¿Qué resolución del Consejo de Seguridad sería un éxito para Marruecos este octubre?

Marruecos mirando hacia el Consejo de Seguridad mientras detrás permanece el Sáhara Occidental como cuestión de descolonización

Marruecos llega a octubre con una ambición que va bastante más allá de conseguir otra renovación de la MINURSO. Rabat quiere que el Consejo de Seguridad consolide la autonomía como marco prácticamente exclusivo de negociación, abra el camino hacia su aplicación y permita empezar a redefinir el papel de la misión de Naciones Unidas. Pero el objetivo de mayor alcance sería otro: avanzar hacia un escenario en el que el Sáhara Occidental deje de ser tratado como una cuestión pendiente de descolonización. Ese sería también el éxito más difícil de conseguir, porque el territorio continúa inscrito desde 1963 en la lista de Territorios No Autónomos de Naciones Unidas.

Carlos Cristóbal – NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

Desde la aprobación de la resolución 2797, Marruecos ha intentado presentar el debate sobre el Sáhara Occidental como si hubiera entrado en una etapa distinta. El mensaje que repiten sus representantes es que ya no debería discutirse cuál es la solución al territorio, sino cómo desarrollar su propuesta de autonomía. No estamos todavía ante la posición del Consejo de Seguridad, sino ante la lectura que Rabat quiere imponer de lo ocurrido durante el último año.

El representante permanente marroquí ante Naciones Unidas, Omar Hilale, lo expresó con bastante claridad al sostener que, después de la resolución 2797, la cuestión ya no sería determinar qué marco puede resolver el conflicto. Marruecos ha presentado además una versión desarrollada de su propuesta de autonomía y pretende que ese documento se convierta en el terreno dentro del cual se desarrolle cualquier negociación futura. Ese punto permite medir bastante bien qué resolución podría considerar Rabat un éxito este octubre.

Convertir la autonomía en algo más que una base de negociación

La primera aspiración parece evidente: que la autonomía deje de ser una propuesta utilizada como punto de partida y pase a convertirse en el marco obligado de cualquier solución.

La diferencia es importante. La resolución 2797 reforzó claramente el peso de la propuesta marroquí, pero mantuvo también la necesidad de alcanzar una solución política mutuamente aceptable que contemple la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental. Marruecos querría reducir todavía más ese margen y conseguir que el Consejo asumiera que cualquier acuerdo futuro deberá producirse necesariamente dentro de una autonomía bajo soberanía marroquí.

Ese sería ya un avance considerable para Rabat, porque trasladaría el debate desde la pregunta sobre cuál debe ser la solución hasta otra mucho más favorable a sus intereses: qué características deberá tener la autonomía.

Pasar de discutir la autonomía a preparar su aplicación

El siguiente paso sería aún más importante. La prensa marroquí viene señalando estos días que la diplomacia de Rabat trabaja para que la próxima resolución permita pasar del respaldo político a la autonomía a una discusión sobre sus mecanismos concretos de aplicación.

Eso implicaría empezar a hablar de instituciones, competencias, garantías internacionales, distribución de poderes y procedimientos para poner en marcha ese modelo. En otras palabras, convertir una propuesta que todavía forma parte de una negociación en el punto de partida de una fase de implementación.

Ahí se encuentra probablemente uno de los grandes objetivos marroquíes de octubre. Si el Consejo comenzara a hablar de cómo aplicar la autonomía, y no simplemente de negociar una solución sobre la base de esa propuesta, Rabat podría presentar la resolución como un cambio cualitativo.

Pero todavía hay una distancia considerable entre esa aspiración y lo que sabemos del proceso. Las conversaciones celebradas este año no han eliminado las diferencias entre Marruecos y el Frente POLISARIO, y los asuntos que empiezan a conocerse alrededor del informe del Secretario General indican que siguen sobre la mesa la autodeterminación, la participación del pueblo saharaui en cualquier acuerdo, las garantías internacionales y una posible fase transitoria.

Una MINURSO adaptada a la solución que quiere Marruecos

El tercer elemento afecta directamente a la misión de Naciones Unidas. Si Rabat consigue que la autonomía avance desde la negociación hacia la aplicación, necesitaría también que la MINURSO dejara de ser vista únicamente desde el marco en el que fue creada en 1991 y pasara a acompañar esa nueva fase.

Las informaciones que aparecen en medios marroquíes apuntan precisamente en esa dirección. La misión podría convertirse, desde esa perspectiva, en un instrumento de supervisión y acompañamiento de un eventual régimen de autonomía.

No es una cuestión menor. El Consejo de Seguridad ha pedido una revisión estratégica de la MINURSO y todavía está por ver qué conclusiones tendrá ese examen. La discusión no afecta solo a cuánto tiempo se renovará la misión, sino a qué funciones puede desempeñar en el futuro.

Por eso, una resolución que empezara a vincular expresamente a la MINURSO con la aplicación de la autonomía sería otro éxito importante para Marruecos. Pero todavía no sabemos si el Consejo está dispuesto a dar ese paso.

El objetivo más difícil: cerrar el expediente de descolonización

Aquí se encuentra, probablemente, la verdadera aspiración de fondo. La estrategia que empieza a describirse desde Marruecos no terminaría con una autonomía aceptada por el Consejo de Seguridad. El siguiente objetivo sería consolidarla internacionalmente y avanzar después hacia un cambio en el tratamiento del Sáhara Occidental dentro de Naciones Unidas.

Rabat quiere que llegue un momento en el que el territorio deje de ser tratado como una cuestión pendiente de descolonización. Ese sería el resultado político más importante para Marruecos, porque permitiría presentar internacionalmente el expediente como cerrado y no simplemente como administrado de otra manera.

Pero también es el objetivo más difícil de alcanzar. El Sáhara Occidental figura desde 1963 en la lista de Territorios No Autónomos de Naciones Unidas y sigue siendo tratado por la Asamblea General y los órganos competentes dentro del marco de la descolonización. Esa realidad no desaparece automáticamente porque el Consejo de Seguridad apruebe una resolución más favorable a la autonomía.

Marruecos puede intentar que octubre acerque ese escenario, consolidando primero la autonomía, vinculando después a la MINURSO con su aplicación y construyendo finalmente el argumento político de que la cuestión ha quedado resuelta. Sin embargo, una cosa es avanzar en esa dirección y otra muy distinta conseguir que Naciones Unidas deje de considerar al Sáhara Occidental un territorio pendiente de descolonización.

Conseguir una mayoría y evitar que alguien frene el salto

Nada de esto depende únicamente de Marruecos. Estados Unidos volverá a desempeñar un papel central como responsable de preparar el primer borrador de la resolución, y Rabat parte de apoyos importantes dentro del Consejo. Francia mantiene una posición claramente favorable a la autonomía y Reino Unido la considera una base creíble, viable y pragmática para una solución.

Pero el Consejo no habla con una sola voz. Existen diferencias entre sus miembros sobre la autodeterminación, el estatuto final del territorio y el modo en que debe evolucionar el proceso político. Rusia y China añaden además la importancia de dos miembros permanentes con capacidad de veto.

Por eso la actividad diplomática marroquí de estas semanas tiene sentido. No basta con mantener a los aliados. Rabat necesita también reducir las reservas de quienes no comparten completamente su posición y evitar que el texto final pierda los elementos que permitirían presentarlo como una victoria.

¿Dónde estaría entonces el éxito marroquí?

Una resolución favorable a Marruecos no tendría necesariamente que conseguirlo todo de una vez. Le bastaría con avanzar varios escalones.

Sería un éxito si el Consejo reforzara todavía más la autonomía como marco central de las negociaciones. Sería mayor si comenzara a hablar de su aplicación concreta. Ganaría todavía más importancia si la MINURSO empezara a ser redefinida para acompañar esa solución. Y el éxito máximo llegaría si ese proceso permitiera posteriormente discutir el cierre del expediente de descolonización.

Por eso conviene observar con atención el lenguaje de la próxima resolución. Marruecos quiere pasar de una etapa en la que su propuesta recibe apoyos a otra en la que esa propuesta determine los límites del acuerdo posible. Y, a más largo plazo, quiere que ese proceso permita presentar al Sáhara Occidental no como una descolonización pendiente, sino como una cuestión definitivamente resuelta.

La resolución de octubre dirá cuánto consigue avanzar Rabat en esa dirección. Y, sobre todo, cuánto sigue sin conseguir.

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