¿Por qué Marruecos teme tanto la presencia de saharauis en Tinduf?

La reciente detención de un activista saharaui tras regresar de los campamentos vuelve a poner el foco sobre una cuestión cada vez más visible: Rabat considera políticamente peligrosa cualquier conexión directa con la realidad saharaui fuera de su control

La reciente detención arbitraria de un activista saharaui por parte de Marruecos tras regresar de los campamentos de refugiados de Tinduf ha vuelto a evidenciar una realidad incómoda que rara vez aparece formulada de manera explícita: Rabat sigue percibiendo la existencia misma de los campamentos saharauis como un problema político y simbólico de primer nivel.

El activista saharaui Bojmaa Benmoussa denunció haber sido retenido durante varias horas en el paso de Guerguerat, sometido a interrogatorios, amenazas e insultos y despojado temporalmente de varios objetos personales, entre ellos materiales vinculados a la identidad saharaui y a su participación en actividades celebradas recientemente en Tinduf.

Según su testimonio, difundido por varios medios españoles, las preguntas de los agentes marroquíes se centraron especialmente en su estancia en los campamentos, sus contactos y su participación en encuentros relacionados con el festival FiSahara y las celebraciones del 50 aniversario de la República Saharaui.

Más allá del episodio concreto, el caso vuelve a reflejar hasta qué punto Marruecos sigue observando con enorme atención cualquier conexión entre activistas saharauis y la realidad política, social y humana que continúa existiendo en los campamentos de refugiados.

Durante años, Rabat ha intentado proyectar internacionalmente la imagen de un conflicto prácticamente congelado o reducido a una cuestión diplomática residual. Sin embargo, la existencia de decenas de miles de refugiados saharauis, de estructuras políticas propias, de instituciones saharauis y de una identidad colectiva mantenida durante generaciones continúa contradiciendo esa narrativa.

Tinduf sigue representando, para muchos saharauis, algo más que un lugar de refugio. Allí permanecen vivas instituciones, organizaciones civiles, espacios culturales y una memoria colectiva que mantiene abierta la reivindicación de autodeterminación del pueblo saharaui.

Las autoridades marroquíes llevan años prestando especial atención a los viajes, contactos y actividades de activistas saharauis vinculados a los campamentos, especialmente después de encuentros internacionales, visitas políticas o reuniones con periodistas extranjeros.

La detención de activistas o las restricciones impuestas a saharauis que mantienen contacto con Tinduf reflejan también el temor a que circule una narrativa diferente a la promovida oficialmente por Marruecos dentro de los territorios ocupados del Sáhara Occidental.

En el fondo, la cuestión quizá no sea únicamente por qué Marruecos vigila tanto la relación entre los saharauis y Tinduf. La cuestión más profunda es otra: qué revela ese temor sobre la persistencia de un conflicto que, pese al paso del tiempo, sigue sin resolverse políticamente.

— Carlos C. García