El festival reúne a participantes de una veintena de países y reafirma la cultura saharaui como motor de identidad y proyección de futuro del Sáhara Occidental.

El Festival Internacional de Cine del Sáhara Occidental (FiSahara) ha cerrado su XIX edición en la wilaya de Auserd tras cinco jornadas de cine, cultura y encuentros que han vuelto a situar a los campamentos saharauis en el mapa internacional. Más de un millar de personas procedentes de cerca de una veintena de países han participado en esta edición, marcada por la proyección de más de 25 películas y por un lema con carga política clara: “Caminando a nuestra tierra: la esperanza radical del retorno”.
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El festival ha combinado proyecciones cinematográficas con espacios de debate, intervenciones culturales y encuentros entre delegaciones internacionales y representantes saharauis. La clausura contó con la presencia de autoridades de la República Saharaui, así como con participantes llegados de distintos ámbitos culturales y sociales, en una edición que ha vuelto a mezclar cine internacional, cine comprometido y producciones vinculadas a otras luchas.
En el plano artístico, la película Todo lo que fuimos, dirigida por Cherien Dabis, se alzó con la Camella Blanca, el principal galardón del festival. El film, centrado en la historia de una familia palestina a lo largo de tres generaciones, refuerza una de las líneas temáticas de esta edición: la conexión entre el Sáhara Occidental y otras realidades marcadas por el desplazamiento y la lucha por el retorno.
El segundo premio fue para Mariem, de Javier Corcuera, un trabajo íntimo sobre la figura de la cantante saharaui Mariem Hassan, mientras que la cinta mauritana La Recompensa, de Aicha Chej Blal, obtuvo el tercer lugar. Por su parte, el Premio Eduardo Galeano de Cine y Derechos Humanos recayó en La canción sami de supervivencia, consolidando el carácter internacional y comparado del festival.
Más allá de la pantalla, el FiSahara ha convivido con el Festival de Artes Populares, donde las distintas wilayas han participado con sus jaimas, música, danzas y expresiones tradicionales, consolidando el evento como un espacio donde la cultura saharaui se muestra en todas sus dimensiones. Esta combinación refuerza una idea clave: el festival no es solo una muestra de cine, sino un encuentro cultural integral.
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Las intervenciones durante la clausura volvieron a subrayar esa dimensión. Desde el ámbito cultural saharaui se insistió en que el FiSahara funciona como una tribuna internacional para dar voz a la causa, mientras que distintas voces del panorama artístico internacional recordaron la importancia de mantener el compromiso con el pueblo saharaui. En este contexto, el mensaje enviado por Javier Bardem volvió a poner el foco en la responsabilidad de España en el proceso de descolonización.
Más allá de lo cinematográfico, esta edición ha vuelto a situar el FiSahara como un espacio de testimonio directo. Activistas procedentes de los territorios ocupados han relatado durante el festival la situación sobre el terreno, marcada por la vigilancia, la represión y las limitaciones a la actividad política. Estas intervenciones han reforzado el papel del festival no solo como evento cultural, sino como plataforma de visibilización de la realidad saharaui.
Al mismo tiempo, las referencias a la responsabilidad internacional han estado presentes en distintas intervenciones, desde el ámbito político hasta el cultural. En ese contexto, el FiSahara vuelve a actuar como punto de encuentro entre memoria, denuncia y proyección, conectando la experiencia saharaui con otras luchas y situándola en un marco más amplio de derechos y reconocimiento.
Pero más allá de nombres y declaraciones, el FiSahara deja cada año una imagen reconocible: la de un espacio donde la cultura se convierte en punto de encuentro, en transmisión de identidad y en proyección colectiva. Durante unos días, el desierto deja de ser únicamente un lugar de espera para convertirse en un lugar de creación, intercambio y mirada hacia el futuro.
Ahí reside una de las claves del festival.
No se limita a preservar la memoria.
También construye futuro.