De la euforia de Rabat al silencio: las negociaciones del Sáhara paralizadas
De la máxima celebración en Marruecos al silencio. El conflicto del Sáhara Occidental se mantiene paralizado desde la resolución 2792 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el pasado 31 de octubre, que, tras una tensa negociación, aprobó la renovación por un año de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum saharaui (Minurso), pero con un claro mensaje favorable a Marruecos. Por primera vez se vinculó el mandato del organismo de la ONU al plan de autonomía promovido por Mohamed VI en las excolonias españolas, respaldado por Estados Unidos. Este giro representa un cambio histórico en la postura del Consejo de Seguridad, que hasta ahora había mantenido neutralidad en el conflicto, aunque el texto reconoce también el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui e insta a las partes a negociar.
Han pasado casi tres meses y la Minurso tiene que presentar un primer informe en abril. El representante del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi, asegura que el proceso abierto tras la resolución del Consejo de Seguridad continúa en punto muerto y sin avances tangibles. «No hay nada nuevo. No se ha movido ficha por parte de Marruecos», afirma.
Euforia inicial
La resolución reactivó expectativas tras medio siglo de conflicto. Rabat celebró con euforia la votación como un aval internacional a su hoja de ruta, mientras sectores diplomáticos apuntaban a la apertura de una «nueva dinámica» que obligaría a Marruecos a formalizar y detallar su propuesta de autonomía. Sin embargo, ese calendario parece haberse evaporado: no hay convocatorias, no hay fechas y el documento que debía actualizar el plan autonomista no ha visto aún la luz.
Arabi expone que el paso que debía haberse dado –la convocatoria de una nueva ronda negociadora por parte del enviado especial de la ONU para el Sáhara Occidental– sigue pendiente. «Tiene que convocar a las partes, pero no lo ha hecho todavía», apunta.
A su juicio, el retraso no es accidental. Considera que Marruecos intenta ganar tiempo y evitar un marco de negociación con contenidos concretos del plan autonomista. Argumenta que Rabat ha utilizado históricamente la idea de autonomía como una maniobra dilatoria, sin desarrollar un proyecto real. La referencia de 2007 –un documento de tan solo tres páginas– nunca se actualizó ni se presentó en detalle ante sus propios aliados, pese a las expectativas generadas, sostiene.
Para el representante saharaui, la táctica marroquí persigue consolidar la ocupación con inversiones, presencia administrativa y económica en excolonias españolas, como Dajla o El Aaiún, a través de proyectos que reforzarían su control político y desplazarían a la población local. Todo ello acompañado de un relato diplomático dirigido a fijar internacionalmente la autonomía como una solución que ya está cerrada.
La aprobación de la resolución 2792 introdujo un nuevo factor: Estados Unidos. La administración Trump ha mostrado interés en forzar resultados y acelerar el cierre del expediente. En ese escenario, Marruecos se vería obligado a presentar contenidos concretos en lugar de fórmulas genéricas. Según distintos analistas, para Rabat una negociación bajo auspicios estadounidenses supondría el riesgo de no poder prolongar el statu quo actual. La posibilidad de que Washington pilote el proceso representa un cambio de formato que podría dejar en segundo plano a Naciones Unidas y a la propia Minurso, debilitada presupuestariamente y en repliegue operativo.
Para Arabi, la clave que prevalece es que la autonomía y la autodeterminación no son soluciones excluyentes si existe un referéndum. «Ellos presentan la autonomía y nosotros presentamos la autodeterminación», resume. Lo decide el pueblo saharaui y lo ampara el derecho internacional y la ONU.
Mientras el expediente saharaui sigue estancado en Naciones Unidas, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), miembro fundador de la Unión Africana, ha presentado su candidatura a un escaño en el Consejo de Paz y Seguridad de este organismo, cuyas elecciones tendrán lugar el 11 y 12 de febrero. Optará a la plaza correspondiente al norte de África, en un proceso en el que también participa Marruecos.
En opinión de Abdulah Arabi, la candidatura confirma la consolidación institucional del Estado saharaui en el continente. La paradoja es evidente: Marruecos, que niega la existencia de la RASD, deberá competir con ella en un proceso formal dentro de la arquitectura africana.
Canarias vigilante
La resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sáhara Occidental, el pasado octubre, encendió las alarmas en Canarias, situada a solo 100 kilómetros de la costa saharaui. Desde las Islas se vigila el afán expansionista de Marruecos ante desafíos económicos y estratégicos directos para el Archipiélago, especialmente en turismo, puertos, pesca, el control de recursos naturales como las tierras raras submarinas, la delimitación de las aguas territoriales o decidir sobre el espacio aéreo del Sáhara, actualmente bajo supervisión española.
Origen: De la euforia de Rabat al silencio: las negociaciones del Sáhara paralizadas
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