Carlos Cristóbal – Fotografías para entender el Sáhara Occidental

Cuando se habla del Sáhara Occidental suelen aparecer diplomáticos, resoluciones de Naciones Unidas, conflictos armados o negociaciones interminables. En estos últimos días, además, los nombres de Lahbib Mohamed Abdelaziz, Ghali Loushaa y Salek Mohsen han vuelto a recordar que la guerra sigue presente en la vida del pueblo saharaui. Sin embargo, existe otra historia menos conocida: la de una generación de jóvenes que decidió defender su identidad con una cámara en la mano.
La fotografía de portada pertenece a los años en que la Escuela de Formación Audiovisual Abidin Kaid Saleh, conocida popularmente como la Escuela de Cine Saharaui, se convirtió en uno de los espacios culturales más vivos de los campamentos de refugiados. Allí estudiaban jóvenes procedentes de distintas wilayas, con trayectorias académicas muy diversas y muchas veces con dificultades derivadas del exilio, los idiomas o la falta de recursos. Aun así, consiguieron algo extraordinario: crear cine saharaui hecho por saharauis.
El nacimiento de la Escuela de Cine coincidió con una etapa especialmente interesante para la juventud saharaui. Mientras buena parte del mundo seguía viendo los campamentos únicamente como un espacio de ayuda humanitaria, comenzaban a surgir iniciativas culturales impulsadas por los propios saharauis. La formación audiovisual permitía documentar la realidad del exilio, preservar tradiciones, registrar testimonios y mostrar al exterior una visión del Sáhara Occidental contada por sus propios protagonistas.
Durante aquellos años, la Escuela de Cine fue mucho más que un centro de formación. Era también un lugar de encuentro para la juventud saharaui. Allí se organizaban actividades culturales, se preparaban iniciativas solidarias, se debatía sobre identidad y cultura y se construían proyectos colectivos en medio de las dificultades cotidianas de los campamentos. Para muchos jóvenes fue una auténtica escuela de ciudadanía y compromiso.
Los medios eran modestos. Durante mucho tiempo apenas había unas pocas cámaras, algunos trípodes y ordenadores que hoy parecerían obsoletos. Sin embargo, aquella limitación material se compensaba con entusiasmo y creatividad. Los alumnos aprendían a grabar, fotografiar, montar vídeo y escribir guiones mientras construían una pequeña industria cultural saharaui prácticamente desde cero. Lo importante no era disponer de grandes recursos, sino disponer de una voz propia.
De aquella experiencia nació Patria Dividida, considerada la primera película realizada íntegramente por un equipo saharaui. La historia de un joven perseguido en los territorios ocupados que atraviesa el muro marroquí para reunirse con su pueblo servía para hablar de una realidad que sigue marcando la vida de miles de familias: la separación de una patria dividida por la ocupación, el exilio y uno de los muros militares más largos del mundo.
La película acabó convirtiéndose en un símbolo de aquella generación. No solo porque fuera el primer largometraje realizado íntegramente por saharauis, sino porque demostraba que era posible producir cultura desde los campamentos de refugiados. Con un presupuesto casi inexistente y enormes dificultades logísticas, aquellos jóvenes lograron sacar adelante un proyecto que años después seguiría proyectándose en festivales, universidades y actos de solidaridad con el pueblo saharaui.
Shibani Carlos recuerda aquella etapa con especial cariño. Durante casi una década ejerció como coordinador de la Escuela y tuvo el orgullo de aparecer en los créditos de Patria Dividida y también del cortometraje El Aarifa como productor. Pero lo más importante no fueron los títulos ni los créditos. Lo verdaderamente importante fue comprobar cómo una nueva generación de saharauis encontraba su propia voz para explicar al mundo quiénes son y por qué siguen defendiendo su identidad.
Al observar hoy algunas escenas de Patria Dividida, resulta inevitable pensar que aquella película hablaba de mucho más que de un personaje concreto. Hablaba de un pueblo separado por un muro, de familias divididas y de una lucha que continúa generación tras generación. Quizá por eso sigue conservando toda su vigencia.
Porque un pueblo no resiste únicamente con la política o la diplomacia. También resiste cuando conserva su memoria, protege su cultura y cuenta su propia historia.
PUEDES VER «PATRIA DIVIDIDA» en el youtube de FISAHARA
