Pedro Sánchez habló por fin del Sáhara Occidental en el Congreso, pero lo hizo con un lenguaje en el que desaparecieron el pueblo saharaui y la libre determinación. La misma jornada dejó otras dos contradicciones: vuelos europeos que tratan Dajla y El Aaiún como destinos marroquíes y más de 400 saharauis que continúan desaparecidos. Tres noticias distintas que vuelven a recordar quién queda fuera cuando se habla del Sáhara Occidental.
Pedro Sánchez habló ayer por fin del Sáhara Occidental en el Congreso, y probablemente lo más revelador de su intervención no fue lo que dijo, sino el lenguaje que eligió para decirlo. Después de defender frente a Marruecos la soberanía española sobre Ceuta y Melilla y hablar de “líneas rojas”, al llegar al Sáhara Occidental dejó la improvisación, bajó la mirada y leyó una respuesta preparada. En ella aparecieron la autonomía “dentro de Marruecos”, Naciones Unidas, Europa, una “solución política” para un conflicto de cincuenta años y la ayuda humanitaria española. No aparecieron ni el pueblo saharaui ni la libre determinación.
No es una ausencia menor. Sánchez utilizó la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad como respaldo de la posición española, pero presentó únicamente la parte que encaja con la lectura marroquí: el nuevo peso concedido a la propuesta de autonomía. Dejó fuera que la misma resolución sigue hablando expresamente de la “libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental”. La autonomía está en la resolución y hoy ocupa un lugar central, pero también sigue estando el pueblo que debe decidir su futuro.
Esa distancia entre el derecho y la realidad práctica no aparece solamente en el discurso español. La vimos también ayer con los vuelos europeos a Dajla y El Aaiún. Bruselas reconoce que el acuerdo aéreo entre la Unión Europea y Marruecos no se aplica al Sáhara Occidental porque se trata de un territorio separado y distinto. Sin embargo, las conexiones continúan operándose y promocionándose como si aterrizar en Dajla significara simplemente viajar a Marruecos. Una vez más, lo que jurídicamente permanece diferenciado termina diluyéndose en los hechos consumados.
Y mientras la diplomacia discute sobre fórmulas, autonomía y soluciones “factibles”, hay una realidad que no debería desaparecer detrás de las palabras. Más de 400 saharauis continúan desaparecidos, según recuerda CONTRAMUTIS a partir de las reclamaciones de la Comisión Nacional Saharaui de Derechos Humanos. Entre ellos sigue estando Basiri, detenido por las autoridades españolas en 1970 y desaparecido desde entonces. Medio siglo después, la cuestión saharaui no puede reducirse a encontrar una fórmula que resulte cómoda en las relaciones entre Estados.
Quizá esa sea la lectura que nos deja la jornada: cuando el pueblo saharaui desaparece del lenguaje político, resulta mucho más fácil convertir el Sáhara Occidental en una simple cuestión de autonomía, inversiones, vuelos o ayuda humanitaria. Pero el pueblo sigue ahí. Y también continúa pendiente el derecho que Naciones Unidas sigue reconociéndole.
Lecturas destacadas:
- Sánchez habla por fin del Sáhara Occidental: eso sí, sin pueblo saharaui ni libre determinación — Leer en NOTEOLVIDES
- Si el Sáhara Occidental no es Marruecos para la Unión Europea, ¿por qué lo es cuando aterriza un avión en Dajla o El Aaiún? — Leer en NOTEOLVIDES
- CONTRAMUTIS | Más de 400 saharauis continúan desaparecidos mientras persisten las denuncias de violaciones de derechos humanos — Leer en EL OBSERVADOR SAHARAUI
Pedro Sánchez habló por fin del Sáhara Occidental en el Congreso, pero lo hizo con un lenguaje en el que desaparecieron el pueblo saharaui y la libre determinación. La misma jornada dejó otras dos contradicciones: vuelos europeos que tratan Dajla y El Aaiún como destinos marroquíes y más de 400 saharauis que continúan desaparecidos. Tres noticias distintas que vuelven a recordar quién queda fuera cuando se habla del Sáhara Occidental.