Fidel Castro y el Sáhara Occidental: por qué la República Saharaui habla hoy de «eterna gratitud»

En el centenario del nacimiento de Fidel Castro, la República Saharaui recuerda el apoyo cubano a la educación, la sanidad y la formación profesional. Detrás del homenaje hay décadas de cooperación y generaciones de saharauis cuya historia personal también pasó por Cuba.

Fidel Castro y Mohamed Abdelaziz, expresidente de la República Saharaui y secretario general del Frente POLISARIO, en una imagen histórica de las relaciones entre Cuba y el pueblo saharaui. Fuente: SPS.

La República Saharaui ha elegido el centenario del nacimiento de Fidel Castro para expresar una «eterna gratitud» que, en este caso, va bastante más allá de la retórica habitual de los comunicados diplomáticos. Para varias generaciones de saharauis, Cuba no es únicamente un país amigo ni Fidel Castro una figura histórica asociada a una determinada ideología. Cuba fue también el lugar donde estudiaron, se formaron como médicos, profesores, psicólogos, técnicos o diplomáticos y adquirieron conocimientos que después llevaron a los campamentos de refugiados y a las instituciones de la República Saharaui.

El Ministerio de Exteriores y Asuntos Africanos de la RASD lo ha resumido este jueves en una frase especialmente significativa: «Nuestra eterna gratitud por los jóvenes educados, los enfermos sanados y los profesionales formados». El comunicado recuerda así una cooperación que durante décadas convirtió la solidaridad política en algo bastante concreto: escuelas, universidades, atención sanitaria y oportunidades de formación para un pueblo obligado a construir prácticamente desde cero sus propias estructuras en el exilio.

La relación entre Cuba y el movimiento de liberación saharaui se consolidó desde los primeros años posteriores a la salida española del Sáhara Occidental. Mientras comenzaba la guerra y decenas de miles de saharauis se refugiaban en el desierto argelino, la formación de una nueva generación se convirtió en una necesidad esencial. Cuba desempeñó un papel destacado en ese esfuerzo y acogió durante años a jóvenes que permanecieron allí largos periodos estudiando antes de regresar a los campamentos o incorporarse a las estructuras políticas, sanitarias y administrativas saharauis.

De aquella experiencia nació incluso una identidad particular dentro de la sociedad saharaui. Los llamados «cubarauis» crecieron entre dos culturas, aprendieron español con acento cubano y regresaron al desierto llevando consigo conocimientos, experiencias y también una relación emocional con una isla situada a miles de kilómetros del Sáhara Occidental. Muchos de los profesionales que posteriormente atendieron hospitales, enseñaron en escuelas o representaron diplomáticamente a la República Saharaui pasaron por esa experiencia.

Por eso el homenaje que hoy rinde la República Saharaui a Fidel Castro no necesita demasiadas explicaciones. La relación con Cuba forma parte de la historia contemporánea del pueblo saharaui y dejó una huella profunda en varias generaciones. Cuando la RASD habla de «eterna gratitud» no recurre únicamente al lenguaje diplomático: recuerda una solidaridad que se tradujo durante décadas en educación, atención sanitaria, formación profesional y oportunidades para miles de jóvenes saharauis.

La gratitud expresada por la RASD tiene nombres, profesiones y biografías detrás. Habla de personas que pudieron estudiar cuando su pueblo vivía una guerra, construir una carrera profesional desde el exilio y regresar después para poner esa formación al servicio de una sociedad refugiada.

También habla de una relación política que ha demostrado una considerable continuidad. Desde los primeros años de la República Saharaui, los contactos entre dirigentes saharauis y cubanos acompañaron una cooperación que sobrevivió a los grandes cambios internacionales posteriores. Las imágenes históricas de Fidel Castro junto a dirigentes como Mohamed Abdelaziz forman parte de esa memoria compartida, pero seguramente explican menos que las historias de quienes pasaron parte de su juventud estudiando en Cuba.

El comunicado difundido hoy desde Bir Lehlu insiste precisamente en ese legado y define a Fidel Castro como alguien que convirtió la solidaridad en «conocimiento, salud y esperanza». El comunicado difundido hoy desde Bir Lehlu insiste precisamente en ese legado: una solidaridad que durante décadas dejó una huella profunda en la educación, la sanidad y la formación de generaciones enteras de saharauis.

Un siglo después del nacimiento de Fidel Castro y medio siglo después del comienzo del exilio saharaui, esa relación sigue teniendo algo poco frecuente en la diplomacia internacional: detrás de las declaraciones de amistad existen generaciones enteras capaces de contarla en primera persona.

Fuente: Ministerio de Exteriores y Asuntos Africanos de la República Saharaui / Sahara Press Service (SPS), 13 de agosto de 2026.