Nacieron después del alto el fuego en el Sáhara Occidental… y hoy siguen atrapados en el mismo conflicto – Victoria G. Corera

Generaciones saharauis han crecido entre el exilio, la ocupación y las promesas incumplidas de una solución que nunca llega

Hay jóvenes saharauis que nacieron después del alto el fuego firmado en 1991 entre Marruecos y el Frente Polisario y que hoy ya son adultos. Han crecido escuchando hablar de Naciones Unidas, del referéndum, de negociaciones interminables y de una solución política que parecía cercana… pero que nunca terminó de llegar.

Muchos de ellos no han conocido otra realidad que no sea la del exilio, la ocupación o la espera permanente. Algunos crecieron en los campamentos de refugiados saharauis aprendiendo desde pequeños palabras como ayuda humanitaria, misión de la ONU o autodeterminación. Otros lo hicieron en las ciudades ocupadas del Sáhara Occidental entre controles policiales, vigilancia y miedo.

Toda una generación saharaui ha vivido siempre dentro de un conflicto que oficialmente debía resolverse hace décadas.

Las noticias que vuelven a aparecer estos días —presos políticos, minas antipersona, civiles muertos, activistas detenidos o debates sobre derecho internacional humanitario— recuerdan que el Sáhara Occidental nunca fue realmente un conflicto congelado. Lo que ocurre es que durante demasiado tiempo gran parte del mundo prefirió mirar hacia otro lado.

Quizá por eso algunas palabras pronunciadas recientemente por la activista saharaui Aicha Babait han tenido tanta fuerza. “Hubiera preferido nacer en guerra a nacer en la tortura psicológica que he padecido”, declaró. Más allá de la dureza de la frase, en ella parece resumirse el cansancio silencioso de muchos jóvenes saharauis que han crecido entre promesas incumplidas y sensación de provisionalidad permanente.

El tiempo, mientras tanto, ha seguido avanzando. Los niños y niñas saharauis que aparecían en las primeras campañas de solidaridad de los años noventa son hoy adultos. Muchos ya son padres y madres. Algunos han visto fracasar varias rondas de negociaciones internacionales. Otros empiezan incluso a asumir que podrían pasar toda su vida dentro del mismo conflicto que marcaron las generaciones anteriores.

Y, sin embargo, el pueblo saharaui sigue ahí.

Sigue existiendo una sociedad que mantiene su memoria colectiva, su identidad y su capacidad de resistencia pese al paso de los años, el exilio prolongado y el desgaste psicológico que produce vivir siempre esperando una solución que nunca llega.

A menudo el Sáhara Occidental aparece reducido en los debates internacionales a mapas, geopolítica o equilibrios regionales. Pero sobre el terreno el conflicto tiene otra dimensión mucho más humana: generaciones enteras creciendo entre la incertidumbre, el exilio y la sensación de haber quedado atrapadas en una espera infinita.

Medio siglo después, el conflicto sigue ahí.
Pero también sigue ahí toda una generación saharaui que nació escuchando hablar de un referéndum que nunca llegó y de una paz que nunca terminó de existir.

— Victoria G. Corera