TEMA DEL DÍA | Hoy se estrena ‘La Odisea’: la película sobre el regreso al hogar que utilizó una tierra ocupada como decorado

TEMA DEL DÍA | Hoy se estrena ‘La Odisea’: la película sobre el regreso al hogar que utilizó una tierra ocupada como decorado

La superproducción de Christopher Nolan llega a los cines mientras FiSahara mantiene su llamamiento al boicot y crece la denuncia internacional por haber rodado en Dajla, en el Sáhara Occidental ocupado, sin el consentimiento del pueblo saharaui.

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Hoy llega a los cines españoles La Odisea, la adaptación del poema de Homero dirigida por Christopher Nolan. La campaña promocional la presenta como uno de los acontecimientos cinematográficos del año: una producción de enorme presupuesto, reparto internacional y filmación íntegra con cámaras IMAX.

Sin embargo, detrás de la espectacularidad permanece una pregunta que Nolan y Universal Pictures no han respondido: ¿por qué una película sobre el desarraigo y el regreso al hogar decidió utilizar como escenario una tierra ocupada cuyo pueblo continúa expulsado, dividido y privado del derecho a regresar libremente?

Parte de la película fue rodada en la Duna Blanca, cerca de Dajla, ciudad del Sáhara Occidental ocupada por Marruecos. La producción accedió al territorio con autorización marroquí, pero sin consultar al pueblo saharaui ni a su representante reconocido. La promoción cinematográfica muestra el paisaje; la denuncia saharaui obliga a mirar también qué realidad política y humana se ha dejado fuera del encuadre.

Una contradicción que el estreno no puede ocultar

La historia de Ulises gira alrededor de un hombre que trata de volver a su patria después de una guerra. Su viaje está marcado por la separación familiar, el desplazamiento y la lucha por recuperar el hogar.

La paradoja resulta difícil de ignorar. La película ha utilizado los paisajes de una tierra de la que decenas de miles de saharauis tuvieron que huir en 1975 ante la invasión marroquí. Muchas de aquellas familias continúan separadas entre los campamentos de población refugiada, los territorios ocupados y la diáspora.

Para la industria cinematográfica, Dajla fue una localización accesible. Para buena parte del pueblo saharaui sigue siendo una ciudad a la que no puede regresar libremente. Grandes equipos internacionales pueden entrar, filmar y marcharse; periodistas, activistas y artistas saharauis se exponen a la vigilancia, la detención o la violencia cuando documentan la realidad de su propio territorio.

El artista y cineasta saharaui Mohamed Sleiman Labat resumió esta contradicción en una tribuna publicada por The Guardian: una producción extranjera puede apropiarse visualmente del territorio mientras sus habitantes originarios no pueden contar sus propias historias con libertad.

La denuncia comenzó durante el rodaje

NOTEOLVIDES ha seguido esta polémica desde julio de 2025. Entonces, FiSahara denunció que el rodaje en Dajla contribuía a blanquear la ocupación marroquí.

El Festival Internacional de Cine del Sáhara Occidental advirtió de que presentar Dajla como una localización marroquí normalizada ayudaba a borrar la situación jurídica del territorio y la represión que sufre la población saharaui. La elección no era neutral: incorporaba una gran superproducción cultural a la estrategia de poder blando con la que Rabat intenta consolidar internacionalmente los hechos consumados.

Pocos días antes, la sección de Dajla del Colectivo de Defensores de Derechos Humanos Saharauis había difundido una declaración de condena al rodaje de La Odisea en el Sáhara Occidental ocupado.

La organización recordó que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización y sostuvo que utilizar sus paisajes sin el consentimiento de su pueblo contribuye a la normalización cultural de la ocupación. También reclamó responsabilidades éticas a Nolan y a la productora.

La controversia alcanzó desde el primer momento a medios internacionales. NOTEOLVIDES recogió entonces cómo Christopher Nolan era cuestionado por filmar en Dajla en medio de una creciente indignación saharaui.

Del rodaje al llamamiento al boicot

La proximidad del estreno reactivó la movilización. El 7 de julio, la presentación de la película en Londres estuvo acompañada por protestas contra su rodaje en Dajla ocupada.

Las organizaciones participantes denunciaron que la industria cinematográfica no puede considerar el Sáhara Occidental un simple fondo exótico, desligado de la población expulsada, la ocupación militar y el proceso de descolonización pendiente.

Tres días después, Sandblast llamó al boicot de la película. La organización explicó que Nolan y su equipo habían recibido durante meses mensajes y peticiones para que escucharan la posición saharaui, pero no ofrecieron una respuesta pública sobre las consecuencias de su decisión.

FiSahara elevó posteriormente el llamamiento a un «boicot taquillero» durante el estreno. No se trata de censurar la película ni de negar a nadie la posibilidad de verla. Se trata de exigir que quienes compren una entrada conozcan también dónde se rodó, quién autorizó el acceso y qué pueblo fue excluido de la decisión.

Un problema de colonialismo

El debate adquirió una dimensión más amplia con el análisis de Sarah Yerkes, investigadora del Programa de Oriente Medio de Carnegie. Su conclusión fue recogida en La Odisea de Christopher Nolan tiene un problema de colonialismo en el Sáhara Occidental”.

Yerkes señaló una contradicción especialmente relevante: Nolan se inspiró en una traducción contemporánea de la obra de Homero valorada por su atención al colonialismo, el sometimiento y las voces tradicionalmente borradas, pero su producción terminó actuando dentro de un territorio ocupado sin reconocer a la población sometida.

La cuestión no depende de que la película sea buena o mala. Algunas críticas han elogiado su despliegue técnico y otras han señalado el exceso, la grandilocuencia, la simplificación de personajes y un énfasis visual que llega a ahogar la narración. Pero ninguna valoración artística elimina la responsabilidad asociada al lugar elegido para el rodaje.

Hoy se estrena la película; la denuncia continúa

La Odisea llega hoy rodeada por una campaña promocional extraordinaria. Probablemente será uno de los grandes éxitos cinematográficos del año. Precisamente por eso importa lo ocurrido en Dajla.

Una superproducción no es responsable de resolver la descolonización del Sáhara Occidental. Pero sí es responsable de conocer dónde trabaja, con quién negocia y qué consecuencias tiene presentar un territorio ocupado como una localización perteneciente a la potencia que lo ocupa.

Nolan y Universal todavía pueden reconocer el error, escuchar a los cineastas y defensores saharauis y evitar que el estreno termine de borrar el contexto político del paisaje utilizado.

La película cuenta el viaje de Ulises para regresar a su patria. El pueblo saharaui lleva más de cincuenta años esperando poder hacer ese mismo viaje.