ACTUALIDAD SAHARAUI | Marruecos, el Mundial y la apropiación de símbolos saharauis

Un artículo de El Independiente señala cómo las ambiciones expansionistas marroquíes también se cuelan en el fútbol: desde el mapa que incluye el Sáhara Occidental hasta el uso de la daraa saharaui como parte de una escenificación política.

El Mundial de Fútbol 2026 ha vuelto a demostrar que el deporte nunca está completamente separado de la política. Las gradas, los gestos de los aficionados, los mapas, las camisetas y hasta las bromas de los jugadores pueden convertirse en mensajes políticos. Y, en el caso de Marruecos, también en una forma de proyectar sus ambiciones territoriales.

Un artículo publicado por El Independiente, firmado por Lucía Serrano, llama la atención sobre un episodio significativo ocurrido durante el partido entre Marruecos y Países Bajos. Un aficionado marroquí imitó el gesto de Lumumba Vea, el hincha congoleño que se hizo conocido por posar como la estatua de Patrice Lumumba, símbolo africano de la lucha anticolonial. Pero lo hizo vistiendo una daraa, prenda profundamente vinculada a la cultura saharaui, y con un mapa de Marruecos que incluía el Sáhara Occidental como parte del territorio marroquí.

La contradicción es evidente. Se imitaba a un símbolo del anticolonialismo africano mientras se exhibía la prenda tradicional de un pueblo sometido desde hace cincuenta años a una ocupación ilegal. La escena resume muy bien una de las estrategias más persistentes de Marruecos: no solo ocupar el territorio saharaui, sino apropiarse también de sus símbolos, borrar su identidad diferenciada y presentar ante el mundo una imagen cultural integrada en el relato nacional marroquí.

La daraa no es un simple traje folclórico. Forma parte de la identidad saharaui, como la jaima, el hassanía, la memoria nómada, la poesía, la hospitalidad y la cultura del desierto. Convertir esos elementos en accesorios de propaganda mientras se niega el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación es una forma de asimilación cultural. No es casual que organizaciones saharauis denuncien desde hace años la presión sobre la lengua hassanía, la imposición del relato marroquí en las escuelas, las restricciones a símbolos propios y el intento de diluir la identidad saharaui dentro de la narrativa oficial del régimen alauí.

El artículo recuerda también otra derivada del mismo problema: las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla, que volvieron a aparecer durante el Mundial en comentarios de jugadores de la selección marroquí. Esa dimensión no sustituye el caso del Sáhara Occidental, pero sí ayuda a comprender una lógica política más amplia: Marruecos utiliza el deporte, la diplomacia, la cultura y los grandes eventos internacionales como escaparates para normalizar sus pretensiones territoriales.

El Mundial de 2030, que compartirán España, Portugal y Marruecos, será otro escenario delicado. La candidatura ya generó polémica por el uso de mapas que incluían el Sáhara Occidental dentro de Marruecos, algo que tuvo que ser rectificado por la FIFA. No es un detalle menor. En un territorio pendiente de descolonización, los mapas no son neutrales. Incluir el Sáhara Occidental como parte de Marruecos equivale a normalizar una anexión que Naciones Unidas no reconoce.

La lectura de fondo es clara: la ocupación marroquí no se sostiene solo con presencia militar, colonización demográfica o explotación de recursos. También se sostiene con símbolos, mapas, relatos, eventos deportivos y apropiación cultural. Por eso es importante señalar estos gestos cuando aparecen. Porque el borrado de un pueblo empieza muchas veces por presentar su cultura como si ya perteneciera al ocupante.

El Sáhara Occidental sigue siendo un territorio no autónomo pendiente de descolonización. Su pueblo tiene derecho a decidir su futuro. Y también tiene derecho a que su cultura, su lengua, sus prendas, sus símbolos y su memoria no sean utilizados para blanquear la ocupación.

Fuente: El Independiente