TEMA DEL DÍA | Pegasus, Marruecos y el silencio de España: Aminetu Haidar, ministros y guardias civiles bajo vigilancia

Fernando Grande-Marlaska junto a Abdellatif Hammouchi, director de la DGST marroquí. La investigación vincula al servicio dirigido por Hammouchi con el espionaje contra ministros, guardias civiles y la defensora saharaui Aminetu Haidar.

Una investigación internacional aporta testimonios internos y nuevas pruebas técnicas que vinculan a la DGST marroquí con el espionaje contra más de 200 números españoles. Entre los objetivos aparece Aminetu Haidar, mientras agentes de la Guardia Civil hablan de “traición” y el Gobierno español mantiene su cooperación con Abdellatif Hammouchi.

Por Carlos C. García, NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL

La investigación internacional Pegasus Project: Inside the Moroccan Spying Machine añade pruebas especialmente graves al escándalo que desde 2021 señala a Marruecos por el uso del programa espía Pegasus.

El trabajo, coordinado por Forbidden Stories y desarrollado por catorce medios internacionales con apoyo técnico del Security Lab de Amnistía Internacional, incorpora ahora el testimonio de un antiguo integrante de la Dirección General de Vigilancia del Territorio marroquí —la DGST—. Su relato ha sido contrastado con documentos filtrados, registros de objetivos y las declaraciones de otros dos exagentes.

El informante, identificado como Safir, sitúa en 2017 el comienzo del uso de Pegasus por parte de la inteligencia interior marroquí. Según la investigación, representantes de la empresa israelí NSO Group mostraron entonces a altos responsables marroquíes cómo el programa podía acceder de forma remota a mensajes, fotografías, micrófonos y cámaras de un teléfono.

Marruecos ha negado durante años cualquier relación con Pegasus. Sin embargo, los nuevos testimonios y documentos internos de NSO refuerzan la atribución a la DGST. En esos materiales, Marruecos aparecía identificado con el nombre en clave «Morgan».

Aminetu Haidar, objetivo saharaui

La dimensión saharaui de la operación aparece acreditada de forma directa. Un número español de Aminetu Haidar fue seleccionado como objetivo desde 2018 y en noviembre de 2021 se encontraron rastros de Pegasus en otro de sus teléfonos.

El dato confirma que la persecución marroquí contra quienes defienden la autodeterminación del Sáhara Occidental no termina en los territorios ocupados. También alcanza a activistas, periodistas y representantes que trabajan desde España y otros países europeos.

Pegasus no permite únicamente vigilar a una persona. Puede abrir el acceso a sus contactos, comunicaciones, desplazamientos y redes de solidaridad. En el caso saharaui, esa capacidad convierte el espionaje digital en una prolongación de la represión política.

Más de 200 números españoles

Los registros analizados muestran que más de 200 números españoles fueron seleccionados por el usuario atribuido a Marruecos. Conviene distinguir entre selección como objetivo, intento de infección e infección confirmada: solo el análisis forense de cada aparato permite asegurar que el programa llegó a instalarse.

Esa cautela no reduce la gravedad del caso. España reconoció en 2022 que los teléfonos de Pedro Sánchez y Margarita Robles habían sido infectados el año anterior. También fueron señalados los dispositivos de Fernando Grande-Marlaska y Luis Planas.

La nueva investigación aporta una conexión técnica relevante: una cuenta atacante asignada al sistema marroquí y empleada contra políticos, periodistas y defensores de derechos humanos en Francia también habría sido utilizada contra los teléfonos de Robles y Grande-Marlaska.

Guardias civiles espiados por un aliado

El espionaje habría alcanzado igualmente a miembros de la Guardia Civil desplazados a Marruecos para compartir conocimientos antiterroristas. El número personal de un alto mando aparece cinco veces entre los objetivos seleccionados.

Un responsable del cuerpo ha definido estos hechos como «una traición». Los agentes viajaban a Marruecos confiando en la cooperación con un país presentado como aliado y no adoptaron las precauciones que sí utilizaban miembros de la Policía Nacional.

La contradicción se agrava porque Grande-Marlaska concedió en 2025 la máxima distinción de la Guardia Civil a Abdellatif Hammouchi, director de la DGST. El ministro condecoró al responsable del servicio que la investigación relaciona con el espionaje a ministros españoles, agentes del propio cuerpo y la defensora saharaui Aminetu Haidar.

Un caso archivado, no aclarado

La causa abierta en la Audiencia Nacional fue archivada de nuevo en enero de 2026 por la falta de cooperación de Israel, que no respondió adecuadamente a las solicitudes judiciales sobre NSO Group. El archivo no demuestra que Marruecos fuera ajeno a los ataques: significa que la investigación no pudo avanzar.

Mientras tanto, el Gobierno español ha mantenido intacta su cooperación política, policial y migratoria con Rabat. No se conoce una protesta pública firme ante Marruecos por el espionaje a miembros del Ejecutivo, agentes españoles o activistas saharauis.

Tampoco existe una prueba pública que permita afirmar que Pegasus provocó el giro de Pedro Sánchez sobre el Sáhara Occidental en marzo de 2022. La coincidencia temporal alimenta preguntas legítimas, pero no demuestra por sí sola un chantaje ni una relación causal.

Lo que sí está documentado es suficientemente grave: Marruecos dispuso de Pegasus, más de 200 números españoles fueron seleccionados por el usuario atribuido a sus servicios y Aminetu Haidar estuvo entre los objetivos. También aparecen ministros y guardias civiles, mientras el jefe de la DGST era homenajeado en España.

La cooperación con Marruecos no puede convertirse en una zona libre de explicaciones. España debe aclarar qué ocurrió, exigir responsabilidades y proteger a quienes pueden ser perseguidos desde el otro lado de una pantalla.

El silencio ya no es prudencia diplomática. Ante estas nuevas pruebas, se parece demasiado a la subordinación.

Fuente: Investigación Pegasus Project: Inside the Moroccan Spying Machine, coordinada por Forbidden Stories, con participación de The Guardian, Le Monde, El Confidencial, Haaretz, Die Zeit y otros medios, y apoyo técnico del Security Lab de Amnistía Internacional.