
La lengua española ha sido hoy una inesperada puerta de entrada al Sáhara Occidental. Una lengua que llegó durante la administración española y que el pueblo saharaui conservó y convirtió en parte de su propia experiencia enlaza con otras dos noticias que queremos destacar: la primera reacción institucional saharaui a la Ley de Nacionalidad y el mensaje enviado desde las cárceles por los presos de Gdeim Izik. Tres historias diferentes atravesadas por una misma cuestión: identidad, memoria y derechos de un pueblo que continúa esperando culminar su descolonización.
LA LECTURA DEL DÍA | 13 de septiembre de 2026 – EQUIPO NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL
Hay historias que explican el Sáhara Occidental desde lugares aparentemente secundarios. Ayer fue el español. Abdelkader Taleb Omar, ministro saharaui de Educación, recordaba que el castellano continúa enseñándose en las escuelas de la RASD desde tercero de Primaria y que hoy está más extendido entre los saharauis que durante la propia administración española. Cuba, Vacaciones en Paz, las relaciones con España y los vínculos con América Latina hicieron después el resto. La lengua que llegó como consecuencia de la colonización sobrevivió a la guerra y al exilio porque los saharauis decidieron conservarla y hacerla suya.
La supervivencia del español entre los saharauis tampoco ha estado acompañada siempre por las instituciones españolas. Durante años escritores, docentes y organizaciones solidarias reclamaron la presencia del Instituto Cervantes en los campamentos de refugiados. En 2012 se dirigió una petición formal a su dirección y posteriormente llegó a estudiarse una extensión en Tinduf, mientras el Cervantes desarrollaba algunas actividades de formación del profesorado saharaui. Aquella reivindicación nunca llegó a traducirse en una presencia estable. El contraste sigue siendo llamativo: una comunidad que ha conservado la lengua española durante medio siglo de exilio continúa sin disponer de un Instituto Cervantes en los campamentos.
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Precisamente esa relación con España reapareció ayer desde otro lugar. Bachir Mustapha Sayed, presidente del Consejo Nacional Saharaui, protagonizó la primera reacción de una alta autoridad saharaui publicada por Sahara Press Service a la aprobación en el Congreso del texto de la Ley de Nacionalidad y su envío al Senado. Reconoce la importancia del paso, pero lo define como «una parte incompleta de la gran deuda» que España mantiene con el pueblo saharaui. Y deja una frase que merece permanecer: «el pueblo saharaui no busca una identidad alternativa». La nacionalidad española puede reparar derechos individuales e históricos; no sustituye la identidad nacional saharaui ni el derecho colectivo a decidir libremente su futuro.
Y desde las cárceles marroquíes llegó un tercer mensaje. Los presos políticos saharauis de Gdeim Izik llamaron a boicotear las elecciones marroquíes en los territorios ocupados. Su planteamiento va más allá de una consigna electoral: consideran que participar en unas elecciones organizadas por Marruecos en El Aaiún, Smara, Bojador o Dajla contribuye a normalizar políticamente la ocupación. Frente a ello reivindican la identidad saharaui y la resistencia civil y pacífica.
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Lengua, nacionalidad y resistencia parecen asuntos diferentes, pero ayer volvieron a mostrarnos un mismo hilo. El pueblo saharaui puede hablar español sin dejar de ser saharaui; puede reclamar los derechos que le corresponden por su historia con España sin buscar una identidad alternativa; y puede rechazar unas instituciones impuestas en el territorio ocupado precisamente porque reivindica la suya. Medio siglo después, aquella relación histórica con España continúa presente, pero también continúa pendiente lo esencial: que el pueblo saharaui pueda decidir libremente su futuro.