Las recientes declaraciones de un referente histórico de la diplomacia internacional han reabierto un debate incómodo para el Magreb. En una entrevista con Global Africa Telesud, recogida por TSA en el artículo «Lakhdar Brahimi : “Israël pénètre et s’installe au Maroc”» (3 de diciembre de 2025), el veterano mediador y exministro argelino advirtió que “Israel entra y se instala en Marruecos”, una afirmación que pone en cuestión el rumbo geopolítico adoptado por Rabat y sus consecuencias para el equilibrio regional.
La entrevista aborda el estancamiento histórico del Magreb y las tensiones arrastradas desde la clausura de fronteras de 1994, pero Brahimi insistió en que la causa central de la parálisis es la cuestión saharaui, que sigue “envenenando” las relaciones entre Argelia y Marruecos. Ante la sugerencia del periodista de que Rabat sería hoy el único país que “avanza” y acumula alianzas internacionales, el diplomático respondió con firmeza: la normalización marroquí con Israel no es un signo de dinamismo regional, sino un factor de inestabilidad cuyo alcance aún no se ha medido.
Brahimi subrayó que la sociedad marroquí, especialmente los jóvenes, mantiene una fuerte solidaridad con Palestina y protesta de forma regular contra la ocupación. Por ello, considera que la alianza con Israel no emana del sentir popular, sino de una decisión unilateral del poder marroquí. Y lanza la pregunta clave: “¿Es una elección buena para el Magreb o complica aún más la situación?”. Su lectura rompe con la narrativa promovida por Rabat, que presenta estos acuerdos como un motor de modernización, cuando la realidad es que han tensado aún más la fractura con Argelia y erosionan cualquier perspectiva de reconstrucción del espacio magrebí.
En un Magreb ya debilitado por rivalidades históricas y por la parálisis institucional de la Unión del Magreb Árabe desde hace tres décadas, la entrada directa de Israel añade un actor externo con intereses propios y capacidad de presión. Para Brahimi, este movimiento no puede disociarse del conflicto del Sáhara Occidental, donde Marruecos busca apoyos de cualquier naturaleza para sostener una ocupación ilegítima y contraria al derecho internacional. La advertencia del diplomático debe leerse, por tanto, en el marco del intento marroquí de reconfigurar su aparato de alianzas incluso a costa de desestabilizar la región.
Más allá del Magreb, el exenviado especial de la ONU ofreció un diagnóstico severo del orden internacional. Sostiene que el mundo ha entrado en una fase de multipolaridad incierta y que la presidencia de Donald Trump ha aumentado la imprevisibilidad, debilitando los mecanismos multilaterales. Brahimi fue especialmente contundente al analizar la guerra en Gaza, que describe sin ambigüedades como un genocidio: “Los occidentales han renunciado a los derechos humanos. Están armando y financiando a los genocidas”. La dureza de sus palabras refleja la quiebra moral que, en su opinión, atraviesan Estados Unidos y Europa al avalar la devastación del enclave palestino.
A pesar de su visión crítica, Brahimi identifica una transformación profunda: el creciente apoyo mundial a Palestina. Para él, este respaldo social, político y moral no desaparecerá y constituye uno de los cambios más relevantes de los últimos años. Aun así, insiste en que la ONU —aunque debilitada por el veto estadounidense y la falta de compromiso de las grandes potencias— sigue siendo indispensable. Ningún conflicto, sostiene, puede resolverse sin un sistema multilateral mínimo, por imperfecto que sea.
El veterano diplomático rescató también un principio esencial de su experiencia como mediador: cada crisis es única, evoluciona constantemente y exige adaptarse día a día. Y recordó que la solución nunca puede imponerse desde fuera: “Pertenece a los pueblos resolver sus propios problemas; la comunidad internacional solo puede ayudar, no sustituirlos”. Sus palabras, formuladas desde la autoridad de casi veinte años de servicio en Naciones Unidas, resuenan especialmente en un momento en que el Magreb vive una fragmentación creciente, en gran medida alimentada por la ocupación marroquí del Sáhara Occidental y por la reciente alianza entre Rabat e Israel.
Carlos C. García – PLATAFORMA «No te olvides del Sahara Occidental»
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