
El jurista francés cuestiona que el Consejo de Seguridad haya asumido progresivamente un protagonismo que corresponde a la Asamblea General de Naciones Unidas. En una entrevista con Canal Algérie, considera que el veto ruso ha impedido imponer una solución basada en la autonomía marroquí y abre una nueva etapa para el debate sobre la autodeterminación del pueblo saharaui.
La desaparición de la MINURSO tras las votaciones del 30 de octubre ha abierto un debate que va más allá del futuro de una misión de Naciones Unidas. ¿Quién tiene realmente la responsabilidad de conducir la descolonización del Sáhara Occidental? El jurista francés Manuel Devers aborda esta cuestión en una entrevista concedida a Canal Algérie, en la que cuestiona el protagonismo adquirido por el Consejo de Seguridad y defiende la necesidad de devolver a la Asamblea General el lugar que le corresponde en el tratamiento de los territorios pendientes de descolonización.
Devers parte de una distinción jurídica fundamental. El Consejo de Seguridad tiene la responsabilidad principal de mantener la paz y la seguridad internacionales, mientras que la Asamblea General, a través de la Cuarta Comisión y del Comité Especial de Descolonización, desempeña un papel central en el seguimiento de los territorios no autónomos. El Sáhara Occidental figura en esa lista desde 1963. Para el jurista, el problema comenzó cuando el Consejo, que había intervenido para respaldar el plan de arreglo de 1991 y crear la MINURSO, fue ampliando progresivamente su intervención hasta influir directamente en la definición de la solución política.
Lo que inicialmente debía ser un instrumento al servicio de la autodeterminación terminó convirtiéndose, según Devers, en un procedimiento capaz de condicionar su ejercicio. El jurista considera que las sucesivas negociaciones desplazaron el centro de gravedad desde el derecho del pueblo saharaui a decidir hacia la búsqueda de una fórmula aceptable para las potencias con mayor influencia en el Consejo. En ese contexto sitúa el proyecto estadounidense de octubre de 2026, que pretendía convertir la propuesta marroquí de autonomía en la referencia central de las negociaciones y transformar sustancialmente la misión de Naciones Unidas.
Devers interpreta el veto ruso como un freno a esa evolución. A su juicio, Marruecos había encontrado en el Consejo de Seguridad un espacio diplomático especialmente favorable gracias al respaldo de Estados Unidos y Francia, pese a que sus posiciones no cuentan con un apoyo equivalente en los órganos de Naciones Unidas encargados de la descolonización. El rechazo del proyecto estadounidense impidió que el Consejo avanzara hacia una solución que, según su análisis, habría condicionado de antemano el resultado de las negociaciones.
La valoración del jurista sobre la desaparición de la MINURSO introduce, sin embargo, una aparente paradoja. Devers lamenta la retirada de la misión porque considera preferible mantener instrumentos internacionales de observación y prevención de enfrentamientos. Pero también cuestiona el uso que se hizo de una operación creada para organizar un referéndum que nunca llegó a celebrarse. Recuerda que la MINURSO careció de competencias específicas para vigilar los derechos humanos y sostiene que el proceso de paz fue perdiendo progresivamente su finalidad original.
En este punto, Devers establece una comparación con otros procesos internacionales, como los acuerdos de Oslo sobre Palestina o los acuerdos de Numea sobre Nueva Caledonia. Su argumento es que un mecanismo concebido para facilitar el ejercicio de un derecho puede acabar contribuyendo a prolongar una situación injusta cuando el paso del tiempo consolida los hechos consumados. En el caso saharaui, considera que el debate sobre la autodeterminación terminó reducido durante años a cuestiones procedimentales y electorales, mientras la cuestión fundamental —la descolonización del territorio— permanecía sin resolver.
La próxima reunión de la Asamblea General, convocada para el 10 de noviembre, adquiere así una importancia particular. La sesión responde al mecanismo establecido por Naciones Unidas para examinar el uso del veto en el Consejo de Seguridad. No sustituye automáticamente el proceso político ni garantiza una decisión sobre el futuro del territorio, pero permitirá que los Estados miembros se pronuncien después del fracaso de las dos propuestas sometidas a votación el 30 de octubre.
La reflexión de Manuel Devers plantea una cuestión que merece atención en esta nueva etapa. La desaparición de la MINURSO no significa que el Sáhara Occidental haya dejado de ser un territorio pendiente de descolonización. Tampoco elimina las responsabilidades de Naciones Unidas ni el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Lo que ha desaparecido es uno de los instrumentos creados para hacerlo efectivo.
Para el jurista, el regreso del debate a la Asamblea General representa una oportunidad para recuperar los principios jurídicos que deben orientar cualquier solución. El desafío no consiste únicamente en reanudar las negociaciones, sino en evitar que el procedimiento utilizado para alcanzar la paz termine sustituyendo el derecho que debía garantizar.
FUENTES
🎥🇪🇭🇺🇳 | Maître Manuel Devers : « Le Conseil de sécurité n’a pas de compétence dans le dossier du Sahara Occidental, lui qui est devenu le cheval de Troie visant à légitimer l’occupation marocaine du Sahara Occidental. » https://t.co/gjnwJJyeUI
— 🦅﮼رَاشـــــد | Rashid (@RLehbib) November 7, 2026
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