
El Consejo de Seguridad ha sido incapaz de acordar la continuidad de la MINURSO. Marruecos pretende aprovechar ese bloqueo para cerrar la cuestión saharaui en Naciones Unidas. Pero ni el fracaso de una votación ni el futuro de una misión internacional pueden sustituir el derecho de un pueblo a decidir libremente su destino.
El Sáhara Occidental comienza noviembre ante una situación que parecía impensable hace apenas unos días. Por primera vez en 35 años, el Consejo de Seguridad no ha conseguido renovar el mandato de la MINURSO. El doble veto de Rusia y Estados Unidos ha dejado a Naciones Unidas ante una crisis sobre el futuro de su misión, pero también ha puesto de manifiesto la profundidad de las diferencias sobre el camino que debe seguir la descolonización del Sáhara Occidental. El veto ruso impidió que prosperara un proyecto estadounidense que pretendía situar la autonomía marroquí en el centro de la solución, mientras la propuesta alternativa de Moscú tampoco consiguió salir adelante.
Marruecos ha reaccionado reclamando la retirada de la MINURSO y el cierre de la cuestión saharaui en Naciones Unidas. Pretende convertir la falta de acuerdo entre los miembros del Consejo en una oportunidad para dar por terminada una descolonización que sigue pendiente. Sin embargo, ninguna de las votaciones del 30 de octubre reconoció la soberanía marroquí sobre el territorio ni decidió retirar el Sáhara Occidental de la agenda de Naciones Unidas. La ausencia de una resolución no puede interpretarse como si se hubiera aprobado lo que precisamente no consiguió aprobarse.
La situación de la MINURSO introduce además una contradicción que apenas se ha explicado. Marruecos exige la salida de una misión cuyos observadores no están desplegados únicamente en los territorios ocupados. Cinco de sus nueve emplazamientos militares se encuentran al este del muro, en territorios liberados bajo control del Frente POLISARIO, y existe una oficina de enlace en Tinduf. Rabat puede reclamar el fin de la presencia internacional en las zonas que controla, pero no decidir por sí solo el destino de toda una operación de Naciones Unidas. La expiración del mandato afecta a la misión en su conjunto; su eventual retirada es otra cuestión.
Naciones Unidas ha confirmado a la Agencia EFE que, si el Consejo de Seguridad no renueva el mandato antes de la medianoche del 31 de octubre, cesarán las operaciones de mantenimiento de la paz de la MINURSO. Sin embargo, ha desmentido que se hayan impartido instrucciones para retirar a su personal. La diferencia es esencial: la suspensión de las actividades de la misión no supone automáticamente su evacuación ni autoriza a Marruecos a decidir el destino de los observadores desplegados fuera de su control.
Las reacciones del Frente POLISARIO y Argelia revelan también la complejidad del momento. En su comunicado oficial del 31 de octubre, el Frente POLISARIO agradece expresamente el veto ruso y las abstenciones de China, Pakistán y Somalia, rechaza cualquier modificación unilateral del mandato de la MINURSO y reafirma su compromiso con el proceso de paz de Naciones Unidas. Argelia, por su parte, lamenta que la misión haya quedado sin renovación, pero denuncia que el proyecto estadounidense vaciaba de contenido la autodeterminación y pretendía transformar una cuestión de descolonización en un problema esencialmente humanitario.
Y España tampoco puede mantenerse al margen. El silencio de Sánchez y Albares sobre la actuación española en las consultas previas del Grupo de Amigos del Sáhara Occidental sigue sin aclararse. El giro diplomático de 2022 no ha proporcionado una solución, mientras el Frente POLISARIO reclama ya al próximo Gobierno que asuma sus responsabilidades históricas y jurídicas. A menos de un mes de las elecciones generales, la cuestión saharaui vuelve a plantear una pregunta que los partidos españoles deberían responder.
Al comenzar noviembre, lo verdaderamente importante no es determinar qué capital puede atribuirse una victoria diplomática ni quién ha salido perjudicado por el doble veto. Lo decisivo es recordar qué permanece intacto después de las votaciones: el Sáhara Occidental continúa pendiente de descolonización y su pueblo sigue sin haber ejercido libremente el derecho a decidir su futuro.
La MINURSO puede quedarse sin mandato. El Consejo de Seguridad puede quedarse sin acuerdo. Pero el pueblo saharaui no se queda por ello sin su derecho a la autodeterminación.
LA LECTURA DEL DÍA – Carlos Cristóbal – NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
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¿Puede Marruecos decidir la retirada de toda la MINURSO si cinco de sus nueve bases están en territorios liberados?
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