Estados Unidos impulsa una ofensiva diplomática contra el Frente Polisario tras Smara

Las reacciones internacionales posteriores a los acontecimientos registrados cerca de Smara están dejando cada vez más clara la existencia de una ofensiva diplomática impulsada desde Washington alrededor del conflicto del Sáhara Occidental.

Tras la condena inicial lanzada por Estados Unidos contra la acción reivindicada por el Frente Polisario, distintos gobiernos occidentales y representantes europeos han comenzado a difundir mensajes muy similares tanto en el lenguaje utilizado como en el enfoque político: condena explícita al Polisario, defensa de la resolución 2797 y presentación de la autonomía marroquí como base obligada para cualquier solución futura del conflicto.

Francia ha sido uno de los ejemplos más significativos. En un comunicado difundido por su representación ante Naciones Unidas, París condena el ataque registrado cerca de Smara, afirma que “la iniciativa de autonomía bajo soberanía marroquí traza el camino hacia una paz justa y duradera” y sostiene incluso que constituye “la única base” posible para resolver el conflicto.

La secuencia política resulta especialmente significativa porque llega apenas unos días después de AFRICAN LION en Dajla, de la visita del embajador estadounidense al territorio ocupado y de los mensajes difundidos por Washington vinculando directamente la resolución 2797 con la autonomía marroquí.

Washington marca el nuevo marco político

La sensación que empieza a consolidarse es que Estados Unidos ya no actúa únicamente como actor diplomático implicado en el proceso saharaui, sino como principal impulsor de un nuevo marco político internacional que busca convertir la autonomía marroquí en el único horizonte aceptable de negociación.

Ese giro se refleja tanto en las declaraciones de la misión estadounidense ante Naciones Unidas como en las sucesivas posiciones adoptadas posteriormente por aliados occidentales.

El problema es que Naciones Unidas sigue considerando el Sáhara Occidental un territorio pendiente de descolonización y la propia resolución 2797 reafirma formalmente el principio de autodeterminación del pueblo saharaui.

Sin embargo, cada vez más mensajes diplomáticos presentan la autonomía marroquí no como una propuesta sometida a negociación, sino como un desenlace prácticamente predeterminado.

La cuestión de la resistencia saharaui

Diversos analistas y juristas vienen advirtiendo además de otra cuestión especialmente sensible: el riesgo de criminalizar la resistencia saharaui mientras continúa sin cuestionarse la ocupación marroquí del territorio.

El catedrático español Carlos Ruiz Miguel considera que esta sucesión de condenas “revela que quienes avalan la anexión del Sáhara Occidental en violación del derecho internacional niegan también el derecho de un pueblo ocupado a combatir la ocupación”.

En esa misma línea, el profesor Ben Saul, relator especial de Naciones Unidas sobre derechos humanos y lucha contra el terrorismo, recordó recientemente que no existe evidencia creíble que permita considerar al Frente Polisario una organización terrorista conforme a estándares internacionales.

Mientras tanto, el Frente Polisario insiste en que el alto el fuego dejó de existir tras la ruptura de noviembre de 2020 y defiende la legitimidad de la lucha del pueblo saharaui conforme a las resoluciones de Naciones Unidas sobre descolonización y autodeterminación.

Una nueva fase diplomática del conflicto

Todo ello parece indicar que el conflicto entra en una nueva fase: menos centrada exclusivamente en el terreno militar y más orientada a consolidar diplomáticamente la autonomía marroquí como única salida aceptable para las potencias occidentales alineadas con Washington.

La cuestión de fondo sigue siendo la misma: hasta qué punto puede hablarse realmente de autodeterminación si el resultado político comienza a presentarse internacionalmente como decidido de antemano.