Una escuela en el exilio abre sus aulas pensando en el regreso

En la Escuela Primaria Bal-la Ahmed Zein, en la wilaya de Smara, ha comenzado un nuevo curso. Hay trece aulas, veinticinco trabajadores, niños que hablan de lo que quieren ser cuando sean mayores y una maestra que recuerda que educar empieza por los valores. Una pequeña escena cotidiana que permite acercarse a lo que significa mantener un sistema educativo saharaui después de medio siglo de exilio.

El comienzo del curso escolar 2026-2027 ha devuelto estos días a más de 40.000 estudiantes a las aulas del sistema educativo saharaui. Pero detrás de esa cifra hay escuelas concretas, profesores, familias y niños. Sahara Press Services ha entrado en una de ellas, la Escuela Primaria Bal-la Ahmed Zein de Smara, y sus fotografías y testimonios permiten observar desde dentro una jornada que se repite cada septiembre en los campamentos de refugiados saharauis.

La directora del centro, Jira Meilad, explica que la escuela cuenta con trece aulas y una plantilla de veinticinco personas entre docentes y personal de servicio. El curso ha comenzado con el profesorado incorporado, el material distribuido y los alumnos en sus clases. Padres y madres han participado también en los preparativos. Puede parecer la descripción habitual del comienzo de cualquier año escolar, pero ocurre en unos campamentos levantados hace medio siglo en la hamada argelina y sostenidos durante décadas en condiciones materiales difíciles.

Entre las fotografías aparecen también los niños. SPS pregunta a varios de ellos qué quieren ser cuando sean mayores. Dahiba quiere ser médico; Iman, maestra; Hassan, doctora. Gali, de diez años, responde que quiere ser policía «para perseguir a los malos», una respuesta que la agencia relaciona con los «invasores marroquíes». En esas respuestas conviven la normalidad de cualquier aula de primaria y una realidad que acompaña desde su nacimiento a los niños saharauis de los campamentos.

También está Leila Mohamed Lamín, maestra de Primaria. Imparte las materias correspondientes a su nivel, pero cuando SPS le pregunta por su trabajo coloca otra cosa por delante de los contenidos escolares: «Lo primero son los valores y la moral, antes que la enseñanza. La educación va antes que la enseñanza». Para ella, el maestro tiene una responsabilidad con sus alumnos y también con la sociedad a la que pertenecen. Su aspiración para este curso es sencilla: éxito y excelencia para los niños y para sus compañeras.

Este comienzo de curso tiene además un significado particular. El sistema educativo saharaui cumple cincuenta años. En el exilio se fueron levantando guarderías, escuelas primarias y secundarias, centros de formación y una universidad. Lo que comenzó como una necesidad inmediata de una población refugiada terminó convirtiéndose en una estructura educativa capaz de acompañar a sucesivas generaciones nacidas lejos del Sáhara Occidental.

La imagen que ofrece Bal-la Ahmed Zein forma parte de una transformación educativa mucho más amplia. Durante décadas, muchos jóvenes saharauis tuvieron que salir de los campamentos para cursar la enseñanza secundaria en Argelia, Libia o Cuba. Según explica a SPS Mahmud Beljeir Ahmed, director de la Secundaria Básica Abda Mohamed de Smara, la creación progresiva de centros propios permitió que esa etapa pudiera completarse junto a las familias. La experiencia iniciada en Smara terminó consolidándose a partir de 2008 hasta disponer de enseñanza secundaria completa en las distintas wilayas. El cambio tuvo además una consecuencia especialmente relevante: facilitar la continuidad de los estudios de las niñas, que hoy, según el responsable educativo, son mayoría en las secundarias saharauis.

Esa escuela secundaria refleja también la evolución del propio sistema. En Abda Mohamed se estudian árabe, español, francés e inglés, y el curso pasado terminó con un 81 % de aprobados pese a las dificultades de recursos, materiales e infraestructuras. La educación levantada inicialmente para responder a las necesidades inmediatas del exilio ha ido construyendo así sus propias estructuras, desde la enseñanza primaria hasta la secundaria, mientras muchos jóvenes continúan posteriormente sus estudios universitarios fuera de los campamentos.

Por eso las fotografías de Bal-la Ahmed Zein cuentan algo que las cifras no alcanzan a explicar. Muestran pupitres, cuadernos, maestros y niños en una escuela saharaui que vuelve a abrir sus puertas. Otro curso comienza en el exilio y otra generación aprende, crece y piensa en su futuro mientras permanece abierta la misma pregunta que acompañó a quienes levantaron las primeras escuelas hace cincuenta años: cuándo podrán hacerlo en su propia tierra.

Fuente: Sahara Press Service


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