TEMA DEL DÍA | Ni Washington puede ignorar a Argelia: la pieza que sigue siendo decisiva en el futuro del Sáhara Occidental

Estados Unidos, la ONU y los principales actores diplomáticos son conscientes de que ninguna salida estable al conflicto del Sáhara Occidental podrá construirse al margen de Argelia. Pero eso no significa sustituir el derecho del pueblo saharaui a decidir su propio futuro.

Durante años, Marruecos ha intentado presentar el conflicto del Sáhara Occidental como una disputa regional con Argelia, minimizando el papel del pueblo saharaui y del Frente Polisario. Sin embargo, la realidad diplomática demuestra algo diferente: Argelia es un actor imprescindible para alcanzar una solución estable, pero no porque sea la parte titular del derecho, sino porque constituye un elemento esencial del equilibrio político y estratégico del Magreb.

Las intervenciones realizadas esta semana por representantes argelinos en Ginebra y Nueva York reflejan esa posición. Argel ha vuelto a insistir en que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización y ha defendido la necesidad de respetar el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación mediante un proceso conforme a las resoluciones de Naciones Unidas. Al mismo tiempo, ha respaldado la reanudación de negociaciones directas entre Marruecos y el Frente Polisario bajo los auspicios de la ONU.

Este posicionamiento coincide con una evidencia que también manejan Washington y otros actores internacionales. Resulta difícil imaginar una solución duradera sin contar con el país que acoge desde hace medio siglo a los campamentos de refugiados saharauis, mantiene una estrecha relación con el Frente Polisario y constituye una potencia regional de primer orden en el norte de África. Pretender imponer un acuerdo sin tener en cuenta esa realidad geopolítica solo aumentaría la inestabilidad.

Ahora bien, reconocer el papel de Argelia no significa aceptar la narrativa de que el conflicto enfrenta a Rabat y Argel. El sujeto del derecho reconocido por la legalidad internacional sigue siendo el pueblo saharaui. Naciones Unidas continúa considerando el Sáhara Occidental un territorio no autónomo pendiente de descolonización, y las negociaciones políticas tienen como partes directamente implicadas a Marruecos y al Frente Polisario.

En este contexto, las iniciativas diplomáticas estadounidenses parecen orientarse a buscar un equilibrio que permita avanzar sin provocar una ruptura regional. Washington sabe que necesita interlocución con Argelia si aspira a una solución viable, pero también que cualquier propuesta que ignore por completo las aspiraciones nacionales saharauis corre el riesgo de carecer de legitimidad y de resultar insostenible a largo plazo.

La cuestión de fondo sigue siendo la misma que hace décadas: la estabilidad del Magreb difícilmente podrá construirse sobre una solución percibida como impuesta o contraria al derecho internacional. La paz exige diálogo entre los actores relevantes, sí, pero también respeto al principio de autodeterminación que la propia ONU ha reafirmado una y otra vez.

Quizá por eso, mientras algunos intentan dar el expediente por cerrado, la diplomacia internacional continúa mirando hacia Argel. No porque pueda decidir el futuro del Sáhara Occidental en lugar de los saharauis, sino porque cualquier intento serio de resolver el conflicto necesita contar con una realidad política que nadie parece dispuesto a ignorar.

Victoria G. Corera – PLATAFORMA NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL