación aplicable al pueblo saharaui.

Sin embargo, muchos análisis recientes presentan el conflicto como si la cuestión jurídica estuviera prácticamente superada y el único debate pendiente consistiera en determinar qué fórmula política resulta más viable para garantizar la estabilidad regional.

La diferencia no es menor. Hablar de estabilidad y hablar de derechos no es exactamente lo mismo.

La falsa reducción del conflicto a una rivalidad Marruecos-Argelia

Quizá uno de los aspectos más problemáticos de esta tendencia sea la insistencia en presentar el conflicto como una simple rivalidad entre Marruecos y Argelia.

Es evidente que ambos países mantienen intereses estratégicos propios y que sus relaciones bilaterales influyen en la evolución del expediente saharaui. Pero reducir toda la cuestión a un enfrentamiento regional implica ignorar el elemento central: existe un pueblo reconocido internacionalmente que reclama el ejercicio de un derecho reconocido por la propia ONU.

Cuando el análisis se limita a observar los movimientos de Rabat y Argel, desaparecen del relato los refugiados saharauis, los territorios ocupados, los presos políticos, las vulneraciones de derechos humanos y el propio Frente Polisario como representante reconocido por Naciones Unidas en el proceso de paz.

La historia deja entonces de ser la de un pueblo pendiente de descolonización para convertirse exclusivamente en la de dos Estados compitiendo por influencia regional.

Una narrativa cada vez más presente

El auge de este enfoque no es casual. Se produce en un contexto internacional marcado por el retorno de la geopolítica clásica, la competencia por los recursos estratégicos, la seguridad energética y las nuevas alianzas regionales.

En ese escenario, muchos observadores consideran más sencillo analizar el Sáhara Occidental desde la óptica de los intereses de los Estados que desde la perspectiva de los derechos colectivos de un pueblo.

Sin embargo, esa simplificación corre el riesgo de desdibujar precisamente aquello que distingue al Sáhara Occidental de otros conflictos regionales: su condición de territorio pendiente de descolonización y la existencia de un proceso inacabado reconocido por Naciones Unidas.

El riesgo de olvidar la cuestión fundamental

Las disputas por los fosfatos, la pesca, las rutas marítimas o las alianzas estratégicas existen y seguirán existiendo. También continuarán influyendo en las posiciones de las distintas potencias internacionales.

Pero ninguna de esas cuestiones modifica un hecho esencial: el problema de fondo sigue siendo la ausencia de una solución que permita al pueblo saharaui ejercer plenamente su derecho a decidir su futuro.

Por eso resulta necesario observar con atención estas nuevas narrativas geopolíticas. No porque carezcan de interés, sino porque corren el riesgo de desplazar del centro del debate la pregunta fundamental que sigue pendiente desde hace décadas.

La cuestión no es únicamente quién controla los recursos del territorio o qué potencia gana influencia en el norte de África.

La cuestión sigue siendo si el último proceso de descolonización pendiente del continente africano llegará algún día a completarse.