SÁHARA OCCIDENTAL | Qué se habló —y cómo se dijo— ayer del pueblo saharaui en el Congreso

La comparecencia de Pedro Sánchez sobre la crisis de Ceuta acabó convirtiéndose también en un amplio debate sobre el Sáhara Occidental. Durante varias horas se habló del pueblo saharaui, de autodeterminación, derecho internacional, ocupación, Frente POLISARIO y del giro español de 2022. Cuando el presidente respondió, sin embargo, utilizó un vocabulario muy distinto: autonomía dentro de Marruecos, solución política, conflicto, zona y ayuda humanitaria.

El Sáhara Occidental no figuraba como asunto principal de la comparecencia celebrada ayer en el Congreso de los Diputados. Pedro Sánchez había acudido a la Cámara para explicar la crisis de Ceuta y la actuación de su Gobierno, pero las relaciones con Marruecos fueron ocupando inevitablemente el debate y, con ellas, apareció una cuestión que atraviesa desde hace décadas la política exterior española: el Sáhara Occidental. No fue una referencia aislada. Distintos grupos recurrieron a lo sucedido con el pueblo saharaui para cuestionar la política seguida hacia Rabat y, especialmente, el giro adoptado por el Gobierno español en 2022. Un debate que ya se anticipaba antes de comenzar la sesión, cuando advertíamos que Marruecos y el Sáhara Occidental volverían inevitablemente al Congreso.

Aina Vidal, de Sumar, introdujo uno de los argumentos que después volvería a aparecer en otras intervenciones. Tras afirmar que la política de “apaciguamiento” con Marruecos había fracasado, recordó al presidente que ya se lo habían advertido cuando el Gobierno, según sus palabras, “abandonó al pueblo saharaui”. Su reproche no se limitó a relacionar aquel giro con la actual crisis bilateral. Planteó una cuestión de fondo: los derechos de un pueblo no pueden intercambiarse por una supuesta tranquilidad diplomática y, por ello, defendió la necesidad de recuperar el derecho internacional también cuando se habla del pueblo saharaui.

Gabriel Rufián abordó la misma cuestión desde una perspectiva más política. “Con el Sáhara ustedes entregaron su credibilidad”, reprochó al Ejecutivo, vinculando aquella decisión con una política diplomática hacia Marruecos que, a su juicio, no había producido los resultados prometidos. EH Bildu fue todavía más explícito: su portavoz acusó al Gobierno de haber abandonado al pueblo saharaui y renunciado a la defensa de su derecho a la autodeterminación para contentar a Marruecos. Después de lo sucedido en Ceuta, sostuvo, había llegado el momento de revisar esa relación y “rectificar” el error cometido con el Sáhara.

El PNV incorporó además la cuestión saharaui a un recorrido histórico por las difíciles relaciones entre España y Marruecos. Maribel Vaquero recordó la Marcha Verde, la crisis migratoria de 2021, Perejil y la hospitalización en España del líder del Frente POLISARIO, episodios que presentó como parte de una relación bilateral marcada periódicamente por la presión y las crisis. Más adelante volvió sobre el cambio español respecto al Sáhara Occidental para preguntarse qué reclama ahora Marruecos y si el precio exigido por controlar la frontera ha aumentado.

Desde Podemos, Ione Belarra habló de las “ansias expansionistas de Marruecos” sobre el Sáhara Occidental y las relacionó con las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta, Melilla y Canarias. Néstor Rego, del BNG, utilizó probablemente la formulación más rotunda de toda la sesión al describir a Marruecos como un Estado imperialista que ocupa y coloniza ilegalmente el Sáhara Occidental, impidiendo que el pueblo saharaui pueda vivir en paz y libertad en su propio territorio. De una manera u otra, el Sáhara había dejado de ser un asunto secundario del debate mucho antes de que Pedro Sánchez decidiera responder directamente sobre él.

Y ahí aparece una de las claves más interesantes de la sesión. Minutos antes de referirse al Sáhara Occidental, Sánchez había defendido que España no mantiene con Marruecos una política de “apaciguamiento”, sino una política de “buena vecindad”. Explicó que esa relación tiene “líneas rojas” perfectamente definidas y citó expresamente la integridad territorial de España y la soberanía nacional sobre Ceuta y Melilla. El lenguaje fue claro, político y jurídico. Apenas unos segundos después, cuando pasó a hablar del Sáhara Occidental, el marco cambió por completo.

El presidente recordó entonces la existencia de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y afirmó que los principales países europeos habían avalado la propuesta de “autonomía del Sáhara Occidental dentro de Marruecos”. Presentó la política española como parte del esfuerzo de Europa y de la comunidad internacional para encontrar una “solución política” a un conflicto que lleva “más de 50 años o 50 años enquistado”. Finalmente justificó esa posición por el deseo de “ayudar a una zona, en este caso al Sáhara Occidental”, y recordó la ayuda humanitaria que España continúa aportando.

La diferencia con lo que se había escuchado durante las horas anteriores resulta difícil de ignorar. En las intervenciones de varios grupos habían aparecido expresiones como pueblo saharaui, autodeterminación, derecho internacional, ocupación o Frente POLISARIO. Sánchez, al explicar la política de su Gobierno, no utilizó ninguna de ellas. Su relato sí contenía el nombre del territorio, una propuesta de autonomía, la referencia a Marruecos, una solución política, un conflicto de cincuenta años y la ayuda humanitaria española, pero el sujeto político sobre el que gira todo el proceso de descolonización —el pueblo saharaui— desapareció de su formulación.

No es una simple cuestión de palabras. El vocabulario elegido delimita también el problema que se presenta ante la opinión pública. Hablar de un “conflicto” que necesita una “solución política” permite dejar en segundo plano quién debe ejercer un derecho. Hablar de una “zona” que recibe ayuda humanitaria transforma fácilmente a una población con derechos políticos en destinataria de asistencia. Y hablar de “autonomía dentro de Marruecos” sin mencionar al mismo tiempo la libre determinación conduce a una lectura muy distinta de la que se obtiene cuando el sujeto de la frase vuelve a ser el pueblo saharaui.

Ese pasaje de la intervención presidencial lo analizamos ayer en detalle en Sánchez habla por fin del Sáhara Occidental: eso sí, sin pueblo saharaui ni libre determinación.

La sesión todavía dejó otra referencia que adquiere especial relevancia a pocos días del 10 de septiembre. La fecha ya está marcada: el Congreso debatirá y votará el 10 de septiembre la proposición de ley sobre nacionalidad saharaui, antes de que el texto continúe, si supera el Pleno, hacia el Senado.

En su réplica a Vox, Enrique Santiago recordó que ese partido había votado en julio contra la proposición relativa a la nacionalidad de los saharauis y, acto seguido, afirmó que Sumar considera que el giro español sobre el Sáhara “ha sido un fracaso” porque no ha producido la normalización prometida de las relaciones con Marruecos. El próximo jueves esa proposición volverá al Pleno, de manera que el Sáhara Occidental regresará al Congreso apenas una semana después de la comparecencia de Sánchez.

También Vox recurrió al Sáhara para acusar al Gobierno de haberlo “entregado” a Marruecos, una afirmación a la que Santiago respondió precisamente recordando su voto sobre la nacionalidad saharaui. Y Rufián volvió sobre el asunto en su segunda intervención, esta vez con una acusación durísima contra Mohamed VI y su familia por lo ocurrido con el “pueblo del Sáhara”.

Lo ocurrido ayer permite, por tanto, ir bastante más allá de la intervención presidencial que analizábamos inicialmente. El Sáhara Occidental estuvo presente en el Congreso y el pueblo saharaui también. Se habló de su derecho a la autodeterminación, de la ocupación, de la responsabilidad española, del Frente POLISARIO y del fracaso o no de una política diseñada precisamente para estabilizar las relaciones con Marruecos.

Lo verdaderamente significativo es que, después de escuchar todo ese vocabulario durante varias horas, cuando Pedro Sánchez explicó qué entiende su Gobierno por una solución para el Sáhara Occidental, el pueblo saharaui dejó de aparecer en el relato. El territorio permaneció. Marruecos permaneció. La autonomía permaneció. La ayuda humanitaria permaneció. Quien desapareció de la explicación presidencial fue precisamente el pueblo al que corresponde decidir su futuro.