
El exministro israelí de Exteriores Shlomo Ben-Ami analiza hoy en EL PAÍS el regreso del revisionismo territorial alentado por Donald Trump y dedica una parte significativa de su reflexión al Sáhara Occidental. Su posición sobre el referéndum de autodeterminación está lejos de la que defendemos en estas páginas, pero precisamente por eso resulta especialmente significativa su advertencia: el reconocimiento unilateral estadounidense de la soberanía marroquí sobre el territorio fue, a su juicio, una mala señal que puede alimentar otras reivindicaciones territoriales.
El artículo de Ben-Ami parte de una preocupación más amplia. Estados Unidos, sostiene, está dejando de actuar como defensor del statu quo territorial surgido tras la Segunda Guerra Mundial y normalizando una política internacional en la que el poder puede imponerse sobre las fronteras y las reglas compartidas. En ese recorrido aparecen Groenlandia, Panamá, las Malvinas, Ucrania, los Altos del Golán y también el Sáhara Occidental. No es, por tanto, un artículo escrito desde la causa saharaui, sino una reflexión internacional en la que el territorio aparece como uno de los ejemplos de ese cambio de reglas.
Ahí está precisamente lo interesante. Ben-Ami considera que el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental «no fue un error» y sostiene que la iniciativa de Naciones Unidas para la independencia del territorio «no es viable». Es una afirmación que no compartimos: el bloqueo durante décadas del proceso de descolonización no convierte en inviable el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui ni modifica la condición internacional del territorio. Pero el propio Ben-Ami añade inmediatamente algo que merece atención: la decisión unilateral de Trump fue «una mala señal» para un Estado interesado en hacer valer otras reivindicaciones territoriales.
Y esas reivindicaciones son Ceuta y Melilla. El exministro israelí recuerda el precedente del islote de Perejil en 2002 y contrapone la actitud estadounidense de entonces con la de Trump. En su interpretación, el reconocimiento sobre el Sáhara Occidental transmitió a Rabat la idea de que Washington ya no estaba tan comprometido con el mantenimiento del statu quo territorial. Ben-Ami relaciona esa señal con la posterior aparición en Estados Unidos de iniciativas que presentan Ceuta y Melilla como territorios situados en «territorio marroquí» y con el nuevo contexto abierto tras la reciente crisis de Ceuta.
La paradoja resulta difícil de ignorar. Ben-Ami considera inviable el referéndum saharaui, pero al mismo tiempo advierte de las consecuencias de legitimar unilateralmente una reivindicación territorial al margen de un proceso internacional todavía pendiente. Su reflexión termina así devolviendo el Sáhara Occidental al terreno del que tantas veces se intenta apartarlo: el de las fronteras, el Derecho internacional y las consecuencias que tiene aceptar que los hechos consumados puedan convertirse en derechos por decisión de una gran potencia.
No compartimos todas las conclusiones de Shlomo Ben-Ami. Pero merece la pena leerlas precisamente porque proceden de alguien que no escribe desde una posición prosaharaui y que, sin embargo, advierte de algo que España debería tener muy presente: lo que se acepta como precedente en el Sáhara Occidental puede terminar teniendo consecuencias mucho más cerca.
Leer «Cómo alienta Trump el revisionismo territorial», de Shlomo Ben-Ami, en EL PAÍS