
9 de junio de 2026 | La muerte en combate de Lahbib Mohamed Abdelaziz y las reuniones de Staffan de Mistura con los dirigentes saharauis recuerdan que, mientras Naciones Unidas busca una salida política, la guerra continúa sobre el terreno.
El OBSERVADOR SAHARAUI en NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Durante años, una parte importante de la opinión pública internacional ha actuado como si la guerra del Sáhara Occidental no existiera. Las declaraciones diplomáticas, las reuniones de Naciones Unidas y los comunicados oficiales han ocupado titulares mientras los enfrentamientos a lo largo del muro militar marroquí apenas encontraban espacio en los medios de comunicación. La muerte en combate de Lahbib Mohamed Abdelaziz, junto a otros dos combatientes saharauis, ha roto parcialmente ese silencio. Ayer analizábamos precisamente cómo la muerte de tres militares saharauis obligó a parte de la prensa nacional a volver a hablar de una guerra que continúa desde noviembre de 2020.
La noticia ha tenido una consecuencia inmediata: recordar a muchos lectores españoles que el alto el fuego de 1991 forma parte del pasado. La guerra regresó tras la crisis de Guerguerat y, desde entonces, el Ejército de Liberación Popular Saharaui y las fuerzas marroquíes mantienen una confrontación de baja intensidad que rara vez ocupa portadas. Han tenido que producirse tres muertes, entre ellas la de un dirigente conocido e hijo del histórico presidente Mohamed Abdelaziz, para que parte de los grandes medios vuelva a mencionar una realidad que nunca desapareció para el pueblo saharaui. La cuestión no es solo quién ha muerto, sino lo que esa muerte ha puesto de manifiesto: la guerra sigue existiendo aunque muchos prefieran ignorarla.
Al mismo tiempo, el enviado personal del secretario general de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura, continúa su gira regional. Este lunes se reunió con el ministro de Asuntos Exteriores saharaui, Mohamed Yeslem Beisat, quien le trasladó una posición que permanece inalterable desde hace décadas: el respaldo a los esfuerzos de Naciones Unidas siempre que conduzcan a completar la descolonización del Sáhara Occidental mediante el ejercicio efectivo del derecho a la autodeterminación y la independencia. No se trata de una reivindicación nueva, sino de la misma exigencia que figura en las resoluciones de Naciones Unidas y que sigue sin encontrar una vía de aplicación práctica.
La coincidencia de ambos acontecimientos resulta especialmente significativa. Por un lado, la guerra continúa produciendo víctimas. Por otro, la diplomacia internacional intenta mantener abierto un proceso político que lleva años estancado. Ayer mismo publicábamos que el Frente Polisario reiteró ante De Mistura su disposición a colaborar con los esfuerzos de la ONU, pero también su rechazo a cualquier solución que pretenda sustituir el derecho de autodeterminación por fórmulas impuestas desde fuera. Esa es, en realidad, la raíz del bloqueo.
Hay además una reflexión que merece atención. En muchas partes del mundo, los dirigentes procuran mantener a sus familias alejadas de los riesgos del conflicto. En el caso saharaui, la muerte de Lahbib Mohamed Abdelaziz ha recordado una realidad diferente. Hijo de quien dirigió durante décadas el Frente Polisario y la República Saharaui, ocupaba responsabilidades militares y políticas y se encontraba donde se desarrolla la guerra. Más allá de las posiciones ideológicas de cada observador, el hecho ayuda a comprender cómo percibe una parte importante de la sociedad saharaui una lucha que considera inseparable de su propia historia nacional y de su aspiración a la libertad.
La jornada de ayer dejó así una imagen difícil de ignorar. Mientras De Mistura se reunía con los dirigentes saharauis para intentar mantener viva la vía política, el luto nacional decretado por la Presidencia saharaui recordaba que la guerra sigue presente. Naciones Unidas busca una solución negociada. El pueblo saharaui insiste en que esa solución debe incluir la autodeterminación. Y mientras ese punto siga sin resolverse, la diplomacia y la guerra continuarán avanzando en paralelo, encontrándose una y otra vez frente al mismo bloqueo.
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