LECTURA DEL DÍA | Se pierde el contacto con Naâma Asfari mientras el Sáhara Occidental vuelve a romper el silencio

17 de julio de 2026 | La alarma por el preso político saharaui, el legado de Tomás Bárbulo, las nuevas pruebas sobre el espionaje marroquí y la denuncia internacional contra el rodaje de La Odisea marcaron una jornada en la que la ocupación volvió a encontrar grietas en el silencio.

EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

La jornada comienza con una noticia que convierte cualquier otro asunto en secundario: la familia de Naâma Asfari no recibió la llamada semanal que realiza habitualmente desde la prisión marroquí de Kenitra. El preso político saharaui entra en su cuadragésimo día de huelga de hambre, ha perdido más de diez kilos y sufre un agotamiento severo que amenaza sus funciones vitales. La Liga para la Protección de los Presos Saharauis responsabiliza plenamente a las autoridades marroquíes de su vida y reclama una intervención urgente para comprobar su estado.

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La ausencia de esa llamada no puede tratarse como una incidencia administrativa. Marruecos conoce su deterioro, controla sus comunicaciones y mantiene encarcelado a un defensor saharaui cuya detención fue considerada arbitraria por Naciones Unidas. También conocen el caso España, Francia, la Unión Europea y los organismos internacionales a los que se han dirigido las organizaciones de derechos humanos. Si la situación acaba en tragedia, nadie podrá alegar que no recibió las advertencias.

Ayer, mientras crecía esa alarma, NOTEOLVIDES volvió sobre la obra de Tomás Bárbulo. Su legado no se limita a una gran investigación histórica ni a una última novela ambientada en El Aaiún. Sus libros y crónicas construyeron durante décadas un archivo sobre el abandono español, la ocupación, Aminetu Haidar, Gdeim Izik y la represión en los territorios ocupados. Bárbulo dejó escrito el Sáhara Occidental que las instituciones españolas han intentado borrar de su memoria pública.

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La segunda gran línea de la jornada fue Pegasus. Nuevos datos vuelven a relacionar a los servicios marroquíes con el espionaje a responsables públicos, peENLACEriodistas y defensores saharauis. Entre los objetivos aparecen personas vinculadas a la seguridad y la política españolas, pero también Aminetu Haidar y activistas cuya vigilancia forma parte de una estrategia más amplia de persecución. La respuesta de España continúa siendo el silencio: no explica quién espió, con qué finalidad, qué información fue obtenida ni qué consecuencias diplomáticas ha exigido a Marruecos.

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También avanzó la denuncia contra La Odisea. Después de que FiSahara y Sandblast reclamaran el boicot a la película por su rodaje en Dajla ocupada, medios como El Salto y, especialmente, The Guardian llevaron el asunto a una audiencia mucho más amplia. La polémica ya no puede reducirse a una discusión cinematográfica: plantea si una gran producción internacional puede utilizar un territorio ocupado, promocionarlo como marroquí y beneficiarse de él sin consultar al pueblo saharaui.

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Las cuatro noticias hablan, en realidad, de una misma batalla. Marruecos intenta aislar a Naâma Asfari dentro de una cárcel, vigilar mediante tecnología a quienes cuestionan la ocupación, convertir Dajla en un escenario normalizado y confiar en que el tiempo borre las responsabilidades españolas. Frente a ello permanecen la resistencia saharaui, el trabajo de quienes documentan la verdad y la capacidad de llevar el Sáhara Occidental fuera de los límites informativos que se le imponen.

Hoy la prioridad tiene un nombre: Naâma Asfari. Recuperar el contacto con él, conocer su estado real y garantizar su vida no puede esperar. Pero tampoco pueden separarse su huelga, Pegasus, la normalización cultural de Dajla y la memoria de Tomás Bárbulo. Todos forman parte de la misma lucha contra el silencio que permite prolongar la ocupación.