LECTURA DEL DÍA | La solidaridad avanza mientras las decisiones vuelven a esperar

Lunes 20 de Julio

20 de julio de 2026 | Las movilizaciones por los presos políticos saharauis, el nuevo aplazamiento de la nacionalidad y la visita de Pedro Sánchez a Argelia resumen una jornada marcada por la urgencia y las respuestas pendientes.

EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

La jornada vuelve a mostrar dos velocidades muy distintas. Mientras la comunidad saharaui y el movimiento solidario salen a las calles para exigir la libertad de los presos, las instituciones españolas continúan aplazando decisiones y administrando sus relaciones exteriores sin afrontar la cuestión de fondo: el Sáhara Occidental sigue pendiente de descolonización.

La jornada anterior dejó una imagen clara: mientras la solidaridad con el pueblo saharaui vuelve a ocupar las calles, las instituciones continúan aplazando decisiones y evitando afrontar las responsabilidades de fondo. Barcelona, Bilbao y San Cristóbal de La Laguna acogieron movilizaciones por la libertad de los presos políticos saharauis, con una atención especial a la situación crítica de Naâma Asfari. Las protestas reclamaron información sobre su estado, contacto con su familia, atención médica independiente y una intervención internacional antes de que sea demasiado tarde.

La movilización no fue un episodio aislado. Sahara Press Service informó también de una nueva concentración en Cataluña y alertó de una grave escalada represiva contra los presos civiles saharauis en las cárceles marroquíes. La solidaridad crece precisamente porque las noticias que llegan de las prisiones hablan de aislamiento, restricciones de comunicación, abandono médico y represalias contra quienes exigen sus derechos. La entrada MOVILIZACIÓN | Barcelona, Bilbao y Tenerife reclaman la libertad de Naâma Asfari y de los presos saharauis reúne ese movimiento que empieza a extenderse por distintos territorios.

Frente a esa urgencia, la política española vuelve a moverse con una lentitud difícil de justificar. El Congreso retomará la proposición para facilitar el acceso a la nacionalidad española de los saharauis, pero la aprobación definitiva queda aplazada hasta septiembre. No es un retraso administrativo menor: afecta a personas que llevan décadas esperando que España reconozca una relación histórica y jurídica que nunca quedó verdaderamente cerrada. El Congreso retoma la ley de nacionalidad saharaui, pero su aprobación queda para septiembre vuelve a mostrar la distancia entre las promesas parlamentarias y los tiempos de quienes necesitan una respuesta.

La visita de Pedro Sánchez a Argelia añade otro elemento a la jornada. El gas estará en la agenda oficial, pero el Sáhara Occidental seguirá inevitablemente presente como trasfondo de una relación deteriorada desde el giro español de 2022. España necesita recomponer sus vínculos con Argel, pero continúa evitando revisar una posición que rompió con el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. La política energética puede explicar el viaje, pero no puede borrar el conflicto político que lo acompaña.

También Dajla continúa apareciendo como escenario de una normalización que avanza por otras vías. La denuncia por el rodaje de La Odisea en el Sáhara Occidental ocupado muestra cómo la industria cultural, el turismo y las empresas presentan el territorio como una parte más de Marruecos. Denuncian que el rodaje de ‘La Odisea’ en Dajla normaliza la ocupación del Sáhara Occidental recuerda que los decorados, las rutas aéreas y las promociones turísticas también construyen hechos consumados.

En paralelo, la República Saharaui participó en Ankara en una cumbre internacional por la paz. Su presencia recuerda que el pueblo saharaui no es únicamente objeto de solidaridad o víctima de una ocupación: es también un actor político reconocido, presente en los espacios internacionales y comprometido con una paz basada en el derecho. Pero no habrá una paz verdadera mientras se encarcele a quienes defienden la libertad, se aplace la justicia y se trate el territorio ocupado como si su futuro ya hubiera sido decidido.

La lectura conjunta de estas noticias deja una conclusión sencilla: la sociedad civil se está moviendo más rápido que las instituciones. Las calles reclaman libertad, los presos exigen derechos y la solidaridad mantiene viva la causa. Las respuestas políticas, en cambio, siguen llegando tarde o permanecen atrapadas entre intereses económicos, equilibrios diplomáticos y silencios demasiado prolongados.