SÁHARA OCCIDENTAL | El pueblo saharaui mantiene viva la lengua española, pero el Instituto Cervantes sigue sin llegar

Imagen de composición: el Instituto Cervantes y los campamentos de población refugiada saharaui, donde la lengua española se mantiene viva desde hace décadas.

El pueblo saharaui mantiene viva desde hace medio siglo una lengua que forma parte de su particular relación histórica con España. El español continúa enseñándose en las escuelas saharauis, está presente en la literatura, la comunicación y la vida cotidiana, viajó a Cuba con miles de estudiantes y regresó a los campamentos con acentos latinoamericanos, y cada verano encuentra nuevos caminos a través de Vacaciones en Paz. Sin embargo, la principal institución pública española encargada de promover la lengua y la cultura españolas en el mundo, el Instituto Cervantes, sigue sin tener una presencia estable en los campamentos de población refugiada saharaui.

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La contradicción viene de lejos. En 2012, escritores africanos, españoles y latinoamericanos dirigieron una petición al entonces director del Cervantes, Víctor García de la Concha, reclamando expresamente la presencia del Instituto Cervantes en los campamentos de refugiados saharauis. No se trataba de introducir una lengua ajena, sino de apoyar una realidad lingüística ya existente y de contribuir a preservar un vínculo cultural que los propios saharauis habían hecho suyo.

La reivindicación volvió a aparecer después. Organizaciones solidarias como CEAS-Sáhara reclamaron también una presencia estable del Cervantes en los campamentos, recordando que el español seguía enseñándose en las escuelas saharauis y que generaciones enteras lo habían mantenido vivo a través de Cuba, España y los programas de acogida. A lo largo de estos años ha habido cursos, iniciativas de formación y cooperación relacionadas con la enseñanza del español, pero no una implantación estable comparable a la que el Instituto mantiene en otros lugares.

El contraste con Marruecos es evidente. El Cervantes cuenta allí con una red amplia de centros y extensiones, con presencia en ciudades como Rabat, Casablanca, Fez, Marrakech, Tánger y Tetuán. Su implantación institucional, docente y cultural es una de las más importantes de toda la red internacional del Instituto. En los campamentos saharauis, en cambio, no existe una sede permanente pese a que la comunidad que allí vive mantiene desde hace décadas una relación singular con la lengua española.

A esta diferencia se suma un episodio especialmente significativo. El propio Instituto Cervantes llegó a proyectar una extensión en El Aaiún, en el Sáhara Occidental ocupado, dependiente del centro de Rabat. En documentación oficial del Instituto apareció durante años como una extensión pendiente de iniciar sus actividades. Más tarde, en 2023, volvieron a difundirse informaciones sobre la intención de establecer presencia en El Aaiún y también de desarrollar actividad docente en Rabuni, en los campamentos saharauis. Sin embargo, los directorios posteriores ya no presentan El Aaiún como extensión y no hemos encontrado hasta ahora constancia de que aquella anunciada presencia llegara efectivamente a consolidarse.

Mientras tanto, la lengua española no ha necesitado esperar al Cervantes para seguir viva entre los saharauis. El ministro saharaui de Educación, Abdelkader Taleb Omar, recordaba esta semana en declaraciones a Sahara Press Service que se enseña desde tercero de Primaria y sostenía que actualmente está incluso más extendida entre los saharauis que durante la administración española. Es una paradoja difícil de ignorar: España abandonó el territorio, pero la lengua permaneció porque el pueblo saharaui decidió conservarla, transmitirla y hacerla parte de su propia experiencia histórica.

Por eso, reclamar hoy una presencia estable del Instituto Cervantes en los campamentos no debería entenderse como un gesto simbólico ni como una concesión. Sería reconocer una realidad cultural ya existente y proporcionar formación, materiales, certificación y apoyo a docentes y estudiantes que llevan décadas sosteniendo el español en condiciones extraordinariamente difíciles. Si el Cervantes tiene como misión promover y enseñar la lengua española en el mundo, cuesta explicar que una de las comunidades africanas que con mayor tenacidad la mantiene viva continúe fuera de su red estable.

Quizá haya llegado el momento de recuperar aquella reivindicación y formularla de nuevo con claridad. Un Instituto Cervantes en los campamentos saharauis no llevaría el español al pueblo saharaui: llegaría a un lugar donde el español lleva décadas esperando al Instituto Cervantes.