LECTURA DEL DÍA | Naâma Asfari, ‘La Odisea’ y Pegasus: el silencio que protege la ocupación

18 de julio de 2026 | La movilización para salvar al preso político saharaui, la polémica por el estreno de la película de Christopher Nolan y las nuevas pruebas sobre el espionaje marroquí resumen una jornada en la que el Sáhara Occidental volvió a abrirse paso fuera de sus márgenes habituales.

EL OBSERVADOR SAHARAUI EN NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

La jornada comienza nuevamente con Naâma Asfari en primer plano. El Frente Polisario ha reclamado una intervención humanitaria inmediata, el Parlamento Saharaui ha pedido la actuación urgente de la Unión Africana y continúan sumándose pronunciamientos internacionales desde Portugal, Timor Oriental y organizaciones de derechos humanos. La pérdida de contacto con su familia, después de más de cuarenta días de huelga de hambre en la prisión marroquí de Kenitra, convierte cada hora sin información fiable en una amenaza para su vida y en una nueva responsabilidad para quienes conocen el caso y siguen sin actuar.

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Mientras Marruecos intenta aislar a un preso político hasta hacerlo desaparecer de la conversación pública, el estreno de La Odisea ha llevado el Sáhara Occidental a un escenario mucho más amplio. La película de Christopher Nolan cuenta el viaje de Ulises para regresar a su patria, pero fue rodada parcialmente en Dajla, dentro de un territorio ocupado al que decenas de miles de saharauis siguen sin poder volver libremente. Las denuncias de CODESA, FiSahara y Sandblast, las protestas en Londres y la cobertura de medios como The Guardian han conseguido que la promoción cinematográfica no pueda ocultar completamente la realidad política del paisaje utilizado.

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La segunda gran línea de la jornada continúa siendo Pegasus. Las nuevas investigaciones vuelven a situar a los servicios marroquíes detrás del espionaje a responsables públicos españoles, agentes de seguridad, periodistas y defensores saharauis como Aminetu Haidar. España conoce desde hace años la dimensión del ataque, pero sigue sin ofrecer una explicación completa sobre sus autores, sus objetivos y la información obtenida. Tampoco ha aclarado qué consecuencias diplomáticas ha exigido a Marruecos. El silencio no protege únicamente secretos de Estado: protege también a quien utilizó una herramienta de vigilancia contra quienes cuestionan la ocupación.

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La persistencia del interés por Tomás Bárbulo completa el retrato de estos días. Su muerte y el recorrido por sus libros y crónicas han recordado la importancia de documentar una historia que España intentó borrar. Su trabajo sobre el abandono colonial, Aminetu Haidar, Gdeim Izik y la represión en los territorios ocupados explica también por qué siguen siendo necesarios medios, periodistas y observadores capaces de romper el cerco informativo.

Naâma Asfari, La Odisea, Pegasus y la memoria de Tomás Bárbulo parecen asuntos distintos, pero forman parte de una misma batalla. Marruecos encarcela y aísla, vigila a quienes denuncian, utiliza la cultura para normalizar la ocupación y confía en que el tiempo convierta la responsabilidad española en olvido. Frente a ello permanecen la resistencia saharaui, el Derecho Internacional, la solidaridad y el trabajo de quienes se niegan a mirar hacia otro lado.

Hoy la urgencia sigue teniendo un nombre: Naâma Asfari. Conocer su estado, restablecer el contacto con su familia y garantizar su vida no puede esperar. Ninguna campaña cinematográfica, ningún secreto diplomático y ninguna declaración de preocupación deberían ocultar esa responsabilidad inmediata.